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El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, con el emir de Catar, el jeque Tamim  
bin Hamad  Al-Thani.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, con el emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad Al-Thani. - Foto: Getty Images

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¿Por qué un Mundial es un mal negocio? La teoría del columnista del ‘Financial Times’ Simon Kuper

Por: Manuel Restrepo*

Más que escribir sobre lo que pasa en una cancha, el británico, autor de los libros ‘Fútbol contra el enemigo’ y ‘Soccernomics’, observa lo que se mueve detrás.

Ha dicho varias veces que un Mundial no es un buen negocio para un organizador, pero sí calma al público o lo controla. La economía es uno de sus temas, lo mismo que el poder social de este deporte. En uno de sus libros, Soccernomics, afirma que “los clubes tratan de ganar. Pero los equipos nacionales tienen una función adicional: encarnar la nación”.

En esta entrevista con SEMANA habla sobre el Mundial de Qatar y la llegada de los árabes al fútbol, el futuro de las ligas europeas y las luchas sociales dentro de este deporte.

SEMANA: ¿Ha habido en una Copa del Mundo un choque cultural como el que habrá en Qatar 2022?

Simon Kuper (S. K.): No. Casi todos los mundiales se han hecho en Occidente. En Rusia no se sintió un choque cultural, y el de Japón y Corea se criticó muy poco, incluso se vivió con cariño. Pero hacia Qatar hay críticas en asuntos como el consumo de alcohol y los prejuicios hacia los homosexuales. Habrá un choque de civilizaciones como nunca se ha visto en un Mundial.

SEMANA: ¿En realidad favorece a los árabes usar el deporte para lavar su imagen?

S. K.: No creo que los esté ayudando. Cuando Qatar consiguió el Mundial muchos pensaron que sería genial que entraran al fútbol. Sin embargo, al organizar una Copa del Mundo el planeta empieza a fijarse en lo que está pasando en el país. Y durante 12 años se ha visto lo que pasa en Qatar a través de los medios. El sportwashing no siempre funciona, como en Argentina en 1978, cuando un régimen militar recibió el Mundial y los crímenes se hicieron más visibles en el exterior. Sin el Mundial, usted y yo no estaríamos hablando de Qatar.

SEMANA: Durante los últimos años se han visto los problemas que traía este Mundial en temas como los derechos humanos o la corrupción. Sin embargo, el torneo se hará de todas formas en Qatar. ¿Qué tan lejos está el fútbol de poner el bienestar común por encima del negocio?

S. K.: Se pueden hacer las dos cosas. Hablé con Amnistía Internacional y con sindicatos que han usado la Copa del Mundo para impulsar reformas laborales en Qatar, y han logrado más garantías. Como los medios de Occidente denunciaron lo que ocurría mejoró la situación de los trabajadores. Se puede usar el torneo para cambiar cosas. No funcionó con la homofobia ni con la libertad de los medios, pero sí con los derechos laborales. Amnistía quería obligar a Qatar y a la Fifa a compensar a los trabajadores perjudicados en las obras del Mundial: si trabajaste en Qatar y no te han pagado el sueldo o te trataron mal, te tienen que compensar.

SEMANA: En ‘Soccernomics’ usted habla de la falsa creencia de que un Mundial beneficia la economía de un país. ¿Todavía piensa que albergar una Copa del Mundo es un mal negocio?

S. K.: Sí, es un mal negocio. Pero para muchos países no es una decisión empresarial, simplemente les parece simpático. Hay apenas unos 300.000 cataríes y tienen todo el dinero del mundo, así que por qué no divertirse haciendo un Mundial. Entender el deseo de hacer un Mundial como una decisión económica no es acertado en este caso.

SEMANA: ¿Qué tan probable es que el mundo árabe o China se conviertan en potencias futbolísticas?

S. K.: No se han convertido en potencias futbolísticas porque en Europa Occidental se entiende mejor el deporte y sus tácticas. Los latinoamericanos, por ejemplo, tienen grandes futbolistas, pero su comprensión del juego no ha sido tan buena recientemente. Este año, Argentina y Brasil intentarán demostrar que han aprendido del fútbol europeo, que juegan más rápido y que hacen cosas como presionar la salida de balón rival, a lo cual no estaban acostumbrados. Argentina y Brasil entendieron que tienen que copiar las tácticas europeas.

SEMANA: Hablemos del fútbol de clubes. La Premier League es cada vez más potente, la Champions League fue reformada para beneficiar a los equipos más grandes y la Superliga sigue en el aire. ¿Cómo ve el futuro de las competiciones en Europa?

S. K.: Lo que hizo el intento de Superliga fue expandir la Champions, que ahora tiene más partidos y plazas para los equipos de los países grandes. Los clubes ingleses, el Bayern Múnich y el PSG quieren seguir jugando sus ligas locales y la Champions. No renunciarán a los torneos domésticos por una Superliga. La Premier es muy exitosa comercialmente, así que los grandes clubes están satisfechos con lo que tienen. La Premier se juega los fines de semana, el mejor momento para transmitir partidos porque latinoamericanos, norteamericanos, europeos y asiáticos pueden ver a la vez el partido de las dos de la tarde en Inglaterra. En cambio, los miércoles en la noche, la hora de la Champions, no es ideal porque en Asia duermen y en América trabajan. Las ligas domésticas seguirán como están, y no creo que Real Madrid, Barcelona y Juventus estén interesados en jugar una Superliga de solo tres clubes.

SEMANA: ¿Cómo ve la utilidad de la estadística avanzada y el ‘big data’ en el fútbol?

S. K.: El análisis de datos no ha revolucionado el fútbol. Ha ayudado en muchos aspectos y todos los grandes clubes lo usan. En Brentford y Brighton es clave, pero su impacto en el fútbol es menor que en el béisbol y el baloncesto. Es sencillo: no entendemos el fútbol del todo. No sabemos qué hace un jugador durante noventa minutos o cómo influye su posición en el campo. En el fútbol, las decisiones se basan en factores como la gestión de grupo y el instinto. El análisis de datos es solo un factor más a la hora de tomar decisiones tácticas o comprar jugadores.

SEMANA: España y Portugal presentaron una nominación junto con Ucrania para albergar la Copa del Mundo de 2030. ¿Qué piensa del uso de la guerra de Ucrania como un dispositivo político?

S. K.: Creo que en Europa hay una simpatía genuina hacia Ucrania. La gente se siente realmente mal por lo que pasa allí, los gobiernos reciben refugiados y envían material militar. Puede que haya algo de cinismo, pero la solidaridad es real.

SEMANA: ¿Es optimista con el futuro de movimientos en contra del racismo, la homofobia y la misoginia en el fútbol?

S. K.: Es evidente que hay conductas homofóbicas y sexistas, pero veo mucho progreso. Es positivo el ascenso del fútbol femenino: en Inglaterra se celebró la Eurocopa Femenina con récord de espectadores. En España, el Barcelona vs. Real Madrid en la liga femenina tuvo más de 90.000 espectadores, más que cualquier partido masculino de la temporada. En Qatar, algunos capitanes llevarán brazaletes arcoiris en rechazo a la homofobia. Estos problemas siempre existirán, pero creo que vamos por buen camino.

*Periodista y lingüista.

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