Es curioso cómo ver una herida en una película o incluso en un video viral puede hacernos estremecer, aunque no nos toque físicamente.
Esa sensación extraña de “sentir” el dolor ajeno desconcertaba a científicos y espectadores por igual, hasta que investigaciones recientes comenzaron a revisarlo.
La explicación científica se basa en que el cerebro, al observar una lesión, no se limita a registrar la imagen, pues activa sus propios mapas táctiles, recreando de manera interna la experiencia como si realmente se estuviera viviendo.
Un estudio publicado en Nature revela que el cerebro combina la información visual con la sensorial de forma tan precisa que simula la sensación física de lo que se ve.
Es decir, aunque los nervios no estén recibiendo daño alguno, el cerebro se “engaña” y hace percibir un reflejo táctil del evento.
Mapas cerebrales que conectan visión y tacto
“Una pregunta de larga data es cómo el cerebro implementa esta interfaz entre representaciones visuales y somatosensoriales”, señala la investigación.
Los investigadores explican que distintas regiones cerebrales trabajan en conjunto para generar una experiencia coherente del mundo que nos rodea.
Al observar a otra persona tocarse o lastimarse, áreas del cerebro responsables del sentido del tacto se activan, “poniéndose en los zapatos” de quien vemos en pantalla.
“Para abordar esta pregunta, desarrollamos un modelo para mapear simultáneamente la sintonización de las partes del cuerpo somatosensoriales y la sintonización del campo visual en todo el cerebro”, señalaron.
El estudio desarrolló un modelo que relaciona la actividad visual con la sensibilidad corporal, los resultados muestran que el cerebro posee mapas detallados que relacionan posiciones del cuerpo con el campo visual, permitiendo anticipar y simular cómo sería tocar o sentir aquello que observamos.
“Durante la visualización de videos, la sintonización somatotópica explica las respuestas en todo el sistema visual dorsolateral, revelando una serie de mapas corporales somatotópicos que recubren la superficie cortical”, explicaron.
Esta coordinación entre visión y tacto no solo ayuda a comprender acciones ajenas, sino que los científicos indican:
“Esto es prometedor para el estudio de afecciones como el autismo, que a menudo se caracterizan por alteraciones visuales y táctiles que surgen temprano en el desarrollo”.
En pocas palabras, la próxima vez que una escena haga estremecer, significa que el cerebro está realizando un truco para convertir la visión en una experiencia corporal, acercando, aunque sea de manera ilusoria, al dolor o sensación que otra persona experimenta.