“Preconizo ante ustedes –y como antídoto de la masificación en el tedio y ante lo inevitable– una vuelta a lo que, por fortuna, ya asoma por el horizonte: la cultura del vino, la más sana y más higiénica de las bebidas, según el aséptico pasteur”. Camilo José Celarias. Es difícil imaginar la España verde y frondosa, si se quiere misteriosa, con esos paisajes en donde el mar y la tierra se besan en un accidente que los gallegos llaman Rias. Esa España plagada de bosques umbríos, en donde sus habitantes se llaman celtas y todavía se oye el melancólico trinar de las gaitas. Muy temprano, los romanos plantaron sus viñas en esos limes (la frontera del imperio) ubicados en el Finis Terrae. Luego vinieron las órdenes religiosas. Estas prosperaron de tal manera ahí que con el tiempo la tierra se hizo llamar la Ribeira Sacra. Es en esa época cuando aparece la uva Albariño, estandarte y orgullo de la región, traída de las remotas riberas del Rhin por los monjes de Cluny, aunque algunos muy orondos preconizan la localía de la variedad. Esta es la uva que hace exclamar a Alfonso X el Sabio: “Bon Viño d’Ourense”. La Denominación de Origen D.O. Rias Baixas se crea en 1988 y pese a su juventud y al escaso número de botellas producidas frente a otras denominaciones, como Rueda en blancos o Rioja en tintos, se ha convertido en una de las más importantes de España por su calidad. Sus características, como su alta pluviometría, 1.300 mm al año; su clima frío y Atlántico; su precioso sistema de emparrado, que permite una buena insolación y previene las enfermedades fitosanitarias de la vid; su pronunciada orografía, su complejo reparto de tierras en minifundios, unidas a la presencia tutelar y eterna del río Minho, al que llaman ‘Padre’, la hace única e irrepetible frente al resto del viñedo ibérico. Allí las propiedades más importantes en la elaboración de vinos, conocidas como Château en Francia o Tenutta en Italia, se denominan Pazos. Reza un dicho gallego: “Hórreo, palomar y ciprés, Pazo es”. Es Albariño, la uva más importante y de mayor producción en Rias Baixas. ¿A qué sabe el Albariño? Así describe el consejo Regulador de Rias Baixas las características organolépticas del albariño: “los vinos monovarietales del tipo albariño presentan un color amarillo-pajizo, brillante, con irisaciones doradas y verdes. En nariz poseen aromas florales y frutales finos y distinguidos, que impresionan agradablemente, de intensidad media y potente duración mediolarga. En boca son frescos y suaves, con suficiente cuerpo y grado alcohólico, acidez equilibrada, armoniosos y de amplios matices. Su retrogusto es placentero, elegante y completo”. Vea los vinos reseñados en las notas relacionadas a este artículo.