Muy valiosos los aportes de SEMANA al análisis jurídico del problema Upac. No obstante, es a todas luces evidente que darle una aspirina constitucional a un enfermo económico, ahora o dentro de seis meses, no cambia nada porque resulta que el problema no es jurídico sino estrictamente de plata. Gracias a errores garrafales y sistemáticos durante los dos o tres últimos años, como subir las tasas de interés a niveles inconcebibles (e impagables) y a su vez atar las deudas de vivienda al vaivén de tales intereses en favor de los banqueros, hoy el deudor vive el peor de los mundos: cuotas y saldo "en libros" de la deuda altísimas, en grave diferencia con el bajísimo valor real de su vivienda. Simple: lo que compro en 100 vale 50 pero debe 300. La única pregunta tangible que hay por resolver en este problema es: ¿quién va a pagar por esa diferencia? La alternativa entre crear la cultura del no pago y la de clavar al deudor no debe ni siquiera plantearse porque son 800.000 deudores trabajando y pagando las ineficiencias y utilidades de los banqueros y los intereses de 10 millones de ahorradores, lo cual ya evidencia una 'pelea' mal casada amén de un desequilibrio enorme: en este país un deudor 'mantiene' 12,5 ahorradores y más encima le tiene que dar enormes utilidades a los banqueros. Lo único cierto, además, es que las circunstancias en las cuales los bancos ganaron miles de millones en utilidades durante años y bajo las cuales alegremente contrataron tales créditos hipotecarios se les devolvieron, tal como se les devolvieron a los constructores y al país, y punto. No lo vieron ni lo previeron ni puede hacérseles una excepción. En resumen, darle largas y contentillo jurídico constitucional (?) al problema ¡económico!, ¡de plata! o tratar de clavarle la 'solución' al deudor, es inviable e inútil. El sistema financiero no puede quebrarse, pero los banqueros sí van a perder. Y mientras más pronto sean capaces de afrontarlo, me parece mejor para la futura viabilidad económica de la vivienda y del país. Casi nada. Alfonso Aljure O. Bogotá