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¿Cómo la analítica ayuda a construir un mundo mejor?

Por: José Mutis O.

La analítica no es más que organizar miles o millones de datos que hoy se tienen a la mano, procesarlos y extraer de ellos ‘insights’ (inteligencia) para tomar mejores decisiones.


Hace apenas unas semanas SAS cumplió 45 años en el mercado. La compañía se fundó en 1976, una época en la que los sistemas de cómputo eran basados en microprocesadores, por lo que su capacidad de procesamiento no era ni una millonésima parte de lo que se puede lograr hoy en día, pues no había internet y los datos no eran considerados el principal activo de las empresas, como pasa en la actualidad.

Por supuesto, los datos tampoco eran considerados el insumo más importante para acertar en la toma decisiones empresariales o de negocio. En esa época las decisiones se tomaban basados en la intuición y la experiencia, y con base en esa “sabiduría popular” bastaba.

Aunque para algunos todavía resulte desconocida y para otros difícil de entender, la analítica no es más que organizar miles o millones de datos que hoy se tienen a la mano, procesarlos y extraer de ellos ‘insights’ (inteligencia) para tomar mejores decisiones, para prospectar posibles escenarios, gestionar mejor los riesgos, prevenir o detectar fraudes e incluso para lanzar campañas de marketing más efectivas al mercado (ahorrando tiempos y costos, dos de las variables que más tenemos que controlar los líderes empresariales por lo general).

Pero la analítica no solo es relevante hoy en día en los escenarios empresariales, donde es considerada, por ejemplo por IDC, como una de las tecnologías y soluciones de negocios que más crecerán este año (con un 16 % al combinarse con la inteligencia artificial).

La analítica tiene el poder de ayudar a que el mundo sea cada vez mejor. Desde sus inicios, la analítica ha procurado impactar las actividades humanas. Hay pocos que lo saben, pero cuando el doctor Jim Goodnight, CEO de SAS, creó la analítica en esa década de los setenta, lo hizo para mejorar el sistema de riegos y mejorar los cultivos que muchas personas tenían.

La analítica fue vital para que el hombre pudiera ir a la Luna procesando millones de datos y correlacionando variables para acertar más en los cálculos. La analítica ha sido vital para que los gobiernos diseñen planes a largo plazo. ¿O cómo creen que finalmente se pudieron reducir enfermedades como el sarampión o la viruela, que tanto aquejaban a los países hace unos años?

Analizando y prospectando datos es que los gobiernos se fijan metas para reducir la pobreza en décadas. Con datos es que hacen todas las proyecciones económicas y se lanzan planes sociales. La ley Obama Care en Estados Unidos era un programa basado en la analítica y el aprovechamiento de los datos, tanto así que durante su desarrollo se contrató por primera en la Casa Blanca a un científico de datos para que ayudara a su avance identificando la población más necesitada y los servicios que más les podrían impactar.

Ni qué decir del poder que han alcanzado los datos con todo lo de la pandemia del coronavirus: desde hacer inteligentes los cierres de fronteras y las restricciones de movilización, hasta el desarrollo de las vacunas y ahora el rastreo de contactos en todo el mundo para prevenir nuevos brotes.

Lo bueno es que en la medida en que sigan creciendo los datos y que se mantenga en aumento la capacidad de procesamiento, la inteligencia analítica seguirá aumentando también.

Y aquí quiero unirme a una iniciativa que está manejando el Centro para la Cuarta Revolución Industrial en Colombia: la necesidad de forjar un nuevo contrato social para el aprovechamiento de los datos.

Y es que, como lo dice el Centro: “Para que los datos hagan realidad su potencial de transformación de vida, se necesitan nuevas reglas de juego”. Se necesita ese nuevo contrato social para los datos. Este contrato permitiría el uso y la reutilización de los datos para crear valor económico y social. Aumentar el acceso a más usuarios a través de los datos abiertos, las normas de interoperabilidad y las iniciativas de intercambio de datos, por ejemplo, aumenta el potencial de los datos para lograr impactos positivos en el desarrollo.

Bien lo dice el Centro: “Gran parte de la reciente explosión de nuevos datos ha surgido de la digitalización de las operaciones de las empresas. La combinación de estos datos con fuentes tradicionales como los censos, las encuestas nacionales, los datos administrativos del gobierno y los datos producidos por las organizaciones de la sociedad civil podría ayudar a llenar las lagunas de datos, proporcionar evaluaciones más oportunas y de escala más fina de los programas y las políticas, y servir a las necesidades de las políticas públicas”.

Es un camino que debemos empezar a recorrer. En muchos países ya se ha avanzado en temas similares. Casos como los que se están desarrollando supranacionalmente para intentar controlar la deforestación en el Amazonas es un ejemplo de cómo se pueden integrar los datos de gobiernos con encuestas, con estudios o con proyecciones como las que hace SAS. Esto mismo ayudaría a plantear esos planes de reducción de la pobreza, de cubrir las necesidades básicas de alimentación y de servicios públicos de la población o incluso de programas de creación de empleos de valor que tanto necesitamos.

Las soluciones para tener un mundo mejor las tenemos a la mano. Es solo cuestión de aprovecharlas.