Parece una perogrullada advertir que la humanidad vive una era de esplendor del conocimiento. Sin embargo: ¿a esa expansión de conocimiento ha correspondido un mejoramiento de la condición humana? Esta pregunta, que intentan responder miles de especialistas alre-dedor del mundo, entre ellos Rafael Campo, decano de la facultad de educación de la Universidad Javeriana, indica la nueva actitud que han adoptado los orientadores en relación con la educación de fin de siglo. Se trata, ante todo, de formar personas maduras, siguiendo de alguna manera el ideal que el filósofo español Fernando Sabater consignó en su libro El valor de educar, según el cual "el destino de cada humano no es la cultura _entendida como la acumulación de conocimiento_, ni siquiera estrictamente la sociedad en cuanto institución, sino los semejantes". El hecho es que no es suficiente saber mucho para vivir mejor. "Por supuesto, no puede haber educación sin conocimiento, pero no se reduce a él, dice Campo. Hay algo, ahí detrás, que va de la mano. Ese algo es la formación". Y la formación comienza por casa desde que aquella pequeña criatura empieza a esbozar sus primeros rasgos de humanidad en una sonrisa. Los padres, cada día más ocupados, tienden a delegar su función socializadora en el colegio. Pero semejante error, según los especialistas, suele pagarse caro. "Todo lo que no se haga antes de los seis años será difícil de componer después, afirma Angela Márquez de Arboleda, pedagoga del Colegio Anglo Colombiano. De ahí que los padres deban asumir la responsabilidad que les corresponde en los años cruciales de sus hijos, aquellos en los que el niño aprende a reconocer sus habilidades, sus destrezas, y también sus limitaciones ". Sin embargo ¿cómo hacerlo? Padres como modelosLa principal dificultad que enfrentan los papás es la de corregir sus propias deficiencias. "La educación en el colegio puede convertirse en un martirio si antes no se han sentado unas rutinas básicas en el hogar alrededor de las actividades de los niños", asegura Angela Márquez. Pero esto requiere de los adultos la suficiente disciplina y la disposición para servir de ejemplo a sus hijos, no sólo desde el punto de vista académico en la tarea de despertar la curiosidad de los pequeños sino también desde una perspectiva moral y ética, ingredientes que serán definitivos en el futuro.Esta significativa variación del concepto educativo, que privilegia la formación como mancorna del conocimiento es fundamental a la hora de definir lo que debe ser un buen estudiante. "Aunque las nuevas teorías pedagógicas apunten a la realización integral del ser humano como individuo y como miembro de una sociedad, la verdad es que en la práctica los métodos de evaluación por medio de los cuales se rigen tanto padres como maestros sigue siendo punitivo, es decir que recompensa al que mayores notas saque y tiende a castigar al menos eficiente en términos académicos", dice María Isabel Casas de Cano, directora del Colegio Tilatá. La propia Ley de Educación favorece los procesos de desarrollo de acuerdo con las habilidades individuales. Sin embargo ni siquiera los profesores están preparados para asumir su nueva tarea. "La educación de calidad es la que propicia la autonomía del estudiante, agrega Rafael Campo, pero el sistema educativo continúa dependiendo de castigos o recompensas externas. Eso es heteronomía". Los especialistas coinciden en que un buen estudiante es aquel que aprende a aprender. No obstante esta actitud implica alejarse de los viejos vicios de la instrucción, que apuntan a la memorización de datos sin análisis y a un rendimiento que sólo está destinado a la complacencia de padres y profesores. "El ideal es que se logre una motivación intrínseca al estudio, opina María Isabel Casas, generada por un propósito de vida que debe ser despertado por los padres desde la más tierna infancia". SEMANA dialogó con un grupo de especialistas en educación con el ánimo no tanto de resolver como de poner sobre el tapete algunas inquietudes que atañen directamente a los padres en la formación de un buen estudiante. Desde los problemas más frecuentes de aprendizaje, pasando por la escogencia del colegio y las dificultades de la adolescencia, hasta el papel que hoy juega la tecnología en todo el proceso educativo de los hijos. El resultado se presenta en las páginas siguientes.