La insulina es una hormona esencial que controla los niveles de azúcar en la sangre. Esta se produce en el páncreas y ayuda a mover el azúcar de la sangre a las células para su almacenamiento. Cuando las células se vuelven resistentes a la insulina, no pueden usarla de manera efectiva, por lo que dejan los niveles de glucosa altos en el torrente sanguíneo.

El riesgo de resistencia a la insulina es mayor si la persona tiene prediabetes o antecedentes familiares de diabetes tipo 2, así como si tienes sobrepeso u obesidad.

La alimentación es uno de los aspectos claves que deben controlar los pacientes de diabetes. Foto: Getty Images

Sin embargo, existen formas naturales respaldadas por la ciencia para aumentar la sensibilidad a la insulina, algunas de ellas son:

1. Dormir bien

Dormir bien es importante para la salud. Por el contrario, la falta de sueño puede ser perjudicial y aumentar el riesgo de infecciones, enfermedad cardíaca y diabetes tipo 2.

Algunos estudios han vinculado la falta de sueño a una menor sensibilidad a la insulina. Un experimento científico en el que participaron nueve voluntarios sanos encontró que dormir solo cuatro horas en una noche reduce la sensibilidad a la insulina y la capacidad de regular el azúcar en la sangre, en comparación con dormir ocho horas diarias.

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2. Realizar ejercicio

El ejercicio regular es una de las mejores maneras de aumentar la sensibilidad a la insulina, ya que ayuda a mover el azúcar hacia los músculos para su almacenamiento, y promueve un aumento inmediato de la sensibilidad a la insulina, que dura de 2 a 48 horas, dependiendo del nivel de ejercicio.

Por ejemplo, un estudio encontró que hacer 60 minutos de ciclismo en una máquina a un ritmo moderado aumenta la sensibilidad a la insulina durante 48 horas entre los voluntarios sanos.

Hacer ejercicio mejoran los niveles de insulina. Foto: Getty Images/iStockphoto

Otro estudio realizado en hombres con sobrepeso y sin diabetes encontró que, cuando los participantes realizaban entrenamiento de resistencia durante un período de tres meses, su sensibilidad a la insulina aumentaba, independientemente de otros factores como la pérdida de peso.

Si bien el entrenamiento aeróbico y de resistencia aumentan la sensibilidad a la insulina, combinar ambos en la rutina puede llegar a ser más efectivo.

3. Bajar de peso

El exceso de peso, especialmente en el área abdominal, reduce la sensibilidad a la insulina y aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. La grasa abdominal puede hacer esto de muchas maneras, como la fabricación de hormonas que promueven la resistencia a la insulina en los músculos y el hígado.

Muchos estudios apoyan la relación entre cantidades más altas de grasa abdominal y una menor sensibilidad a la insulina.

Afortunadamente, perder peso es una manera efectiva de perder grasa abdominal y aumentar la sensibilidad a la insulina. También puede ayudar a reducir el riesgo de diabetes tipo 2 si la persona tiene prediabetes.

Por ejemplo, un estudio en la Universidad Johns Hopkins encontró que las personas con prediabetes que habían perdido de 5 % a 7 % de su peso total en seis meses lograron reducir su riesgo de diabetes tipo 2 en 54 % por los tres años siguientes.

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Afortunadamente, hay muchas maneras de perder peso a través de la dieta, el ejercicio y los cambios en el estilo de vida.

4. Comer fibra soluble

La fibra se puede dividir en dos grandes categorías: soluble e insoluble. La fibra insoluble actúa principalmente como un agente de aumento de volumen para ayudar a las heces a moverse a través de los intestinos.

Los alimentos ricos en fibra soluble incluyen legumbres, avena, semillas de lino, vegetales como las coles de Bruselas, y frutas como las naranjas. Foto: Getty Images

Mientras tanto, la fibra soluble es responsable de muchos de los beneficios asociados a la fibra, como reducir el colesterol y reducir el apetito.

Varios estudios han encontrado un vínculo entre un consumo alto de fibra soluble y el aumento de la sensibilidad a la insulina. Por ejemplo, un estudio que involucró a 264 mujeres encontró que aquellas que comieron más fibra soluble tuvieron niveles significativamente más bajos de resistencia a la insulina.

La fibra soluble también ayuda a alimentar las bacterias buenas en el intestino, que se han vinculado a una mayor sensibilidad a la insulina.

Los alimentos ricos en fibra soluble incluyen legumbres, avena, semillas de lino, vegetales como las coles de Bruselas, y frutas como las naranjas.