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| 12/8/1986 12:00:00 AM

EL ULTIMO VIRUS

El "Epstein-Barr", una nueva enfermedad que hasta ahora venía catalogándose como hipocondría

EL ULTIMO VIRUS EL ULTIMO VIRUS
Sufren de fiebres no muy altas, dolores en las coyunturas y ardor en la garganta, pero no están resfriados. Viven exhaustos y padecen de debilidad, pero no tienen SIDA. Con frecuencia son confusos y olvidadizos, pero no padecen del mal de Alzheimer. Sienten tentaciones suicidas, pero no tienen depresión. Van de doctor en doctor, con una variedad de síntomas vagos, pero no son hipocondríacos. Sus principales víctimas son las mujeres que trabajan en cargos de responsabilidad, pero no es estrés.
Las personas que padecen en conjunto los anteriores síntomas están genuinamente enfermas. Pero, ¿de qué? El interrogante ha frustrado a los médicos durante décadas, y una respuesta definitiva no se ha encontrado todavía. Pero a medida que crece la atención por esta enfermedad, típica de los años ochenta, algunos pedazos del rompecabezas han venido colocándose en su sitio. Y de acuerdo con los descubrimientos recientemente realizados, muchas de estas víctimas infortunadas estarían afligidas por una manifestación crónica de lo que se conoce con el nombre del virus "Epstein-Barr".
La comunidad médica mundial está dividida en cuanto a qué es lo que está causando este molesto síndrome. Pero, a pesar de que no existe cura, y su tratamiento es poco efectivo, muchas de sus víctimas están agradecidas de que por lo menos saben en la actualidad cuál es el nombre de su mal.
El "Epstein-Barr" es un virus que causa la mononucleosis. Cerca del 90% de la población está expuesta a este virus en algún momento, usualmente a comienzos de la vida, cuando ocasiona síntomas muy benignos, y a veces ninguna manifestación. Pero el "EB" como otros miembros de la familia del herpes, a la que pertenece permanece "adormilado" en el cuerpo durante el resto de la vida, pero de pronto puede ser reactivado por el estrés, produciendo una racha fresca de síntomas poco placenteros; El que parece angustiar más a las víctimas es el de un agotamiento y debilidad extremos.
A pesar de que los médicos tenían conocimiento de la existencia de este virus desde hace más de 20 años, la posibilidad de que este sea responsable de una mononucleosis crónica sólo se planteó recientemente.
Todos los expertos están de acuerdo en que diagnosticar este desorden --y especialmente señalar el virus "Epstein-Barr" como su causa--, es todavía temerario. Los exámenes de sangre no son confiables; con frecuencia pacientes con los síntomas más severos no presentan evidencias de anticuerpos del "EB" y aquellos cuyos anticuerpos son, por el contrario, abundantes, no presentan síntomas del mal.
Las relaciones entre el virus y la mononucleosis son profundamente complejas. El culpable de que se desate la enfermedad puede ser un nuevo género del virus o quizás hasta otro virus diferente, que reduce la inmunidad y que permite que el "Epstein-Barr" se reactive en el cuerpo de la víctima.
Debido a que una buena cantidad de otros desórdenes pueden producir síntomas simílares, muchos médicos, sin embargo, son escépticos con respecto a los avances logrados en el diagnóstico de la enfermedad. Por eso en muchos casos los pacientes son tratados como hipocondríacos o sus dolencias le son atribuidas a otras causas, distintas al "Epstein-Barr".
Desde luego, existe un riesgo en el hecho de atribuirle este mal al "EB", porque enfermedades mucho más serias podrían pasar inadvertidas, como los tumores cerebrales, las anormalidades circulatorias o neurológicas, el lupus e incluso el SIDA. De mánera que el diagnóstico del virus "EB" sólo puede darse después de haber excluido una buena serie de otras posibilidades, para las que sí existen curas conocidas.
En cuanto al tratamiento del "Epstein-Barr", algunos investigadores han "cantado victoria" con ayuda de una droga oral llamada "Acyclovir", que fue aprobada en 1985 para la reducción de los síntomas del herpes genital. Pero en la mayoría de los casos, las víctimas simplemente tienen que aprender a vivir con su enfermedad, cuidándose mucho y especialmente descansando mucho.
Ahora, por lo menos, los pacientes del "Epstein-Barr" pueden encontrar confort en el creciente número de cientificos que finalmente están concentrados en el estudio de esta enfermedad, y que se han propuesto no descansar hasta descubrir la clave del misterio.

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