entrevista

¿Exigencias de la UE tienen en jaque al banano de exportación latinoamericano?

En diálogo con SEMANA, José Antonio Hidalgo, director ejecutivo de la Asociación de Exportadores de Banano del Ecuador (Aebe), criticó que las certificadoras europeas, “quieren ser lo más sostenibles, pero no lo quieren pagar”.


En el marco de la quinta edición del Foro Bananero 2022: ‘Avances del sector para una producción sostenible’, que se realiza en Santa Marta, Magdalena, uno de los temas abordados evidenció la preocupación general por parte de los productores y gremios ante los bajos precios con los que el banano está siendo reconocido en el comercio exterior.

El ministro de Agricultura, Rodolfo Zea, quien estuvo presente en la apertura del evento, manifestó que el precio del banano en los mercados internacionales no ha aumentado en los últimos cinco años; de hecho, se ha presentado un decrecimiento en dicho valor. “Entre 0.44 y 0.46 centavos de dólar se está pagando por el kilo de banano”, precisó.

Este fenómeno corresponde a varios factores. Uno de ellos, por ejemplo, aborda las certificaciones que se solicitan desde la Unión Europea (UE). “No puede ser que se nos exija mejores condiciones desde el punto de vista ambiental, que se le atribuyen a moléculas que tienen que ver con insecticidas y plaguicidas en nuestros cultivos, pero que a la vez el precio no lo reconozca. La responsabilidad debe ser compartida”, criticó el jefe de la cartera de Agricultura.

En esa misma línea, José Francisco Zúñiga, presidente de la Asociación de Bananeros del Magdalena y La Guajira (Asbama), resaltó “la importancia y necesidad de trabajar para que se reconozca el precio digno del banano (...). Hoy te exigen certificaciones ambientales, certificaciones sociales, laborales y con todas se cumplen, cada vez más exigentes. Cuando esas certificaciones se vuelven más exigentes, se vuelven más costosas, y la Unión Europea ha vetado moléculas que se usan para el control de plagas y que no tienen ningún fundamento científico de que afecten la salud de los humanos”, aseveró.

Las exigencias de las certificadoras en la UE, así como la dinámica de venta en los supermercados de países europeos, han dado un notable golpe al sector en lo que concierne al producto de tipo exportación, pues los precios no están compensando los gastos incurridos durante cada etapa en la cadena de valor para cumplir con la norma. Esta realidad no solo la vive el sector bananero colombiano, sino que trasciende a otros territorios de Latinoamérica.

Con el objetivo de profundizar en los temas de interés para el sector referentes a las certificaciones exigidas desde la UE, y la gestión adelantada desde los gremios latinoamericanos, SEMANA conversó con José Antonio Hidalgo, director ejecutivo de la Asociación de Exportadores de Banano del Ecuador (Aebe).

SEMANA: ¿Cómo se compone la Aebe y en qué consiste su proyecto para el sector bananero del Ecuador?

José Hidalgo: Nosotros como Asociación de Exportadores de Banano del Ecuador tenemos agremiado al 70 % de la exportación de nuestra fruta al mundo. Ya llevamos alrededor de dos años y medio en un proyecto interno de la formación de la unificación bananera con miras a ser un sector mucho más competitivo. Para eso contratamos al Tecnológico de Monterrey para que nos explique todas las temáticas sobre la formación de clusters y poder enfocarnos en los grandes desafíos de la economía ecuatoriana a nivel interno y del mundo. Este proyecto ha sido, para nosotros como Ecuador, de gran valía porque hemos logrado identificar las debilidades y fortalezas y poder trabajar en los diferentes ámbitos desde la producción hasta los mercados, toda la cadena de valor.

SEMANA: ¿Dónde se concentran las problemáticas que amenazan al sector bananero latinoamericano en la actualidad?

J. H.: Los problemas hoy en día los vemos como cadena de valor bananero. Y ante eso, debido al trabajo que hemos tenido de unificación nacional, teníamos que extender y poder ver si con estos problemas que teníamos afuera coincidíamos con colegas a nivel internacional. Y coincidimos dentro de los desafíos que hay en la Unión Europea: la estrategia ‘De la granja a la mesa’, el ‘Pacto Verde’, que se viene moviendo con mucha fuerza, y posiciones de la Unión Europea, a veces ―la mayoría―, más políticas que técnicas. Y esas posiciones afectan la agricultura a nivel internacional y, principalmente, los mayores proveedores de frutas de Latinoamérica.

¿Por qué? - En la UE, la reducción de límites máximos de residuos: menos moléculas para poder batallar todo lo que estamos expuestos en lo que es producir en ambientes tropicales, como en Latinoamérica. Y han empezado con diferentes moléculas, pero van hacia un ritmo de disminuir la mitad de las moléculas que hoy se pueden usar para fumigar o tener prevención de diferentes tipos de plagas. Y empezaron con una de las más preocupantes para nosotros, el cloephiriphus, que se utiliza en los corbatines para evitar cualquier tipo de daño en cochinilla y que cause mancha al banano. Eso lo redujeron hace un año y medio, dieron un ultimátum y fue una decisión tan inmediata por parte del parlamento en cortarlo que ni siquiera se tomó un estudio de Efsa (la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) indicando que no es genotóxico. Son decisiones políticas y su estrategia de reducción de límites máximos de residuos baja.

El problema es que no hay moléculas que reemplacen y sean costoeficientes, entonces, la producción se va volviendo más cara. Por ejemplo, el reemplazo para el cloephiriphus es el piriprofifen, aunque es un reemplazo menos efectivo y más caro. Queda más merma y soy más caro.

