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Informe especial: el golpe del Huracán Iota en San Andrés y Providencia

El paso del huracán Iota dejó profundos estragos en el archipiélago. Estos son los testimonios de supervivencia, heroísmo y miedo que deja esta tragedia.

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Foto: Sammy Martínez Mejía

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Colombia nunca había vivido el azote de un huracán como Iota. El fin de semana pasado, el ciclón llegó con fuerza a las aguas del país y arrasó con lo que había a su paso. Providencia llevó la peor parte. El huracán estuvo muy cerca, a menos de 12 kilómetros, y levantó olas de más de seis metros.

Esa isla paradisiaca anclada en el mar caribe, después de Iota es otra. La destrucción de su infraestructura alcanzó el 98 por ciento. Con el paso de los días se han comenzado a conocer las imágenes de lo que sucedió en esas horas en que el huracán de categoría cinco hizo de las suyas. El hospital, por ejemplo, que había sido estrenado hace meses, sencillamente se desvaneció.

Germán Gómez, dueño de un hotel, permaneció más de 12 horas en un baño protegiéndose de los fuertes vientos. Allí se encerró alrededor de las tres y media de la mañana, luego de que un árbol cayera contra la puerta de la habitación en que dormía y las ráfagas de una especie de agua café, mezcla de lluvia y tierra, terminaron por despertarlo. Había llegado a Providencia doce días antes con la intención de realizar el mantenimiento a su negocio, pensando en reabrir el lugar la primera semana de diciembre, después de ocho meses de cierre debido a la pandemia del coronavirus.

Como a casi todos los 6.000 habitantes de Providencia y a los turistas, a Gómez lo sorprendió la intensidad de Iota, porque hasta 24 horas antes solo se hablaba de un huracán categoría dos. Luego de que el árbol cayó contra la puerta principal, el viento terminó por arrancar las ventanas del balcón, entonces el cuarto se convirtió en un peligroso túnel de aire que lo llevó a pensar lo peor. La escena era terrorífica. Durante el angustiante encierro pudo sentir como Iota arrasaba con todo. Las cuatro paredes del baño le salvaron la vida.

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Foto: AP

Desde las 3:30 de la mañana hasta las 4 de la tarde, Germán Gómez estuvo resguardado. Él nunca había vivido un huracán de semejante categoría en la isla. El viento era diferente al de siempre y en la madrugada lo despertó un árbol que cayó y golpeó la puerta donde él estaba durmiendo. La fuerza del viento presionaba las ventanas y las puertas. En ese momento decidió esconderse en el baño de la habitación y durante más de 12 horas escuchó cómo afuera se caían las cosas. Sin luz y sin comunicación, su compañía fue una linterna. Nunca había sentido tanto miedo, no solo por él, sino por los habitantes de Providencia.

San Andrés también fue muy impactada por el paso de Iota. La parte sur de la isla recibió el mayor embate del viento. Tramos completos de concreto de la vía Circunvalar fueron arrancados por el fuerte oleaje, hoy es imposible hacer la famosa “vuelta a la isla” en un recorrido. Cientos de casas quedaron destechadas y una buena cantidad de árboles resultaron derribados. Debido a los daños materiales, el Gobierno Nacional declaró la situación de desastre en todo el departamento.

Los relatos de habitantes de Providencia que auguraron la devastación por Iota

En varios audios de WhatsApp algunas personas retrataron los momentos previos al terrible golpe del fenómeno natural sobre la isla. Uno de los ciudadanos contó en un mensaje de voz, por la aplicación de mensajería instantánea, que fuertes vientos de 170 kilómetros por hora se estaban aproximando, causando que los techos de las viviendas salieran volando. “La vaina está empezando a pintar mal, vale, y está lloviendo duro y entrando una fuerte brisa”, decía con voz ansiosa. Otro de los habitantes manifestaba que el huracán ya estaba causando daños en varios sectores de Providencia, especialmente en la zona del aeropuerto.

