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| 3/23/1998 12:00:00 AM

LA CONEXION COLOMBO RUSA

SEMANA revela cómo el cartel de Cali se asoció con los narcosrusos para controlar el mercado de consumidores más grande del mundo.

LA CONEXION COLOMBO RUSA LA CONEXION COLOMBO RUSA
El narcotráfico no da tregua y sus tentáculos se extienden a sitios hasta ahora no imaginados. En la ruta transiberiana que conduce de la ciudad de Braskt, en pleno corazón de la remota Siberia, al puerto de Vladivostok, cerca de la frontera con Corea, el Servicio Federal de Seguridad de Rusia descubrió el pasado 25 de enerouna caleta subterránea en la que estaban almacenados 265 kilos de cocaína pura. Cinco días después, los agentes rusos establecieron la procedencia de la droga. Había sido embarcada, mes y medio atrás, en un buque de bandera búlgara que había zarpado del puerto de Buenaventura en Colombia rumbo a Gotemburgo, Suecia. De allí salió al puerto finlandés de Kotka. Los encargados de recibir la mercancía la trasladaron en una tractomula hasta su destino final en las afueras de la ciudad de Braskt, donde sería recogida por los distribuidores de narcóticos en Rusia.
No era la primera vez que las autoridades rusas decomisaban un embarque de cocaína procedente de Colombia. Dos meses atrás, los agentes del Servicio Federal habían descubierto en la base naval de Sebastopol, frente a las costas de Turquía, un contenedor con insumos químicos donde los narcos habían encaletado, además, 635 kilos de droga con destino final Moscú. Por esos mismos días, los agentes de aduana lograron detener en los aeropuertos de Moscú y San Petersburgo por lo menos siete 'mulas' procedentes de Perú, Ecuador, Venezuela, Belice y Colombia, cada uno con dos kilos de coca camuflados en sus cuerpos.
La conexión de la mafia rusa con los carteles de la droga en Colombia es cada día más evidente. Y tiene al gobierno de Boris Yeltsin con los pelos de punta. Así lo aseguró el embajador en Colombia, Ednan Agaev, quien en entrevista con SEMANA manifestó: "El tema de las drogas en Rusia es un problema muy grave. Lamentablemente nos dimos cuenta de ese peligro demasiado tarde. Nuestro país se ha convertido en epicentro de negocios de las mafias de la droga. La razón: un kilo de cocaína en Moscú cuesta tres veces más de lo que vale en Nueva York ".
Con esos márgenes tan altos de rentabilidad y los débiles controles costeros y fronterizos por parte de las autoridades rusas, los carteles colombianos están haciendo su agosto. De acuerdo con la Policía antinarcóticos, el año pasado salieron de los puertos colombianos con destino a Rusia cerca de 40 toneladas de cocaína. A simple vista, con esa cantidad de droga se podría abastecer el mercado mundial hasta el próximo milenio.
Estados Unidos ha sido tradicionalmente el país que registra los más altos índices de consumo de droga con más de 20 millones de consumidores, algo así como el 10 por ciento del total de la población. Sin embargo, hoy por hoy, Rusia no se queda atrás. Las cifras de consumo de estupefacientes en ese país son muy altas. De acuerdo con un informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes -Jife-, el 15 por ciento de los 150 millones de habitantes de la Federación Rusa ha consumido en algún momento de su vida algún tipo de droga. El número de drogadictos, es decir consumidores habituales, se calcula en la actualidad en tres millones de personas. El embajador Agaev aportó un dato aún más escalofriante: "El 30 por ciento de los dos millones de habitantes de Kaliningrado son drogadictos. Siempre habíamos pensado que nuestro problema era únicamente de alcoholismo, 50 por ciento de la población. Pero ahora esa mezcla de licor y drogas es una bomba muy poderosa".
