Foto: Álvaro SierraEl ejército vigila La Gabarra, a orillas del río Catatumbo, desde la cima del cerro que las Farc acostumbraban usar para atacar la estación de policía, en la calle principal. Sin embargo, la presencia militar en el cerro no ha logrado evitar que los ataques continúen.
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Galería: Pobre Catatumbo
El ejército vigila La Gabarra, a orillas del río Catatumbo, desde la cima del cerro que las Farc acostumbraban usar para atacar la estación de policía, en la calle principal. Sin embargo, la presencia militar en el cerro no ha logrado evitar que los ataques continúen.
Foto: Álvaro Sierra /
El ejército vigila La Gabarra, a orillas del río Catatumbo, desde la cima del cerro que las Farc acostumbraban usar para atacar la estación de policía, en la calle principal. Sin embargo, la presencia militar en el cerro no ha logrado evitar que los ataques continúen.
Los carros bomba se han vuelto tan frecuentes que la gente continúa su camino pasando junto a ellos, como ocurrió con este, instalado a unos dos kilómetros de la entrada a El Tarra y que taponó la vía por varios días. Nunca se sabe si son falsos o reales, y nadie, por supuesto, se pone a comprobarlo hasta la llegada de equipos especializados de explosivos de Cúcuta o Bogotá, lo que puede tomar, con frecuencia, hasta una semana.
Foto: Álvaro Sierra /
Los carros bomba se han vuelto tan frecuentes que la gente continúa su camino pasando junto a ellos, como ocurrió con este, instalado a unos dos kilómetros de la entrada a El Tarra y que taponó la vía por varios días. Nunca se sabe si son falsos o reales, y nadie, por supuesto, se pone a comprobarlo hasta la llegada de equipos especializados de explosivos de Cúcuta o Bogotá, lo que puede tomar, con frecuencia, hasta una semana.
La vía entre Sardinata y Las Mercedes es un fangal por el que traquetean las camionetas que hacen de ‘taxis’ en estos difíciles recorridos.
Foto: Álvaro Sierra /
La vía entre Sardinata y Las Mercedes es un fangal por el que traquetean las camionetas que hacen de ‘taxis’ en estos difíciles recorridos.
Entre el invierno y la guerra. Tal es la suerte del Catatumbo, como lo muestra esta imagen tomada en La Gabarra. Al frente, trabajadores sacan tierra de una casa ahogada por la inundación que, en noviembre, invadió varias calles del pueblo. Al fondo la fachada de la estación de policía ennegrecida y perforada por las explosiones y los disparos de la guerrilla.
Foto: Álvaro Sierra /
Entre el invierno y la guerra. Tal es la suerte del Catatumbo, como lo muestra esta imagen tomada en La Gabarra. Al frente, trabajadores sacan tierra de una casa ahogada por la inundación que, en noviembre, invadió varias calles del pueblo. Al fondo la fachada de la estación de policía ennegrecida y perforada por las explosiones y los disparos de la guerrilla.
En sus ataques con cilindros contra el puesto policial de Las Mercedes, el frente 33 de las Farc, comandado por el negro Antonio, ha convertido varias de las casas cercanas en ruinas, como estas, que inspecciona un policía local.
Foto: Álvaro Sierra /
En sus ataques con cilindros contra el puesto policial de Las Mercedes, el frente 33 de las Farc, comandado por el negro Antonio, ha convertido varias de las casas cercanas en ruinas, como estas, que inspecciona un policía local.
Desde hace meses, cuando el río desbarató el único puente, El Tarra quedó incomunicado con el oriente de Norte de Santander. Ahora, todo el que necesite viajar entre Tibú y Ocaña por esa vía debe hacer transbordo junto al río.
Foto: Álvaro Sierra /
Desde hace meses, cuando el río desbarató el único puente, El Tarra quedó incomunicado con el oriente de Norte de Santander. Ahora, todo el que necesite viajar entre Tibú y Ocaña por esa vía debe hacer transbordo junto al río.
El escalamiento del conflicto armado tiene bajo fuego al negocio más próspero y sostenible de El Tarra, la piscultura, que vende cinco toneladas mensuales de cachama. La mayoría de las piscinas, como estas de Prudencio Claro, presidente de Asopistar (Asociación de Piscicultores de El Tarra), están en la veredad Motilandia, muy cerca al casco urbano, en la zona más afectada por los enfrentamientos y de donde se han desplazado muchos habitantes por el fuego cruzado. Hasta el plato estrella del pueblo, la cachama frita, está amenazado por la guerra.
Foto: Álvaro Sierra /
El escalamiento del conflicto armado tiene bajo fuego al negocio más próspero y sostenible de El Tarra, la piscultura, que vende cinco toneladas mensuales de cachama. La mayoría de las piscinas, como estas de Prudencio Claro, presidente de Asopistar (Asociación de Piscicultores de El Tarra), están en la veredad Motilandia, muy cerca al casco urbano, en la zona más afectada por los enfrentamientos y de donde se han desplazado muchos habitantes por el fuego cruzado. Hasta el plato estrella del pueblo, la cachama frita, está amenazado por la guerra.
Muchas casas de los pueblos del Catatumbo, además de los destrozos y las víctimas civiles ocasionados por artefactos explosivos que la guerrilla pone al paso de patrullas militares o policiales, han sido, como dicen sus habitantes, “censadas” con letreros pintados por las Farc y el Eln.