“Una pelea de sellos para ver quién es el más verde”

José Antonio Hidalgo profundizó en la creciente exigencia de certificaciones para los productos que ingresan al mercado europeo, en este caso el banano. En ese sentido, expresó que cumplirlas resulta mas costoso para los productores. Sin embargo, el precio que pagan en el comercio exterior no compensa la inversión original. Según indicó, las certificadoras se han dedicado a “crear más normas que sobrepasan cualquier esquema supranacional, e incluso de la UE, por una pelea de sellos de quién es el más verde”.

SEMANA: ¿Cómo es esa afectación para el sector?

J. H.: Ese sí es un problema, porque te pone muchas más normas. El supermercado te pone un condicionamiento, te dice que es opcional; pero si no lo tiene, no te compra, entonces no es opcional. Te pone diferentes condicionamientos, pero no ves un valor dentro del manejo del sello a más de que sea una obligación (...). Le hemos dicho a los supermercados que quisiéramos un estudio donde el cliente entre al supermercado y diga “yo quiero el sello de la rana”, “yo quiero un banano con el sello de la rana”, “yo quiero comprar un banano con el sello de Rainforest”, “y quiero pagar más por este sello”. Entonces, tenemos un inconveniente desde la política de la estrategia ‘De la granja a la mesa’ que encarece, y el otro inconveniente de que los supermercados no quieren pagar por ese costo de sostenibilidad. Quieren ser lo más sostenibles, pero no lo quieren pagar. Y las certificadoras, generando toda esa presión adicional, donde indican que sí hay compensación, pero en realidad no la hay.

Es un gran problema de sostenibilidad económica. La región está muy comprometida con la sostenibilidad, con todo lo que se requiera, pero la UE no puede ser incoherente de hacer un requerimiento donde nos cuesta más, pero sus supermercados quieran pagar menos. La tendencia de precios en Europa en los últimos diez años ha venido en declive en un 20 % y esos son temas que nos preocupan.

SEMANA: ¿Cómo ha sido la colaboración regional para exponer sus inconformidades y trabajar por un proyecto más sostenible para el sector?

J. H.: Nos hemos unido en este trabajo regional para cuestionar técnicamente a las certificadoras. Empezamos en abril de 2020 con países como Colombia, Guatemala, Costa Rica, República Dominicana, Panamá e hicimos un trabajo técnico, indicando a la certificadora que hay formas en su actualización a la norma que no son necesarias en miras a la sostenibilidad, que son esquemas que nos generan más costos. Juntos podemos construir una norma que sea sostenible, pero también costo-eficiente. Por la presión que hemos hecho, de manera regional, representando el 65 % de la producción global, logramos cambiar 108 puntos de esa actualización de la norma Rainforest del año 2020.

(...) Y esto ha venido reduciendo la presión, sin embargo, la presión de que el supermercado quiera reconocer el esfuerzo de sostenibilidad y estos costos no ha sucedido. El año pasado hubo una dinámica de aumento en el precio de los supermercados, pero no compensó el incremento que tuvimos en fletes, en cartón, en plásticos que prácticamente se duplicaron.

También se han vinculado a los gobiernos. Hubo una reunión de los ministros de Agricultura de todos los países bananeros, el 12 de enero de este año, donde se ratifica la posición del sector privado que hemos venido motivando nosotros de buscar una responsabilidad compartida hacia la Unión Europea. La propuesta técnica es que los supermercados tomen la metodología que tiene Fairtrade, el comercio justo. ¿En qué consiste? Fairtrade tiene un análisis de la estructura de costos de cada país. Ese modelo es necesario poderlo discutir como un modelo que sí está funcionando.

Tenemos que seguir posicionando el mensaje de que el esfuerzo de producir un banano de calidad a nivel latinoamericano tiene que ser reconocido y que las certificadores no pueden tomarse un rol de imposición de estándares supranacionales con un fin de poder pelearse entre ellas a ver cuál es el más verde.

El 30 de marzo de 2022, desde Bruselas, gremios bananeros de Latinoamérica y el Caribe realizaron una declaración conjunta en la que hacían un llamado a consumidores, empresas, gobiernos y la misma UE, solicitando "poner un alto a la guerra de precios".
El 30 de marzo de 2022, desde Bruselas, gremios bananeros de Latinoamérica y el Caribe realizaron una declaración conjunta en la que hacían un llamado a consumidores, empresas, gobiernos y la misma UE, solicitando "poner un alto a la guerra de precios". - Foto: Cortesía José Antonio Hidalgo

El banano como “un producto gancho” en mercados europeos, pero sin reconocimiento

En diálogo con SEMANA, José Francisco Zúñiga, presidente de Asbama, manifestó que los minoristas en Europa conciben el banano como un producto de enganche, dejándolo a un precio significativamente bajo que no compensa las inversiones realizadas en la cadena de valor. Esta visión es compartida por el director ejecutivo de la Asociación de Exportadores de Banano del Ecuador.

SEMANA: ¿Por qué dicen que el banano es un producto gancho los supermercados de Europa?

J. H.: Su estrategia es utilizar el banano al precio más bajo para atraer a la clientela, sobre todo alemana porque allí es donde está el fuerte de la compra de banano, y ganar en los otros productos alrededor. Es un producto gancho, pero ya no le estás dando un valor al sello ni a la sostenibilidad.

Esperamos que, junto al Ministerio de Agricultura de Colombia, Asbama y Augura, estemos presentes en noviembre en la Fruit Attraction de España y en el Foro Mundial Bananero para continuar la discusión.