Un informe del departamento antidrogas del Ministerio del Interior ruso, señala que en 1993 el negocio del narcotráfico movió en ese país cerca de 600 millones de dólares. La cifra se ha duplicado en los dos últimos años. Esto hace evidente que el crimen organizado ha ido ganando terreno y, como impera la ley del 'ojo por ojo, diente por diente', el terror se ha propagado como pólvora en las principales ciudades del país. Sólo el año pasado, la policía rusa registró una cifra récord de criminalidad: 50.000 delitos. De ellos, la mitad correspondía a ajustes de cuentas entre las diferentes mafias que controlan la distrbución de narcóticos en las principales capitales.
El origen
¿Cómo llegó Rusia a convertirse en un mercado tan apetecido por los carteles de la droga colombiana? De acuerdo con el embajador Agaev, el nacimiento de la mafia en su país tiene origen en la disolución de la antigua Unión Soviética: "Pasamos de ser un país reprimido a ser un país de libertinaje. El período de transición que estamos viviendo ha desorientado a nuestra sociedad. El crimen organizado se ha aprovechado de la crisis económica de nuestro país para organizar bandas muy poderosas que negocian en el mercado negro droga por armas. Pasamos de un extremo a otro y no sabemos cómo vamos a sobrevivir".
Fue precisamente en la época de la perestroika de Mijail Gorbachov cuando aparecieron las primeras organizaciones criminales. Entonces, sus negocios ilícitos se concentraban en el contrabando de armas, la trata de blancas y el tráfico de heroína con los países del llamado Triángulo de Oro asiático (Myanmar, Laos y Camboya), aprovechando la apertura de las fronteras que había hecho el gobierno de la Unión Soviética. Las más fuertes estaban concentradas en Grozny, San Petersburgo, Kiev (Ucrania) y Moscú.Una de las bandas criminales más conocidas era la de 'Silvester', nacida a finales de los 80. Años después, a comienzos de los 90, y tras haber hecho carrera con los más variados negocios ilegales, 'Silvester' entraría en contacto con los carteles colombianos de la droga. Otro de los grandes capos de la mafia rusa fue Ludwig Fainberg, alias 'Tarzán'. Tuvo que huir de la entonces Unión Soviética. Los grupos religiosos le habían puesto precio a su cabeza y se le estaba cerrando el cerco. A mediados del año pasado las autoridades rusas lo arrestaron, acusado de contrabando y asociación parta delinquir.
Los primeros indicios de que los carteles colombianos habían puesto sus ojos en el mercado ruso, fueron detectados por la Policía colombiana a finales de 1992. Entonces, con la colaboración del FBI de Estados Unidos, agentes antinarcóticos colombianos descubrieron que Julián Castaño, alías 'Caliche', una de las personas más cercanas a la cúpula del cartel de Cali, había viajado de Lima a Moscú para reunirse con un enigmático hombre. Era ni más ni menos que 'Silvester', quien se proclamaba como el gran jefe del cartel de Solntsevo, una de las bandas más poderosas del crimen organizado ruso. Durante esos encuentros, 'Caliche' y 'Silvester' acordaron la negociación, a gran escala, de embarques de cocaína. 'Caliche', enviado del cartel de Cali, ofrecía una participación del 50 por ciento en cada uno de los negocios que se realizaran. Ese trabajo fue de vital importancia para que, pocos años después, el cartel de Cali lograra meterse a fondo en el tráfico de drogas en Rusia. 'Caliche' y su gente se movilizaban como peces en el agua por toda la Federación Rusa bajo la protección de 'Silvester' y otros capos de la mafia. Fue así como, poco a poco, el cartel de Cali fue montando sus cuarteles de distribución de cocaína hacia los países de la antigua cortina de hierro en Moscú y San Petersburgo.
En 1995, los capos colombianos diseñaron un plan para despistar a las autoridades rusas. Organizaron una red de 'mulas' para el transporte de pequeñas cantidades de droga que, por lo general, caían en manos de la aduana aeroportuaria, mientras los grandes cargamentos ingresaban por los puertos marítimos. Según el embajador Agaev,"el Servicio Federal de Seguridad de Rusia tiene estadísticas que demuestran que tan sólo el 5 por ciento del total de cocaína que entra a nuestro país, es descubierto por las autoridades. Esto obedece a un problema de fondo. Las fronteras de Rusia son muy vulnerables por la carencia de vigilancia, situación que ha sido muy bien aprovechada por las mafias de la droga.