Foto: Álvaro Sierra /
Muchas casas de los pueblos del Catatumbo, además de los destrozos y las víctimas civiles ocasionados por artefactos explosivos que la guerrilla pone al paso de patrullas militares o policiales, han sido, como dicen sus habitantes, “censadas” con letreros pintados por las Farc y el Eln.
En algunos pueblos, como en El Tarra, las casas exhiben no solo pinturas de la guerrilla sino mensajes con los que las autoridades locales intentan mostrar otras facetas de la realidad.
Foto: Álvaro Sierra /
En algunos pueblos, como en El Tarra, las casas exhiben no solo pinturas de la guerrilla sino mensajes con los que las autoridades locales intentan mostrar otras facetas de la realidad.
La casa de Juan Chaparro, frente al parque principal de Las Mercedes y a una cuadra de la estación de policía, fue destruida por un ataque de las Farc. En el patio interior cayó un cilindro que, milagrosamente, no explotó y fue luego retirado.
Foto: Álvaro Sierra /
La casa de Juan Chaparro, frente al parque principal de Las Mercedes y a una cuadra de la estación de policía, fue destruida por un ataque de las Farc. En el patio interior cayó un cilindro que, milagrosamente, no explotó y fue luego retirado.
Durante los días que este corresponsal estuvo en El Tarra, cerca de un centenar de sus habitantes se desplazaban por las noches a dormir en uno de los refugios de emergencia que la alcaldía dispuso en la Casa de la Cultura. La gente que vive en los alrededores de la estación de policía y de la base militar abandona sus casas para guarecerse de posibles ataques. Quienes habitan a lo largo del retén militar que está a la entrada del pueblo dejaron sus viviendas permanentemente, al verlas convertidas en blanco de los ataques de la guerrilla, que utiliza contra los uniformados armamento artesanal, como los cilindros, que no tiene puntería y termina destruyendo bienes civiles.
Foto: Álvaro Sierra /
Durante los días que este corresponsal estuvo en El Tarra, cerca de un centenar de sus habitantes se desplazaban por las noches a dormir en uno de los refugios de emergencia que la alcaldía dispuso en la Casa de la Cultura. La gente que vive en los alrededores de la estación de policía y de la base militar abandona sus casas para guarecerse de posibles ataques. Quienes habitan a lo largo del retén militar que está a la entrada del pueblo dejaron sus viviendas permanentemente, al verlas convertidas en blanco de los ataques de la guerrilla, que utiliza contra los uniformados armamento artesanal, como los cilindros, que no tiene puntería y termina destruyendo bienes civiles.
La camilla de partos del puesto de salud de El Tarra, forrada en plástico barato pegado con esparadrapos, no tiene los estribos ginecológicos. “A las mujeres se les resbalan los pies y no pueden pujar”, dice uno de los médicos.
Foto: Álvaro Sierra /
La camilla de partos del puesto de salud de El Tarra, forrada en plástico barato pegado con esparadrapos, no tiene los estribos ginecológicos. “A las mujeres se les resbalan los pies y no pueden pujar”, dice uno de los médicos.
El Catatumbo es, de lejos, el lugar de Colombia donde más voladuras sufre el oleoducto Caño Limón-Coveñas, que discurre por parajes aislados e inhóspitos. Este año, más de una docena de atentados han tenido lugar. El ejército custodia los equipos que Ecopetrol envía a reparar los daños.
Foto: Álvaro Sierra /
El Catatumbo es, de lejos, el lugar de Colombia donde más voladuras sufre el oleoducto Caño Limón-Coveñas, que discurre por parajes aislados e inhóspitos. Este año, más de una docena de atentados han tenido lugar. El ejército custodia los equipos que Ecopetrol envía a reparar los daños.
Mudos testigos del número de atentados contra el oleoducto son las orillas del río Catatumbo, manchadas de petróleo derramado a lo largo de muchos kilómetros.
Foto: Álvaro Sierra /
Mudos testigos del número de atentados contra el oleoducto son las orillas del río Catatumbo, manchadas de petróleo derramado a lo largo de muchos kilómetros.
Las mulas, tan comunes en el campo colombiano, son llamadas en esta región “los carrotanques del Catatumbo”. Por la ubicación de las zonas cocaleras, los insumos para el procesamiento de la hoja de coca en pasta base, como la gasolina, se transportan a lomo de mula.
Foto: Álvaro Sierra /
Las mulas, tan comunes en el campo colombiano, son llamadas en esta región “los carrotanques del Catatumbo”. Por la ubicación de las zonas cocaleras, los insumos para el procesamiento de la hoja de coca en pasta base, como la gasolina, se transportan a lomo de mula.
Infringiendo una clara disposición del derecho internacional humanitario, un pelotón del ejército instala sus tiendas en una institución educativa en una zona rural cerca al pueblo de Filo Gringo.
Foto: Álvaro Sierra /
Infringiendo una clara disposición del derecho internacional humanitario, un pelotón del ejército instala sus tiendas en una institución educativa en una zona rural cerca al pueblo de Filo Gringo.
En la vereda El 60, cerca de La Gabarra, se puede ver la antigua cárcel donde los para-militares encerraban a sus víctimas que se disponían a matar y torturar. Las paredes interiores están llenas de nombres de esos condenados.
Foto: Álvaro Sierra /
En la vereda El 60, cerca de La Gabarra, se puede ver la antigua cárcel donde los para-militares encerraban a sus víctimas que se disponían a matar y torturar. Las paredes interiores están llenas de nombres de esos condenados.