Hace un año un buen número de colombianos lloramos; otros se alegraron y algunos estaban asustados con los resultados del plebiscito.Recuerdo haber llamado a un amigo votante del No para, en medio de mi amargura, reconocerle que su apuesta había ganado. Me respondió casi entre dientes: “Esto es un lío el berraco. Ahora ¿qué va a pasar? Mi respuesta fue: nadie sabe.Un año después y con el debate electoral encima, aún no sabemos qué va a pasar.Aún no resolvemos la ecuación de si el país supera su pasado y enfrenta el futuro con todo y las incertidumbres; o se afirma en que es mejor el pasado de odio y desconfianza conocido que la reconciliación por conocer.Porque hace un año lo que se puso en juego en el plebiscito, no era si las Farc iban a desarmarse o no. Lo habían decidido antes en su reunión de los Llanos del Yarí.Tampoco se definía si la mitad del Estado era para los guerrilleros, como se dijo y aún sostienen algunos. Mucho menos que por firmar el acuerdo, se promovería el homosexualismo entre niños y niñas en aulas de colegios y escuelas del país.Los hechos fueron produciendo resultados, y se resolvió el quehacer inmediato frente al Acuerdo.Las marchas y expresiones libres de apoyo por parte de los ciudadanos fueron útiles, el asombro del presidente Santos se transformó en convocatoria al diálogo con los voceros del No, los mismos acudieron a Palacio. Se logró lo impensable: Uribe y Santos se reunieron.¿Para qué?No para unir al país, sino para mostrar cuál tenía las pelotas más grandes y definir que la batalla final será en 2018.Aquí estamos un año después.Contra los incrédulos, las Farc están desarmadas y convertidas en movimiento político, enfrentando el pasado tormentoso de la guerra con un presente caracterizado por el reclamo de que se cumpla lo acordado.El presidente Santos, con el sol a las espaldas y bajos niveles de aceptación en el país, reconoce que buena parte del incumplimiento es responsabilidad de su Gobierno.¿El país? Asqueado por la corrupción en las cortes, en los procesos y campañas electorales y la vulgar sombra de Odebrecht; agredido por la negación a atender la Fiscalía por parte de dos mimadas del poder (Gina Parody y Cecilia Álvarez). Asombrado con el crecimiento de los asesinatos de los niños y niñas en el país. En fin, más aburridos y desesperanzados que español después del referendo en Cataluña. Un país así no valora, no se da cuenta que este año las tasas de homicidios e índices de violencia, son las más bajas en la reciente historia nacional. Tampoco aprecia la buena noticia que significa el cese bilateral de fuego con el ELN.La vida en Colombia, entre ese 2 de octubre de 2016 y este de 2017, ha adquirido valor como nunca en los últimos 60 años.A la posibilidad de revalorar la vida en Colombia fue a lo que se dijo No el 2 de octubre, en el que se nos retó como sociedad.Este año, vociferante y confuso puede ser complementado entre este octubre y junio de 2018 con más odio y rabia o con reconciliación.Todo dependerá de cada uno de nosotros.Podemos superar lo que parece escrito, podemos dar paso a nuevas visiones si acogemos la incertidumbre como camino.La incertidumbre es hoy la mayor esperanza.@alvarojimenezmiajimillan@gmail.com

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