Una reciente fotografía captó la atención de aficionados y expertos en astronomía por un detalle excepcional: el doble arco de la Vía Láctea en todo su esplendor. La imagen fue lograda en marzo por la fotógrafa especializada Angel Fux, quien relató en su blog el complejo proceso detrás de la captura y el significado que tuvo esta experiencia en su trayectoria profesional.
Cada marzo, durante apenas unos días, el cielo del hemisferio norte ofrece uno de los fenómenos astronómicos más difíciles de observar y fotografiar: el doble arco de la Vía Láctea. Este evento permite contemplar, en una misma noche, ambos brazos de la galaxia elevándose sobre el horizonte gracias a la rotación de la Tierra. Sin embargo, conseguir una imagen de estas características requiere mucho más que tecnología avanzada: implica meses de planeación, cálculos precisos y condiciones climáticas favorables.
Con ese objetivo, la fotógrafa emprendió una expedición a más de 4.000 metros de altitud para registrar el fenómeno celeste. La experiencia, según explicó, terminó convirtiéndose en una de las más exigentes y profundas de su carrera.
El proyecto demandó meses de preparación y una compleja logística desarrollada junto al guía de montaña Richard Lehner, quien ayudó a replantear el plan inicial después de que fracasara una alianza con una estación de esquí en Italia. La expedición enfrentó numerosos obstáculos, entre ellos fuertes vientos en Suiza, restricciones aéreas debido a un festivo y cambios de última hora que obligaron a coordinar vuelos entre equipos suizos e italianos para alcanzar la cima del Dent d’Hérens.
Durante los días previos al ascenso, la fotógrafa realizó un proceso de aclimatación en altura mientras lidiaba con el cansancio, la ansiedad y fallas técnicas en su cámara provocadas por las bajas temperaturas. Tanto ella como su guía prepararon equipo especializado para soportar condiciones extremas y la posibilidad de quedar atrapados en la montaña, incluyendo ropa de alta montaña, sistemas de seguridad con cuerdas y un saco de dormir diseñado para temperaturas severas.
La experiencia tenía además un antecedente importante. El año pasado, la profesional ya había logrado una imagen similar desde el Gornergrat, a más de 3.000 metros de altitud en los Alpes suizos.
Aquella fotografía se convirtió en una de las más complejas y significativas de su carrera desde el punto de vista técnico. Sin embargo, este año el desafío era aún mayor: llevar ese trabajo un paso más allá.