A la tensión arterial se le conoce como la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias, que son grandes vasos por los que circula la sangre en el organismo. Se considera que la persona presenta hipertensión cuando su tensión arterial es demasiado elevada, explica la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“De la tensión arterial se dan dos valores: el primero es la tensión sistólica y corresponde al momento en que el corazón se contrae o late; mientras que el segundo, la tensión diastólica, representa la presión ejercida sobre los vasos cuando el corazón se relaja entre un latido y otro”, precisa.

Para establecer el diagnóstico de la presión arterial, se deben tomar mediciones dos días distintos. La presión arterial normal para adultos se define como una presión sistólica de menos de 120 milímetros de mercurio (mmHg) y una presión diastólica de menos de 80 mmHg, precisa el Instituto Nacional de Envejecimiento, de Estados Unidos. Esto se indica como 120/80.

Cuando los niveles superan estos indicadores es posible que la persona padezca de hipertensión, una enfermedad que normalmente no genera síntomas, razón por la cual se debe hacer seguimiento de manera constante.

Cuando se presentan señales, el paciente puede experimentar cefaleas matutinas, hemorragias nasales, ritmo cardiaco irregular y alteraciones visuales. La hipertensión grave puede provocar cansancio, náuseas, vómitos, confusión, ansiedad, dolor torácico y temblores musculares.

Causas

La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos indica que en la mayoría de los adultos, no hay una causa identificable de presión arterial alta (pirmaria), aunque algunas personas pueden presentar esta afección por una enfermedad subyacente y en este caso se le denomina secundaria

“Este tipo de presión arterial alta tiende a aparecer repentinamente y causa una presión arterial más alta que la hipertensión primaria. Diversos trastornos y medicamentos pueden producir hipertensión arterial secundaria”, precisa la citada fuente.

Algunos de los trastornos son: el apnea obstructiva del sueño, enfermedad renal, tumores de la glándula suprarrenal, problemas de tiroides, ciertos defectos de nacimiento (congénitos) en los vasos sanguíneos, algunos medicamentos y el consumo de drogas ilícitas, como la cocaína y las anfetaminas.

Normalmente para tratar este padecimiento se requiere de un tratamiento médico, acompañado de una dieta indicada y la práctica de ejercicio, con lo cual se pueden mantener los niveles bajo control. Sin embargo, cuando las personas padecen esta enfermedad están expuestas a sufrir una crisis hipertensiva, un aumento grave de la presión arterial que puede provocar un accidente cerebrovascular.

Crisis hipertensiva

La presión arterial extremadamente alta se determina, según el instituto de investigaciones Mayo Clinic, cuando la sistólica se ubica en 180 milímetros de mercurio (mm Hg) o más y la diastólica, en120 mmHg o más. Esta presión tan elevada puede dañar los vasos sanguíneos, que se inflaman y podrían generar pérdidas de líquido o sangre. Como resultado, el corazón no bombea la sangre de manera eficaz.

La hipertensión puede derivar en problemas más graves de salud, pues una crisis puede afectar los vasos sanguíneos. | Foto: Getty Images

Las principales causas relacionadas con una emergencia hipertensiva consisten, por ejemplo, en olvidar tomar el medicamento para la presión arterial, un accidente cerebrovascular, ataque cardíaco, insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal, rotura de la arteria principal del cuerpo (aorta), interacción entre medicamentos y convulsiones durante el embarazo.

De acuerdo con los expertos de Mayo Clinic, la crisis hipertensiva se divide en dos categorías: de urgencia y de emergencia. Durante una crisis hipertensiva de urgencia, la presión arterial está extremadamente elevada, pero el médico no sospecha que el paciente tenga daño en otros órganos.

En la de emergencia, la presión arterial puede haber provocado daño en otros órganos. La crisis hipertensiva de emergencia se asocia con complicaciones potencialmente mortales, como dolor intenso en el pecho; dolor de cabeza, acompañado por confusión y visión borrosa, náuseas y vómitos, ansiedad grave, dificultad para respirar, convulsiones y falta de reacción.

Cuando una persona tiene este tipo de crisis debe consultar de manera inmediata al médico y el tratamiento normalmente comprende la hospitalización para el tratamiento con medicamentos por vía oral o intravenosa. Es una afección que debe recibir la atención de los especialistas.