La ingesta de una alimentación equilibrada que incluya frutas, verduras, proteínas y que evite alimentos procesados y altos en grasas y azúcares, sumada a la práctica regular de actividad física, es la fórmula perfecta para mantener unas condiciones saludables en el organismo.

Sin embargo, no es lo único que se requiere. Dormir bien hace parte de los buenos hábitos para cuidar los diferentes órganos del cuerpo, entre ellos, el corazón.

El sueño es determinante a la hora de lograr una salud integral. La cantidad de horas que una persona requiere depende de varios factores, especialmente de la edad, asegura el instituto de investigaciones Mayo Clinic. Sin embargo, además del tiempo, se requiere de calidad para descansar bien.

La citada fuente indica que si se sufre de falta de sueño, la cantidad de horas que se requiere aumenta. Otro aspecto que incide es el envejecimiento. Los adultos mayores necesitan aproximadamente la misma cantidad de sueño que los jóvenes. No obstante, a medida que la edad avanza, los patrones de sueño podrían cambiar.

“Los adultos mayores suelen dormir más liviano, les lleva más tiempo quedarse dormidos y lo hacen por períodos de tiempo más cortos. Suelen despertarse varias veces durante la noche”, precisa Mayo Clinic.

Cuando un individuo duerme lo que requiere cuida su salud cardiovascular. La Fundación Española del Corazón cita un estudio publicado en European Journal of Preventive Cardiology, el cual concluyó que aquellas personas que, además de llevar unos hábitos de vida saludables como realizar actividad física de forma regular, mantener una alimentación equilibrada, moderar el consumo de alcohol y no fumar, duermen un mínimo de siete horas al día, reducen hasta en un 65 % el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

“El mismo estudio estimó que en esas personas el riesgo de morir por enfermedad cardiovascular baja un 83 % en comparación con aquellas que no siguen ningún hábito de vida saludable. Entre otras razones, porque un sueño reparador mejora la función endotelial y ayuda a disminuir la presión arterial, ya que mientras se duerme se produce una relajación muscular que también afecta a las arterias. Esta relajación provoca una baja fisiológica de la presión arterial de entre 10 y 15 %”, precisa la mencionada institución.

Cuando una persona no duerme bien, esto se asocia con una mayor incidencia de sobrepeso, obesidad, hipertensión y niveles altos de colesterol y triglicéridos, que al final terminan afectando la salud del corazón.

Una investigación publicada en European Heart Journal determinó que las personas que padecen insomnio tienen mayor riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca.

Algunas de las conclusiones de ese análisis apuntaron a que quienes mostraban tres o más síntomas de insomnio tenían un riesgo tres veces mayor de desarrollar insuficiencia cardiaca en comparación con aquellos que no tenían problemas de sueño.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el sueño nocturno tenga una duración media de entre siete y ocho horas para los adultos. .

Según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, la investigación demuestra que la falta de sueño aumenta el riesgo de padecer obesidad, enfermedades del corazón e infecciones. Durante la noche, la frecuencia cardíaca, la frecuencia de respiración y la presión arterial suben y bajan, un proceso que puede ser importante para la salud cardiovascular.

Mientras las personas duermen, el cuerpo libera hormonas que ayudan a reparar las células y a controlar el uso de la energía en el cuerpo. Estos cambios hormonales pueden afectar el peso corporal, por ejemplo.

Además de evitar enfermedades, dormir le da al cuerpo y al cerebro tiempo para recuperarse del estrés del día. Después de una buena noche de sueño, la persona se desempeña mejor y toma decisiones acertadas. Dormir ayuda a sentirse más alerta, optimista y a tener una mejor vida social, precisa la biblioteca médica Medline Plus.