Aunque ha sufrido los embates de la ganadería,  la Laguna de Salcedo luce silenciosa, mágica y embrujadora. Ahí sobrevuelan centenares de aves y habitan especies de roedores típicos de los humedales debido, en parte, a varias acciones por parte de la CAR, como retiro del buchón de agua, jornadas de limpieza y educación ambiental a los pobladores de la vereda Salcedo.  Humberto Valero, un habitante de Apulo que trabaja haciéndole mantenimiento a los árboles del pueblo, la ha visitado desde que era pequeño. En la zona vivien amigos entrañables, quienes le han contado leyendas que datan desde la época prehispánica. “Unos dicen que el Mohán, ese hombre de pelo largo y puro en la mano, aparecía cuando alguien osaba meterse en sus aguas. También narran que en lo profundo de la laguna hay patos de oro y joyas, depositadas por los indígenas panches que gobernaron la región”.    

Humberto Valero sostiene que la laguna les sirvió a los indígenas panches como escondite de tesoros milenarios. Fotomontaje: Nicolás Acevedo y SEMANA RURAL.    En sus 40 años de vida, nunca ha presenciado alguno de estos mitos, pero sí cree en ellos. “Hace como 50 años, por el pueblo corrió el rumor de que la laguna estaba embrujada. Varios pobladores decidieron echarle sal en sus orillas al mediodía para calmarla y evitar que inundara al municipio. Cuando regresaron de almorzar, Salcedo estaba brava. Sus aguas ariscas ahogaron a uno de esos pacientes. Por eso es mejor sólo observar su belleza desde lo lejos y agradecer por contar con un sitio tan mágico como este”. En una época, cuenta Valero, llegaron a Apulo guaqueros alimentados por el rumor del oro depositado en su fondo, supuestos tesoros que los españoles también trataron de encontrar. “No creo que puedan hallarlos. La laguna tiene vida y no permite que nadie la altere. Lo que sí hay en sus alrededores son muchos petroglifos tallados en rocas por los panches, figuras en espiral, de cuerpos de hombre, flechas y animales con forma de lagartijas”.  

Petroglifos como estos, tallados por indígenas panches hace cientos de años, hacen parte de los vestigios mágicos de la laguna.  Nicolás Acevedo. Le puede interesar Cascadas, bosques y fantasmas en Tena   Pero la laguna está a la deriva de los depredadores, ya que su ingreso no tiene control. “Eso no debería pasar, ya que hay gente malintencionada que llega a botar basura. Hacen paseos de olla y no aprecian su belleza. Deberían desarrollarse caminatas ecológicas guiadas, en donde cuenten esas leyendas mágicas y la necesidad de protegerla”. Valero tuvo el privilegio de ver peces en el río Bogotá, donde recibe las aguas del Apulo. “De niño me bañé muchas veces en el Bogotá. En esa época no había tanta contaminación y la gente dependía del río. Los peces abundaban. Pero hoy está casi muerto por los impactos que recibe. Nos hace falta mucha educación para recuperarlo. Lo mismo pasa con el Apulo, al cual le seguimos arrojando basura”.