El hallazgo de este nuevo sitio, 15 veces más grande, hace pensar que se trata de un mismo complejo ceremonial, y sería único por su tamaño. Para el descubrimiento no se requirió excavar pues se logró gracias a tecnología de sensores e imágenes, por medio de los cuales se estableció que las piedras, localizadas a casi un metro bajo tierra, tendrían 4.500 años. En aquella época se erigían a una altura de 4,5 metros, y es posible que hubieran sido traídas al sitio al mismo tiempo en que se construyó Stonehenge y luego enterradas. “Todo lo que se ha escrito sobre el paisaje de Stonehenge y los monumentos antiguos que alberga tendrá que ser reescrito”, dice Paul Garwood, arqueólogo de la Universidad de Birmingham y participante del proyecto.