Fernando Botero es un antioqueño universal. Su obra plástica les ha permitido a quienes disfrutan de su arte en todo el mundo conocer los paisajes, la arquitectura y los personajes que poblaban la Antioquia que él conoció en su infancia y su adolescencia. Y aunque se fue de Medellín hace muchas décadas su amor por Antioquia no tiene fisuras. "Los temas de Botero inventan una mitología a partir de aquellas imágenes almacenadas en su memoria desde la infancia, ese período en el que se fraguan las experiencias capitales de todo artista. No se necesita haber visitado los pueblos colombianos antioqueños de la década de los 40 para identificar la realidad social que sirve de telón de fondo a la imaginería de Botero". Así se refiere el escritor Mario Vargas Llosa a esos paisajes de Medellín y Marinilla (donde Botero vivió en la niñez), que siguen presentes en la mitología creada por el artista.Pero el vínculo del pintor y escultor con su tierra natal va mucho más allá de la nostalgia y la temática de su obra. Uno de sus proyectos más importantes está relacionado con Medellín. A su ciudad natal, más exactamente al Museo de Antioquia, donde funciona desde 1975 la sala 'Pedrito Botero', piensa donarle 64 obras, de las cuales 10 son esculturas que acompañarán a El pájaro, La Venus durmiente y El torso masculino, que desde 1995 llegaron al parque de Berrío para acompañar a La gorda.Con su acento paisa inconfundible, que redobla cuando habla de su tierra, el maestro habló con SEMANA de lo que para él ha significado su departamento.SEMANA: ¿Qué recuerdos le trae Antioquia?Fernando Botero: Son recuerdos agradables a pesar de que no viví en la opulencia cuando estaba niño. Sin embargo, como es una ciudad y un departamento tan atractivo, pues tengo un buen recuerdo de una vida bella en medio de ciertas limitaciones. Me marcó muchísimo y sigue presente en mi trabajo.SEMANA: ¿Qué es lo que más añora de Antioquia?F.B.: Añoro todo. Debo decir que añoro la comida, añoro las gentes, las casitas con flores de Antioquia, los paisajes, las montañas, los ríos. Tengo recuerdos bellos de cuando era niño y adolescente y me parece muy triste no poder estar ahí por la situación de inseguridad en que viven el país y Antioquia concretamente.SEMANA: ¿Qué no le gusta de Antioquia?F.B.: ¿Qué no me gusta? A ver... (se queda pensando) en realidad no hay nada que me disguste de Antioquia. La gente es formidable.SEMANA: ¿Usted es hincha de algún equipo de fútbol de Medellín o de Antioquia?F.B.: La verdad es que no tengo esa pasión. Sólo cuando hay un campeonato mundial me fijo en el fútbol. Pero no soy hincha ni del Medellín ni del Nacional.SEMANA: ¿Cómo se refleja lo antioqueño en su obra?F.B.: Se refleja muchísimo. Prácticamente yo no he pintado otra cosa que esa realidad antioqueña y colombiana que conocí de adolescente y de niño. Yo nunca he pintado un tema gringo ni francés. Ese es mi mundo espiritual, que está siempre en mi corazón.SEMANA: ¿Cuál Medellín prefiere, la de antes ola de ahora?F.B.: Por cuestiones de nostalgia obviamente me gusta más la de antes. Me encanta esa arquitectura paisa de las casitas de un solo piso, con alero y ventanas con reja, lo que yo conocí cuando era niño. Todavía quedan en Medellín rincones con ese tipo de arquitectura. En cambio esa nueva metrópoli con autopistas por todas partes no es mi mundo.SEMANA: ¿Ha visitado alguna ciudad o región del planeta que le recuerde Antioquia o, por el contrario, hasta ahora este es un lugar irrepetible para usted?F.B.: Yo no conozco nada parecido. Bueno, si acaso he encontrado un poco de eso en Oaxaca, México. También me han dicho que Costa Rica se parece a Antioquia, que vivir allá es como vivir en Medellín hace 40 años. No sé si sea cierto. A lo mejor vamos a ir a acabar en Costa Rica si no se puede acabar en Colombia.