No quedó nada en pie. La imágen de la isla es devastadora

María Antonia Chinkousky fue otra de las afectadas. Se fue en un grupo de 12 amigos a bucear a la isla y llegó el martes de la semana pasada. El huracán la encontró en la mitad de este plan idílico. “Había familias con bebés a las que no les quedó nada. No tenían donde pasar la noche”, cuenta. Un avión llegó a rescatarlos después de que pasara la tormenta. “Cuando vimos la pista limpia fue un alivio. El aeropuerto era una casa y no había casa, pero la torre de control estaba en pie. Es un milagro que no haya pasado nada. De la isla no quedó nada, pero la comunidad se salvó. Ellos nos necesitan mucho”, dice.

Me doblé y recé.

Yolanda González, la directora del Ideam, también estaba en la isla cuando el ciclón alcanzó la categoría cinco. González asegura que durante el paso de Iota por la isla rezó toda la noche y que esta ha sido una de las conversaciones más largas que ha tenido con Dios. Sin embargo, reconoce que tuvo momentos de miedo debido a la fuerza de los vientos, por eso destaca que en el momento en que la isla se quedó sin comunicación sabía que lo mejor que podía hacer era estar con las familias damnificadas y transmitir todo su conocimiento. Ella y sus compañeros se resguardaron del huracán en la parte subterránea de la oficina en la cual se encontraban, desde donde monitorearon el rumbo de Iota, hasta que el servicio de energía eléctrica lo permitió.

Ya después del huracán, habitantes de la isla afirmaron que era necesario que el país se movilizara rápido para superar la crisis y advirtieron que el mayor temor es que se acabe la riqueza cultural de Providencia.

Cogeremos embarcaciones para ir a Providencia y ayudar.

Farid Zardibia, director de la fundación Pro Archipiélago, pedía por ejemplo ayuda para rescatar a los habitantes de Providencia, pues cada minuto que transcurría se sumaba a la incertidumbre desatada por el huracán. “No funcionan las comunicaciones, somos conscientes que la afectación como lo dijo el presidente sea del 98%, aquí el tema del último contacto fue de mucho amor y cariño mutuo con uno de los padres que atiende la región, hablé con él a las 6 de la mañana del domingo, no tenían nada nada de ayuda, se compró linternas, hablamos hasta las 3 de la tarde. Estaban trabajando con las autoridades, miro mi WhatsApp cada 10 minutos pero nada de comunicación”, sostuvo.

Estoy angustiada por mi familia en Providencia, faltó mucha gestión.

Para Enit Archbold, habitante de San Andrés, los cálculos de las autoridades fueron errados y no previeron lo que se venía. A su modo de ver, la improvisación del gobierno nacional y local fue total toda vez que, aseguró, se confiaron en que el huracán Iota iba a pasar más lejos. Archbold señaló que jamás hubo un plan de evacuación de Providencia porque nunca pensaron que fuera a tener semejante magnitud. “Faltó un poquito por parte del gobierno local de hacer unas alarmas preventivas. Se sabía desde hace una semana que este fenómeno venía. No hubo socialización. Fue a última hora, faltando dos días, cuando empiezan a hacer la gestión”, agregó.

Después del huracán: isleños y turistas piden ayuda

Tras el huracán, el restablecimiento de agua dulce es una de las principales peticiones de los habitantes de San Andrés. Patricia, una de ellos, dice que no hay agua ni siquiera en las cisternas de los baños de su casa, ya que estos, también fueron afectados por las olas, que, tomaron un gran tamaño y los cubrieron de agua salada. Dentro de su preocupación y dolor por lo ocurrido, entre lágrimas, pide al gobierno nacional apoyo para poder atender a los animales que resultaron heridos con el paso del huracán o que están enfermos y no han podido recibir atención debido a las dificultades que afronta el archipiélago en este momento.

Estamos incomunicados y con miedo

Sin embargo, el drama también es para muchos turistas que estaban de paseo y terminaron atrapados en medio del mayor ciclón que haya vivido la isla.