Sin fronteras
La mafia rusa es en la actualidad una organización muy poderosa. Dedicada a todos aquellos negocios que rindan buenos dividendos, uno de los más rentables es el de los 'asuntos mojados'. Son bandas especializadas en asesinatos selectivos y terrorismo a gran escala. De acuerdo con datos oficiales del Servicio Federal, el crimen organizado ruso cuenta con más de 4.000 grupos, cada uno de ellos conformado por entre 10 y 100 hombres, y especializados en tráfico de armas, narcóticos, prostitución, contrabando y asesinatos. La demanda de cocaína en Rusia es cada vez mayor. Las mafias han concentrado su negocio en las grandes capitales y en las zonas industriales. Uno de los principales mercados es Moscú. Con una población flotante de 15 millones de personas, en la capital rusa el crimen organizado ha montado centros de distribución en bares y discotecas. Todas las noches se abren las puertas de 1.500 discotecas y 500 bares que sólo cierran al amanecer. Allí se consigue de todo como en botica: cocaína colombiana, he-roína y opio asiáticos, lo mismo que marihuana, negocio que está bajo control de nigerianos.
La actividad se combina con el mercado negro de armas y de prostitutas. Cientos de miles de dólares van y vienen todas las noches en Moscú en medio de la impotencia de las autoridades rusas que no pueden ejercer un control efectivo para desmantelar las bandas.Ciudades como Kaliningrado y San Petersburgo, grandes centros industriales, también están en manos de la mafia. Allí el desempleo galopante y la crisis económica obligaron a cerrar las puertas de las principales fábricas. El panorama es desolador. Los pobladores no tienen para comer, pero se rebuscan para comprar droga y alcohol en el mercado negro.
De los millones de dólares que produce el negocio de las drogas, ni uno solo va a parar a los tres grandes bancos rusos. Los controles bancarios son muy estrictos. Quizás es la única puerta que han logrado cerrar las autoridades, que quieren evitar la entrada de grandes capitales del narcotráfico, pues pueden terminar con desestabilizar al país. Por esta razón, las autoridades rusas aseguran que la mafia ha decidido llevarse su dinero a otros países europeos y que algunos capos ya han puesto sus ojos en Estados Unidos. La DEA y el FBI han detectado en Miami y Nueva York la llegada de gran número de rusos dispuestos a invertir en negocios de finca raíz, supermercados y casas de moda. Las autoridades estadounidenses temen que esta nueva legión de rusos termine aportando testaferros a los carteles colombianos de la droga. Esas inversiones se están investigando lupa en mano, y a los dineros que vienen de Rusia se les está haciendo un seguimiento minucioso para establecer su verdadero origen.
Mientras tanto, la embajada rusa en Colombia ha comenzado a trabajar en llave con las autoridades locales. Se buscan formas de cooperación que permitan a Rusia hacerle frente a las organizaciones del narcotráfico. El primer paso se dio en noviembre del año pasado. Se firmó con la cancillería colombiana un acuerdo de colaboración entre los dos países para intercambio de información sobre los carteles que operan en Rusia y que tienen nexos con los colombianos.Otro paso ha sido el de buscar un acercamiento con la Policía antinarcóticos. Se intenta establecer las rutas de la droga entre Colombia y los puertos de entrada en Rusia. "En este período de ajuste muchas cosas han sucedido en mi país. Pero sabemos que con la colaboración de las autoridades colombianas, al igual que con la ayuda de las autoridades norteamericanas, podremos enfrentar ese flagelo mundial que está acabando nuestra juventud. Vamos para adelante, no estamos vencidos. Ahora más que nunca todos los esfuerzos de mi país están concentrados en erradicar el crimen organizado", señaló a SEMANA el embajador Agaev.
Agaev también ha sostenido una serie de reuniones con la embajada de Estados Unidos, especialmente con funcionarios de la DEA y de la CIA, para lograr un intercambio fluido de pruebas y datos que permitan identificar plenamente quiénes son los capos de la mafia rusa, quiénes tienen el control del mercado negro de armas así como quiénes son los que manejan las redes de trata de blancas. El gran poder de las organizaciones criminales rusas deriva en buena parte del hecho de que la mayoría de ellas está conformada por ex agentes de los servicios secretos como la KGB. Las condiciones políticas nuevas creadas por la disgregación de la vieja Unión Soviética dejaron a muchos de esos funcionarios sin qué hacer. Al no encontrar empleo en el nuevo Estado ruso, muchos de los ex agentes decidieron aliarse con la mafia. Una de sus principales misiones era contactar a grupos terroristas de los países del Tercer Mundo para ofrecerles armamento liviano, robado en grandes cantidades de los cuarteles de Georgia y Ucrania a comienzos de 1992, cuando la Unión Soviética se estaba desmembrando y ninguna autoridad ejercía control sobre los depósitos donde estaba almacenado. Los terroristas de Chechenia también aprovecharon el momento y sustrajeron material bélico de los depósitos oficiales para armar escuadrones de la muerte.
Sólo en 1994 el nuevo Estado ruso logró ejercer un severo control sobre la producción de nuevas armas. Pero el mal ya estaba hecho. Hoy en Rusia no existe un inventario del armamento robado. Lo único que saben las autoridades de ese país es que la mayoría de las armas livianas de la ex Unión Soviética está en poder de grupos terroristas de Afganistán y Turquía. Igualmente, se ha podido establecer que capos rusos negociaron con el cartel de Cali varios cargamentos de droga que fueron pagados con armas de corto y largo alcance, que posteriormente fueron vendidas en Centroamérica y a los grupos subversivos de Colombia.
El panorama es desolador. La guerra contra el narcotráfico no cesa, pero sus logros no alcanzan aún para cantar victoria. El narcotráfico, como la peste, se extiende a lo largo y ancho del planeta sin respetar fronteras, y sin que la comunidad internacional haya encontrado aún un mecanismo eficiente, distinto de la prohibición, para hacer frente a este fenómeno que amenaza la estabilidad política de muchos países, incluidos unos tan distantes entre sí como Rusia y Colombia.

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