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| 9/9/2019 12:00:00 AM

Nubia Muñoz: “para mí la investigación del cáncer ha sido una pasión”

Una semblanza de esta epidemióloga caleña que fue nominada al Nobel de Medicina en 2008 y que ha dedicado su vida al estudio del virus del papiloma humano.

Nubia Múñoz, la investigadora que busca la cura contra el virus de papiloma humano Hoy, Nubia vive en Francia con su esposo. Foto: Cristian Garavito / El Espectador

Le gusta bailar cumbia y vallenato; jugó voleibol en el equipo de la Universidad del Valle y representó a su departamento en algunos campeonatos; pateó un balón de fútbol en partidos con sus cuatro hermanos y los vecinos del barrio Libertadores de Cali, donde aprendió técnicas de ataque y defensa; nada en los ríos y bucea en los mares; admira los corales; lee a García Márquez. No es una caleña cualquiera. Es la epidemióloga y patóloga Nubia Muñoz, nombre que a nivel mundial es sinónimo de virus del papiloma humano (VPH), porque le dedicó varias décadas a su estudio, publicó decenas de resultados sobre su investigación y demostró que este produce ciertos cánceres, como el de cuello uterino.

Ya jubilada, desde su casa de verano en Cassis, sobre la costa azul francesa, aún recibe propuestas para continuar su trabajo. Porque es, y siempre fue, “pensadora, objetiva, persistente y curiosa”, como la describió el patólogo y su profesor Pelayo Correa, el ‘culpable’ de abrirle el camino para continuar sus estudios en Estados Unidos y luego en Francia. “Gracias a él descubrí la investigación epidemiológica a la que me he dedicado”, me escribe en un correo electrónico que interrumpe su descanso mediterráneo. “Para mí la investigación del cáncer ha sido una pasión”.

Fue en el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC por su sigla en francés) con sede en Lyon donde, luego de una estancia de un año para terminar su entrenamiento en patología, se quedó otros 29. Allí llegó a ocupar el cargo de jefe de la Unidad de Estudios de Campo e Intervenciones, en un ambiente a veces hostil por ser mujer y latinoamericana.

Pero su paso por el fútbol le enseñó a atacar y a defenderse y fue allí, en el IARC, donde debió demostrarle a su jefe el valor de la creatividad, la honestidad y la persistencia, cualidades que a su juicio son claves para hacer investigación científica. Todas ellas las demostró sin ostentación alguna pero con decisión, para que finalmente la nombraran en ese cargo.

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Justamente la define esa palabra: decisión. La menor y única mujer de una familia de cinco hijos, habría podido dedicarse a que la mimaran toda la vida. Pero sus hermanos, la muerte de su padre cuando tenía 5 años y una madre católica le enseñaron que las metas eran altas y que había que luchar por alcanzarlas.

Gracias a Ovidio y a Carlos, sus hermanos mayores, entró a estudiar medicina, pero logró que la becaran durante su carrera, lo que hizo que el día de su grado fueran ellos quienes ‘botaron la casa por la ventana’. “Fue una verdadera parranda, con buena comida, unos buenos cerditos y aguardiente, naturalmente”, recordó hace algunos años durante la entrevista que le hice en el marco de la Cátedra Huellas que Inspiran, en la Universidad Nacional de Colombia.

El recuerdo de su padre en el lecho de enfermo y su muerte a causa de una bacteria que no se identificó a tiempo, así como su paso como estudiante por las habitaciones de los hospitales donde veía pacientes morir, la deprimía hasta la médula. “Pensé entonces que podría ser más interesante hacer algo que tuviera un impacto a nivel de la población”, me dijo. Entonces la investigación en salud pública y especialmente en cáncer llenó todo su espacio. A eso se dedicó, aprendiendo inglés, francés e italiano en todos los sitios que recorrió para tratar de responder las preguntas que se le ocurrían día tras día.

Muñoz mira a los ojos y responde pacientemente. Opina. Su opinión es recibida y acatada porque es una autoridad. Propone y discute estrategias para avanzar en el conocimiento de los diferentes tipos de VPH que existen –hay unos 200– y en los debates defiende hasta los tuétanos la vacuna que hoy ofrecen los países para prevenir el cáncer de cuello uterino.

Visita Colombia con frecuencia porque aquí están sus raíces, pero también porque se le solicita constantemente por diferentes motivos. Su viaje más reciente fue para comenzar su trabajo con la Misión Internacional de Sabios, que tiene el reto de marcar el camino que debería tomar nuestro país en materias como ciencia, tecnología e innovación. “Para poder impulsarlas lo más importante es mejorar la calidad de la educación en todos los niveles”, dice, con la esperanza de que las recomendaciones que entregue el grupo a final de año sean “bien recibidas y sobre todo implementadas”.

Sí. También es soñadora. Actualmente vive en Francia con su esposo con el que lleva un largo tiempo de convivencia y con quien se casó hace poco. ¿Por qué no?, me responde cuando le pregunto por qué tomó esa decisión luego de tantos años de estar a su lado. Así es ella. Pero me confiesa: “No cambió nada nuestra relación”.

*Periodista científica.

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