Al enterarse de la noticia de que Instagram y YouTube fueron considerados responsables de contribuir a la depresión de una joven estadounidense, Lori Schott dio un salto de alegría y rompió a llorar, como si fuera su propia hija quien acabara de ganar el caso.

Es “la confirmación de que lo que vimos, que nuestros hijos estaban siendo dañados, era cierto. Esto va a hacer el mundo más seguro”, dijo a la Agencia France Press esta agricultora de Colorado, que viajó más de 1.800 kilómetros para asistir al veredicto este miércoles en Los Ángeles.

Meta y YouTube fueron declarados culpables: la millonaria cifra que recibirá la demandante de 20 años

Este juicio histórico involucró a Kaley G. M., una californiana de 20 años que fue usuaria compulsiva de varias plataformas de redes sociales desde la infancia y las acusaba de agravar sus problemas de salud mental y sus pensamientos suicidas.

TikTok y Snapchat llegaron a un acuerdo económico para evitar ir a juicio, pero Google, propietaria de YouTube, y Meta, matriz de Instagram y Facebook, optaron por librar la batalla legal.

Un automóvil pasa por el logotipo Meta, de Facebook, en un letrero ubicado en la sede de la compañía, el 28 de octubre de 2021, en Menlo Park, California Foto: AP

La sentencia, que les ordena pagar 6 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios, sienta un precedente para miles de familias estadounidenses que acusan al sector de las redes sociales de diseñar deliberadamente sus plataformas para volver adictos a los menores, mediante funciones como los “me gusta”, las notificaciones, el desplazamiento infinito y la reproducción automática de videos.

Defensa de “depredador”

Las plataformas “no tenían defensa” en este caso, afirmó Schott, indignada por la manera en que los abogados de Meta atribuyeron la depresión de Kaley G. M. a su difícil infancia, con un padre negligente, una madre de mal genio y una hermana que intentó suicidarse.

“Su defensa es atacar a Kaley y a su familia. ¿Y qué hace un depredador? Un depredador ataca a la víctima”, dijo.

Enfurecida, esta mujer de 60 años no logra asumir la pérdida de su hija Annalee, que se suicidó a los 18 años. Su madre descubrió una nota en la que explicaba que se consideraba fea y que se comparaba constantemente con otras mujeres en las redes sociales que utilizaban filtros con regularidad para alterar su apariencia.

“Moldear la opinión pública”

Durante el juicio, los abogados de YouTube e Instagram trataron de convencer al tribunal de que estas plataformas ya no buscan maximizar el tiempo que sus usuarios pasan en línea, a diferencia de sus primeros años.

Pero para Julianna Arnold, cuya hija Coco murió a los 17 años tras recibir fentanilo de un desconocido que conoció en Instagram, estos esfuerzos parecen vanos.

Dice que el aumento de las demandas contra estas plataformas es esencial, ya que el Congreso de Estados Unidos examina actualmente un proyecto de ley que, por primera vez, impondría un “deber de cuidado” a las empresas de redes sociales.

“Esta decisión no va a cambiarlo todo, pero nos ayuda a moldear la opinión pública”, insistió. “Es la única manera de conseguir que los legisladores en Washington nos escuchen”, insistió.

La condena

Un jurado de Los Ángeles declaró el miércoles a Meta y YouTube responsables de haber perjudicado a una joven mediante el diseño adictivo de sus plataformas de redes sociales, y ordenó a las empresas pagar 6 millones de dólares en concepto de daños, incluidos 3 millones de dólares en daños punitivos.

El veredicto otorga a los demandantes en más de un millar de casos similares pendientes una ventaja considerable y envía a la industria tecnológica la señal de que los jurados están dispuestos a responsabilizar a las empresas de redes sociales por el impacto de sus decisiones de diseño en la salud mental de sus usuarios.

El panel otorgó tres millones de dólares en daños compensatorios, asignando a Meta el 70% de la responsabilidad por el perjuicio sufrido por la demandante -lo que supone una parte de 2,1 millones de dólares- y a YouTube el 30% restante, es decir, 900.000 dólares.

