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| 1/13/1986 12:00:00 AM

EL UNICORNIO AZUL EN COLOMBIA

Después de 6 años de espera, el público colombiano pudo finalmente ver a Silvio Rodríguez, el número 1 de la Nueva Trova Cubana

EL UNICORNIO AZUL EN COLOMBIA EL UNICORNIO AZUL EN COLOMBIA
A los 3 años cantó por primera vez en un programa infantil de la radio cubana. A los 7, comenzó a estudiar piano, instrumento que poco tiempo después abandono para dedicarse a la guitarra. Sin embargo, en el seno de su familia todos creían que sería pintor antes que músico. Siendo aún muy joven, dibujó historietas humoristicas para la revista Mella, órgano de la recién formada Asociación de Jóvenes Rebeldes, en los albores de la revolución.
Se trata de Silvio Rodríguez, un hombre de mediana estatura y futura calvicie, nacido en Santiago de los Baños, provincia de La Habana en 1946, y convertido ahora, casi 40 años después, en el exponente más importante de la llamada Nueva Trova Cubana y en uno de los intérpretes más escuchados de América Latina, tras la conquista de mercados tan disímiles como Argentina, México, Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador e incluso las colonias latinas de Nueva York.
Después de varios intentos fallidos, Silvio Rodríguez pudo finalmente venir a Colombia y presentarse ante un público que lo viene escuchando desde hace más de 6 años a través de discos tan populares entre algunos círculos como "Dias y flores", "El Unicornio" y "Rabo de nube". Su creciente prestigio lo ha convertido en Colombia en el personaje cubano vivo más conocido después de Fidel Castro. Pero, ¿de dónde surgió este fenómeno vocal, capaz de alcanzar sin inmutarse las notas más altas y de conmover hasta el llanto al público desde el escenario?
TROVA VIEJA Y TROVA NUEVA
Las revoluciones, como hasta ahora las ha conocido el mundo, suelen producir manifestaciones artísticas de gran valor antes y durante la toma del poder, pero pocos años después de instalado el nuevo régimen, parecen caer en un sopor de mediocridad y limitaciones que muchos estudiosos tratan de justificar en el hecho de que se deben "sacrificar ciertos lujos para atender las grandes prioridades", entre las cuales obviamente no está el arte, o por lo menos no aquel de verdad que debe estar lo más lejos posible de las reglas y los objetos preestablecidos.
Por esa razón no es extraño que los gobiernos revolucionarios deban conformarse con vivir de las viejas glorias artísticas anteriores a la instalación del nuevo régimen y tengan poco que ofrecer de nuevo. Si todo lo anterior parece corresponder a una regla, Silvio Rodríguez y la Nueva Trova Cubana conforman una de sus excepciones. Sin embargo, se trata de una excepción que no debe sorprender demasiado. De hecho, la tradición musical cubana es tan honda y compleja que ninguna revolución, por más realismo socialista que le inyecte al país, habría podido cortarle las alas.
En realidad, las dictaduras cubanas de este siglo hasta Batista, nunca lograron poner en cintura a los Matamoros o a los Carlos Puebla que las rondaron. La fortaleza de la música cubana estaba preparada para resistir cualquier embate, lo mismo el de un gobierno represivo que el de un gobierno patrocinador como el actual.
Y por eso el son no se fue de Cuba, ni la trova tampoco.
La trova tradicional cubana, que los escasos estudiosos que ésta ha tenido definen como "un fenómeno artístico de reconocida importancia dentro de la cultura popular cubana" cuyos orígenes algunos ubican a finales del siglo pasado, es la referencia del pasado que Silvio Rodríguez y sus compañeros de generación mencionan cuando se les pregunta sobre la Nueva Trova. En el prólogo de una antología de sus mejores canciones publicado el año pasado en Argentina, Silvio Rodríguez define así esos nexos con la trova tradicional y los nuevos elementos que caracterizan la Nueva Trova: "El contacto de la nueva trova con lo latinoamericano indígena le ha incorporado elementos que diffcilmente se observan en la trova tradicional. Estructuralmente también hay amplias diferencias: antes se trabajaba con estructuras más rígidas que ahora. Esto es un fenómeno que se ha ido dando poco a poco en todo el mundo: estructuras más flexibles, más cómodas".
Como puede verse, ni los estudiosos, ni el cantante, han llegado muy lejos en el análisis del fenómeno de la Nueva Trova. Nadie sabe cómo y por qué ha sido, pero ahí está y no sólo con Silvio Rodríguez, sino con otros valores como Pablo Milanés y Sara González, que estuvieron en Colombia en el 79, o con el extraño Noel Nicola.
MUSICA DE HOY
En la Nueva Trova hay de todo: son, bolero, balada, rock y hasta algunos elementos de Bossa-nova y jazz, sin contar las últimas asimilaciones de música andina, que se sintieron en todo el Continente como resultado de los Quilapayún, los Inti Illimani, los Parra y todo ese fenómeno medio bucólico e indigenista de los años setenta.
Pero además, en la Nueva Trova hay una acentuación en la letra de las canciones, que en el caso de Silvio Rodríguez bien podría llamarse poesía. Las composiciones de la Nueva Trova se pasean entre la protesta y el surrealismo, sin abandonar el tema que jamás pasa de moda: el amor.
"El Unicornio azul", quizá la canción más conocida de Silvio Rodríguez en la actualidad, es el resultado de la mezcla de todos esos elementos.
Una imagen digna del más onírico Dalí, un homenaje al pueblo salvadoreño y un poema de amor (ver entrevista).
La canción de Silvio Rodríguez es a veces profundamente surrealista, como en el "Oleo de mujer con sombrero", o definitivamente militante, como en "Playa Girón". Pero nunca es solamente surrealista o exclusivamente militante.
El caso de "Playa Girón" es bien interesante. A fines de los sesenta, cuando apenas la Nueva Trova acababa de realizar su primera presentación formal en público, el compositor se embarcó en un navio pesquero de la flota cubana, que saldría a recorrer las aguas internacionales durante varias semanas. La particularidad del viaje era que los pescadores que se encontraban en el barco eran convictos por delitos comunes que se habían integrado en un programa de rehabilitación de presos. El cantante compartió con ellos esos días y compuso "Playa Girón", que, en contra de lo que muchos piensan, no es un homenaje a la victoria sobre el desembarco contrarrevolucionario de principios de los sesenta, sino una meditación sobre esa experiencia en el barco llamado "Playa Girón". De ahí el verso que dice: "Si alguien roba comida y después da la vida qué hacer".
En "Playa Girón", al igual que en "La canción del elegido", hay un compositor militante, pero no mamerto. Y esa es la diferencia con otros casos como el de Isabel y Angel Parra, de quienes está claro que la Nueva Trova está más lejos que de Chico Buarque. En fin, harán falta muchos años antes de que puedan medirse en toda su extensión los alcances de la influencia de la Nueva Trova en la música latinoamericana.
Pero de todos modos ese movimiento y, en particular Silvio Rodríguez, darán mucho de qué hablar durante varios años y seguirán siendo una prueba evidente de que en Cuba no han dejado de pasar cosas y menos en el terreno musical.--

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