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ESPECIAL

Música para defender el territorio

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Fotografía por Comunidad del resguardo indígena de Puracé

Bendita pandemia

Chirimía por la vida

A través de las tradicionales chirimías, la comunidad del resguardo indígena Puracé respondió a los embates de la violencia y salvó la vida de muchos de los suyos.

El 31 de diciembre de 2001, la población del resguardo indígena de Puracé se encontraba realizando las actividades cotidianas de un día de feriado por ser el fin de año, algunos en sus casas y otros visitando a familiares en otras veredas. Sin embargo, hacia las 4 de la tarde inició un ataque armado organizado por el frente Jacobo Arenas, frente 13 y 6to, de las Farc. Cientos de hombres llegaron armados al poblado, al parecer con el fin de atacar directamente el comando de Policía que, en contraste, contaba con unos pocos hombres que permanecían en una estación pequeña.

El resguardo Puracé es una vía de conexión entre los departamentos del Cauca y el Huila, por tanto, es una importante zona de tránsito para diferentes actores armados. En las décadas de 1970 y 1980, el M-19 y el Quintín Lame hicieron presencia en el departamento, pero tras su desmovilización, a principios de los noventa, sus espacios fueron ocupados por las Farc y el Eln. Posteriormente, a finales de la década de 1990 y principios del 2000 incursiona en el departamento el bloque Calima de las Auc. El impacto humanitario del conflicto armado tiene su momento más crítico en la ofensiva de los grupos de autodefensas a partir del año 2000 y con mayor intensidad en 2001, con el aumento de los asesinatos selectivos, las masacres y los homicidios, y las confrontaciones armadas entre los distintos grupos armados ilegales y la fuerza pública.

Entre 2000 y 2003 se registraron un número importante de ataques de los grupos guerrilleros a municipios caucanos, dirigidos principalmente contra la fuerza pública mediante hostigamientos, ataques contra instalaciones principalmente de la Policía y las emboscadas a patrullas del Ejército.

De acuerdo con el Observatorio del Programa Presidencial de DDHH y DIH, “en este lapso la guerrilla realizó 415 acciones, de las cuales 60 por ciento se concentraron en tan solo 10 municipios: El Tambo, Popayán, Puracé, Cajibio y Piendamó, en el centro del departamento; Caldono y Santander de Quilichao en el norte; Patía y Sucre en el sur; y Rosas en la bota”.

Arte y cultura

Guardia indígena en el resguardo de Puracé. Se trata de una práctica ancestral y un instrumento de resistencia.

“La decisión de salir fue única y exclusivamente por defender la comunidad”

Evelio Caldón, miembro de la comunidad y exgobernador indígena

La cantidad de hombres armados, las balas, las amenazas y las pipetas generaron en la población zozobra y terror. Fue tan inesperada la situación que varias personas, en especial quienes apenas volvían al resguardo después de visitar a sus familiares, tardaron un poco en notar que los ruidos que escuchaban no eran producidos por la pólvora con motivo del fin de año, sino por el ataque guerrillero.

En medio de la confusión, los miembros de resguardo entendieron el riesgo en el que estaban sus vidas y además las vidas de los miembros de la policía nacional, pues la mayoría de disparos y detonaciones iban hacia la estación de policía y las casas de familia donde los policías alquilaban habitaciones para dormir.

Aun con el riesgo que había a su alrededor, durante esa tarde de diciembre, algunas personas de la comunidad como Julia Colosú, el profesor Hugo Armando Orozco y varios jóvenes y niños recurrieron a la chirimía, una antiquísima práctica y estrategia cultural de la comunidad indígena, con la que buscaron proteger la vida y reducir la tensión del momento.

En medio de los ataques y las balas, salieron con la chirimía y comenzaron a tocar sus canciones incentivando a la comunidad a que se sumara para apaciguar y dar armonía. “Con la chirimía se calmó un poquito. Pero seguían echando tiros. Decían que por qué no nos largábamos, nos trataron feo, pero nosotros seguíamos al frente”, recuerda Julia Colosú.

Mucho antes de la época de la violencia, hace varias décadas, cuando hacían procesos de recuperación de tierras y llegaba la fuerza pública a evitarlo, los indígenas tomaban sus flautas, la tambora, la charrasca e iniciaban la chirimía, lo que les permitía bajar la tensión del momento y abrir la posibilidad al diálogo.