En una segunda fase, los integrantes del jurado añadieron otros tres millones de dólares en daños punitivos -desglosados de la misma manera- tras concluir que ambas empresas habían actuado con malicia, conducta abusiva o fraude.

El jurado respondió afirmativamente a las siete preguntas que se le plantearon sobre ambas compañías, y concluyó que Meta y YouTube fueron negligentes en el diseño y funcionamiento de sus plataformas y que esa negligencia fue un factor central en el daño causado a la demandante.

También determinó que ambas empresas sabían o deberían haber sabido que sus servicios representaban un peligro para los menores, que no advirtieron adecuadamente a los usuarios de ese peligro y que un operador razonable de una plataforma sí lo habría hecho.

“La hora de rendir cuentas ha llegado”, dijeron los abogados de la demandante en un comunicado.

Zuckerberg no convenció

El testimonio de Mark Zuckerberg perjudicó a Meta en el histórico juicio, dijo a la prensa una integrante del jurado.

“Parte de su testimonio no nos convenció —lo cambió de acá para allá- y eso no nos cayó bien”, declaró la miembro del jurado que se identificó como Victoria.

“Él es el gurú , por así decirlo, y de verdad, de verdad, ha debido saber exactamente lo que iba a contarnos a nosotros, los miembros del jurado, antes que decir cualquier cosa”, añadió.

Meta y Youtube anunciaron que apelarán la decisión. “Tres millones de dólares es un tirón de orejas para empresas como Meta y YouTube, que son dos de los mayores vendedores de publicidad del mundo”, dijo Jasmine Engberg, de Scalable, que hace un seguimiento de la industria de las redes sociales.

“Pero si estas empresas se ven obligadas a rediseñar sus productos, eso supone una amenaza existencial para sus modelos de negocio”, enfatizó.

Caso modelo

La demandante, identificada en los documentos judiciales por sus iniciales K.G.M. y presentada solo como Kaley en el juicio, es la figura central de un caso modelo que podría determinar si las empresas de redes sociales pueden ser consideradas legalmente responsables de perjudicar la salud mental de los menores.

Kaley comenzó a usar YouTube a los seis años, descargando la aplicación en su iPod Touch para ver videos sobre brillo labial y un juego infantil en línea.

Se unió a Instagram a los nueve, burlando un bloqueo que su madre había implementado para mantenerla fuera de la plataforma.

Declaró ante el jurado que su uso casi constante de las redes sociales “realmente afectó (su) autoestima”, y afirmó que las aplicaciones la llevaron a abandonar aficiones, tener dificultades para hacer amigos y compararse constantemente con los demás.

En los alegatos finales, el abogado de la demandante, Mark Lanier, presentó el caso como una historia de codicia corporativa.

Sostuvo que funciones como el desplazamiento infinito (scrolling), la reproducción automática de videos, las notificaciones y los contadores de “me gusta” fueron diseñados para fomentar un uso compulsivo entre los jóvenes.

Meta y YouTube sostuvieron en todo momento que los problemas de salud mental de Kaley no tenían nada que ver con sus plataformas.

El abogado de Meta, Paul Schmidt, destacó la conflictiva relación de Kaley con su madre y puso a los jurados una grabación en la que aparentemente se escucha a la madre gritarle e insultarla.

Meta y YouTube, juzgados en EE. UU. Foto: Composición SEMANA | Getty

YouTube cuestionó cuánto tiempo pasaba realmente Kaley en su plataforma; su abogado dijo al tribunal que los registros de uso mostraban que ella promediaba poco más de un minuto al día en las mismas funciones que sus abogados calificaron de adictivas.

Un jurado diferente de Nuevo México determinó el martes que Meta era responsable de poner en peligro a los niños al hacerlos vulnerables a depredadores en sus plataformas, y a otros riesgos.

Con información de AFP