Un turista que estaba en San Andrés cuando el huracán Iota azotó la isla, relató cómo vivió las horas del desastre. El hombre había decidido escapar al encierro de la pandemia y aprovechar la reactivación del turismo para darse un puente soñado. Sin embargo, las cosas terminaron bastante distintas a como las había planeado y esos días de felicidad se convirtieron en momentos de miedo. “Estamos un poco asustados. Esto está bastante duro”, dice angustiado. “En el hotel hay seis parejas y está la administradora, pero el personal del hotel se fue y no ha vuelto. Las autoridades decretaron el toque de queda y por eso, nadie puede salir ni de los centros vacacionales ni de sus casas. En el hotel nos dicen que no es usual, pero que se están tomando medidas para nuestra seguridad. Estamos por ahora aquí resguardados y protegidos”, agregó.

Por otro lado, el documentalista Daniel Parra grabó 5 horas de cómo los vientos y el enfurecido mar se tomaban la isla. Sus imagenes evidenciaron la fuerza del Iota a su paso por el archipiélago. Al día siguiente, el cineasta grabó cómo había quedado tras el paso del huracán. Daniel dice que sintió muchas veces la necesidad de parar y ayudar a la gente, pero sabía que lo que estaba haciendo también iba a ayudar. Cuenta que todos pedían la presencia de los bomberos que, según él, son pocos en la zona. “Nos sentíamos como niños indefensos y sin saber qué hacer. No vale tu plata, no vale tu posición social, es la humildad en su estado más puro”.

Desde el sábado no tenemos comunicación con él.

Además, como el huracán Iota derrumbó las redes de comunicaciones y de electricidad de la isla de Providencia, la angustia de quienes tenían parientes allí se acrecentaba con las horas.

Hugo Buelvas, por ejemplo, contó que estaba preocupado por toda su familia: “Mi familia vive en la isla de San Andrés, tengo a mi padrino, a mi madrina y a mi prima que es hija de ellos. Ya tuvimos comunicación con mi prima y mi tía y nos dicen que en San Andrés ya ha disminuido todo el impacto de las brisas pero no han tenido comunicación con mi tío quien trabaja en Providencia. Él vive en San Andrés, pero por cuestiones de trabajo tiene que irse hasta Cúcuta. Desde el sábado a medianoche no tenemos comunicación con él. Lo que sabemos es lo que han dicho los medios de comunicación”, explicó.

¿Un huracán anunciado?

Sin embargo, algunos dicen que este ciclón no fue sorpresivo. Hace 15 años el meteorólogo Max Henríquez anunció que un huracán pasaría por la isla y sería devastador. Era importante que el archipiélago estuviera preparado para eso, pero, según él, las personas en las islas no son muy dadas a recibir consejos de los científicos debido a su nivel de religión, hecho que les impide creer en estos temas. Señaló, además, que esto no es culpa de nadie, sino una enseñanza que da la naturaleza que hay que prepararse, como también se debe hacer en la península de La Guajira, para evitar que resulte afectada como San Andrés con el paso de Iota.

Ahora San Andrés y Providencia intentan recuperarse. El temible ojo Iota pasó a menos de 12 kilómetros de Providencia. Las casas están en el suelo y la gente no tiene donde dormir, mucho menos donde preparar un alimento para calentarse. No hay energía ni comunicaciones. Casi 6.000 colombianos quedaron en la mitad del Caribe sin ni siquiera poder enviar señales de supervivencia. Es el momento de la solidaridad.

Iota deja 38 muertos; 2 de ellos en Colombia y 36 en Centroamérica
Foto: AP

El Gobierno nacional declaró a San Andrés y Providencia como zona de desastre, tras verificar la devastación que dejó el huracán Iota. Las imágenes hablan por sí solas, pero los colombianos que habitan en el archipiélago necesitan de la solidaridad nacional. El sector privado informó que, en respuesta a la emergencia climática, y con el objetivo de canalizar los esfuerzos en beneficio de los afectados por el huracán Iota, la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI) y su Fundación, se suman a tantas otras iniciativas, a la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (UNGRD), el Banco de Alimentos de Colombia (ABACO) y Colombia Cuida a Colombia, para activar con total decisión el protocolo de atención de desastres. Todos por la gente del archipiélago.


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