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La revolución en marcha de la Inteligencia Artificial

Por: Francisco Córdoba Otálora*

La IA transformó la vida cotidiana de los seres humanos. A través de algoritmos e interacciones pagar un recibo de la luz, pedir un regalo de cumpleaños, estudiar y hasta ver televisión son acciones que requieren cada vez menos esfuerzo gracias a la tecnología.


Imagine que acaba de ver la transmisión en Youtube de su programa favorito de deportes o de cocina y se dispone a revisar las últimas estadísticas de la pandemia vía Twitter, mientras ríe de las ocurrencias de sus amigos en Facebook. Fue una larga jornada de trabajo, con varias videoconferencias por Zoom. Y todavía falta resolver algunos asuntos de la casa como pagar el recibo de la luz, que resuelve en tres clics a través de la aplicación bancaria; y confirmar el libro de regalo para su hermano: una foto a la pantalla, enviar el código vía Whatsapp y listo. Es hora de preparar la cena y luego descansar frente al televisor viendo en Netflix el programa recomendado de Zac Efron sobre cómo cambiar nuestros hábitos para enfrentar el cambio climático.

Sus abuelos vivieron de una forma tan diferente, que interpretarían esta descripción de su vida como la sinopsis de una película de Stanley Kubrick. Pero algo tan cotidiano es producto de décadas de investigación y miles de millones de dólares invertidos. Cada una de las tecnologías acá descritas son el resultado de la financiación desde los años cuarenta, por parte del gobierno de Estados Unidos, a universidades cuyos investigadores decidieron crear empresas de base tecnológica para darles vida a microprocesadores, antenas y a internet. Todo un ecosistema de innovación conocido como Silicon Valley.

Cada tecnología que usamos hoy es parte de esta evolución. Producto de este acelerado crecimiento de la computación surge la Inteligencia Artificial, el conjunto de instrucciones que se le dan a una computadora para que haga mejor su trabajo. Estas indicaciones se conocen como algoritmos y siguen unas reglas básicas, basadas en unos condicionales que funcionan de la siguiente manera: al dar clic al ícono se abre el correo, al mover el dedo se cambian las imágenes, al hablar se activa el sistema de escucha, vía Siri, Alexa o Google. Todas estas interacciones fueron diseñadas y perfeccionadas por un grupo de programadores. Cada paso ya fue pensado y se ha programado para hacer nuestras vidas más sencillas.

¿Ciencia ficción?

Cuando descargamos la aplicación para probar qué tan viejos o jóvenes nos vemos, miles de cosas suceden detrás del resultado. Primero se activa el sistema de reconocimiento facial, el cual, a través de unos puntos ubicados en varias partes del rostro, reconoce que es un ser humano. El sistema identifica puntos claves como el mentón, las orejas y crea una versión digital de la cara. El procesador se exige al máximo, pero en cuestión de segundos cualquiera puede disfrutar de la transformación. Esto es el resultado de miles de horas de trabajo de varios ingenieros, programadores y matemáticos que convierten la realidad en números y luego los números en nuestros rostros.

El siguiente paso para las máquinas es aprender de ellas mismas, en un proceso conocido como Machine learning, en el cual no dependen de las instrucciones de los programadores, sino que basado en los datos que reciben, toman sus propias decisiones.

El aprendizaje automático es una realidad en China. Aplicaciones financieras entienden a cada empresa y de acuerdo con sus necesidades realizan recomendaciones automáticas sobre con quién deberían obtener un préstamo. Esta práctica está siendo implementada en Colombia por empresas como NaaS, que usa la Inteligencia Artificial para hacer de nuestra experiencia financiera algo más personalizado.

La evolución de la tecnología ha permitido que también en Colombia el talento aprenda este conocimiento y lo aplique a nuevos negocios. En medio de la pandemia las universidades han tenido que pasar de ser lugares presenciales a establecer programas virtuales. Pero esto ya lo venían haciendo empresas como Platzi, una compañía creada por el colombiano Freddy Vega, quien hace unos años cayó en cuenta de que el futuro es la educación digital.

Estos cambios traen muchos retos y miles de oportunidades. Colombia puede aprovechar la revolución en marcha si afina su visión a largo plazo, no desestima su inversión en ciencia y se enfoca en el aprendizaje continuo.

*CEO de NaaS Digital Banking, Innovador menor de 35 del MIT, magíster del University College of London.

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