Los cantos y la chirimía son, entonces, una parte importante de esta historia de exigencias, además de resaltar como un rasgo fundamental de la cultura ancestral y de la vida de la comunidad indígena.

Quienes empezaron a notar lo que ocurría y vieron la iniciativa que habían tomado algunas personas para defender a la comunidad y la vida de los policías, admiraron su valentía y, pese al temor, se sumaron al grupo. La chirimía les permitió enfrentar el miedo.

“La decisión de salir fue única y exclusivamente por defender la comunidad, por defender el pueblo, mucho valor de esta gente, mucha verraquera, porque eso fue así, yo creo que es muy poca la gente que mirando en este caso la guerrilla armada hasta los dientes, con carritos de estos de halar, y llenos de pipas de gas, hubiera actuado así”, cuenta Evelio Hernán Caldón.

De las diferentes veredas también llegaron más personas a apoyar y a defender a la policía y también a la comunidad, pues muchos de los que viven en el pueblo tienen familias en las veredas, y ese apoyo fortaleció la protección. Con la chirimía y usando sábanas, la comunidad logró sacar a los policías de la línea de fuego, los salvaron de caer en una masacre.

El ataque de la guerrilla generó mucho temor en toda la comunidad del resguardo Puracé, a quienes apuntaron directamente con sus armas, insultaron y les exigieron entregar a los policías. La toma guerrillera provocó que toda la comunidad pasara en vela hasta la madrugada del 1 de enero. Además, ocasionó la muerte de 5 personas incluidos policías y miembros de la comunidad y dejó a otras varias personas heridas. El Banco Agrario quedó destruido, así como la casa cural, la iglesia, el colegio Manuel María Mosquera y varias viviendas cercanas al comando de la policía.

Después de los hechos, cambió la vida en el corregimiento. Todo en Puracé fue más silencioso, menos expresivo y los niños y niñas que antes ayudaban en labores del campo, ahora eran protegidos por sus familiares pues temían que los reclutaran.

Ya no eran los niños y las niñas quienes hacían los mandados en las labores del campo.

Impacto positivo

En medio del miedo y el dolor que vuelven a sentirse al hacer memoria sobre lo vivido aquel 31 de diciembre de 2001, la comunidad indígena de Puracé también rescata el hecho de la valentía y la unidad que se generó en torno a la música de la chirimía, así como el rol que tuvo esta para apaciguar un poco las circunstancias y disminuir la intensidad de la detonación de las armas.

“Yo creo que la música de la chirimía es un medio para calmar esos eventos de la violencia y para convocar a la fuerza de la comunidad”, dice Evelio Caldón, miembro de la comunidad.

La chirimía es una parte de la vida de los resguardos. A pesar de toda la modernización, aun en Puracé se hacen bailes, verbenas y chirimías continuando con las prácticas heredadas de los ancestros. Los niños, las niñas y los jóvenes en su proceso de formación aprenden sobre la chirimía para que esas expresiones pervivan en el tiempo y sigan materializando la unidad y la solidaridad.

“Se contó con la fortuna de que esa solidaridad, ese sentir indígena, pudo evitar que los daños fueran peores. De lo contrario, la historia habría sido diferente. Espero que podamos mostrarle al país que ese sentido de solidaridad se debe materializar con acciones que lleven a una Colombia mejor”, menciona Aldemar Bolaños, miembro de la comunidad de Puracé, al recordar lo sucedido.

Aprendizajes en clave de convivencia y no repetición

La fuerza de comunidad, el espíritu de trabajo colectivo y la solidaridad es lo que la población del resguardo indígena de Puracé rescata de esta experiencia, y en general de la manera como se relacionan como comunidad indígena. Estos principios les brindan fortaleza y por ello los resaltan como elementos que les permitieron actuar en defensa de la vida en medio de ese duro momento de violencia.

“Todo esto nace a través de la colectividad, a través de que lo que me pasa a mí, le pasa al familiar y le pasa al vecino. Entonces, concretamente, en Puracé hay mucha solidaridad, a pesar de que es un resguardo y una comunidad pobre. Hay solidaridad en todo el sentido de la palabra”, dice Evelio Caldón y agrega: “La enseñanza principal es que dentro de toda la población de Puracé, el Cauca y Colombia, debe haber solidaridad, porque si los unos caminamos por un lado, y los demás por el otro, nunca lograremos hacer nada”.

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