Vuelve el ex presidente Ernesto Samper y aterriza cómodamente en el periódico El Tiempo, su periódico. Este diario es, en cierta forma, cómo no, el diario de los Samper. El ex diplomático Juan Carlos Iragorri le ofrece un reportaje de página y lo insta a decir todo lo que quería decir, para sacarse más de un clavo. A la final, Samper aprovecha para pedir columna en esas mismas páginas.Apoyado en las encuestas que han hecho amigos suyos, afirma que el país se disuelve bajo la administración Pastrana, y que a él sencillamente no lo dejaron gobernar. Por último, con amargo veneno, fustiga a los comentaristas que tanto lo criticaron y que, según dice, se hallan ahora en vacaciones éticas.Instalado en un bonito chalet en las afueras de Madrid, el ex presidente está no sólo en vacaciones éticas, sino en lo que podría llamarse un dorado exilio moral. Absuelto en las instancias judiciales del Congreso, sus seguidores pagan cárcel, que, la verdad, no les deseo ni a ellos, ni al ex presidente.El tema moral aterra, no sin razón, a ciertos políticos, toda vez que, en un medio tan corrupto como el nuestro, el 'moralista' (así llamado, por vilipendio) es señalado como un hombre más bien corto de entendederas y sin agilidad para moverse en el trajín de las cosas humanas. Primero se le encasilla y señala y luego se le asesina, como fue el caso de Luis Carlos Galán. Al moralista no sólo lo persiguen, buscando contradicciones en su acción pública, sino que llevan el rigor, que él supuestamente aplica, a los rincones de su vida privada.Por estos días el ex presidente Carlos Lemos se muestra muy complacido con la revelación del hijo oculto que tenía Galán, y que engendró en sus años universitarios. Todos tenemos un esqueleto guardado en el closet, dice, sin ningún respeto por este joven respetable. Para no desvirtuar el pensamiento de Lemos, hay que decir que él se alegra con descubrir que el líder del Nuevo Liberalismo no era el santurrón que pintaron sus enemigos políticos, para luego someterlo, en la soledad de sus denuncias, al final trágico que tuvo su vida.Lo moral ofende, lo moral no gusta, lo moral es tremendamente peligroso, para quien sea señalado como adalid de la moral. Los que toda la vida han hecho pilatunas, desde el colegio, están acostumbrados a tildar de sapos y soplones, y otros términos denigrantes, a aquellos que no andan en las mismas, que carecen de su viveza porque a lo mejor tuvieron en sus hogares una formación más ajustada a determinados principios éticos.La queja de Samper es porque a Pastrana, su émulo y su denunciante, no le caen en la misma forma en que le cayeron a él, que protagonizó tamaño escándalo nacional e internacional. La inconveniencia de que fuera Andrés Pastrana el sucesor de Samper era fácilmente previsible, puesto que le cobrarían al 'moralista' las menores caídas y las de sus ministros, no importa que se tratara de situaciones anteriores a su desempeño y a su nombramiento. Con enorme cinismo le pasan cuenta al gobierno actual por procesos, como el de Dragacol, que comenzaron en el gobierno de Samper y le entablan la más airada protesta por las financiaciones Upac, que permanecieron sin modificaciones ni alivios en todo el período anterior. El desempleo también se lo cobran enterito, cuando el anterior lo entregó en un desconcertante 16 por ciento.Eso sí, que no se mire al espejo retrovisor, sino únicamente a lo que está sucediendo hoy y ahora, porque este gobierno lo está haciendo muy mal, como dicen las encuestas del Centro Nacional de Consultoría, publicadas en el diario de la cervecería, que atiende para todos los efectos un ex ministro del presidente Samper.Samper ya llega. Ya comienza su anhelada ex presidencia. Y empiezan sus decires de humor y de cinismo, hasta reconquistar, en poco tiempo, por los intereses creados y por los hilos sociales, la preeminencia de un López, cuya displicencia y estilo personal y político ha imitado siempre.Ya se cocinan las lechonas con que será atendido por sus funcionarios, que dejó nombrados en el Poder Judicial, con perdón y olvido incluidos, mientras a su sucesor, las barras duras de Serpa y de la izquierda recalcitrante le piden cuentas hasta por el villano asesinato del humorista Jaime Garzón. ¿No fue eso lo que ocurrió con Ospina Pérez, a quien el Partido Liberal no dejó gobernar, amén de endilgarle el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán?Nadie, con las oportunidades que le ofrece el periódico El Tiempo, dejará de rehabilitarse, no obstante que el fallecido director, en una de sus últimas entrevistas, reconociera que Ernesto Samper se había 'embromado' con el aporte de dineros para su campaña, que le permitiera al narcotráfico. Me molesta perturbar su dorado exilio moral.