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| 1/25/1993 12:00:00 AM

La toma de París

Con el homenaje que le rindió la Ciudad Luz, Fernando Botero se consagro como uno de los grandes de la historia del arte.

La toma de París La toma de París
DESDE CUANDO GABRIEL GARCIA MARquez recibió el Premio Nobel de Literatura en 1982, nada había estremecido tanto a los colombianos por cuenta de la cultura como el homenaje que París le rindió al artista Fernando Botero desde finales del pasado mes de octubre. Ninguno de los miles de turistas que decidió recorrer durante el otoño la avenida más famosa del mundo, dejó de sorprenderse con las 31 figuras de bronce que exhibían su obesa desnudez sin pudor alguno. Eran las gordas de Botero, que lograron robarle el show a las hermosas mujeres que tradicionalmente desfilan por los Campos Eliseos.
Se trata, nada menos, que del mayor homenaje que la capital de la cultura ha organizado para un artista en vida. Pero la fiesta no sólo corrió por cuenta de las voluminosas esculturas del antioqueño. Si bien este ya era un honor sin precedentes, apenas constituia uno de los tantos puntos del gran evento. También el Grand Palais le abrió las puertas a Botero, y el público del arte tuvo frente a sus ojos 120 oleos de toros hinchados y de robustos matadores que hablaban en imágenes de la mas reciente faena pictórica del colombiano: su serie La Corrida. Por su parte, una de las más famosas galerías parisienses, la de Didier Imbert, inauguró una exposición con 50 obras en papel y 20 esculturas en pequeño formato. La revista Paris Match, que durante meses se dedicó a hurgar archivos y a revisar álbumes de familia, exhibió 50 fotografías del artista trabajando en sus talleres de Pietrasanta, París, Nueva York y Cajicá.
Incluso en Colombia, la cuna del pintor, cualquiera de estos eventos hubiera sido un verdadero suceso cultural. Pero todos juntos, y en la ciudad que goza de mayor tradición artística, este homenaje no significa otra cosa que la consagración de Fernando Botero como uno de los más grandes pintores y escultores del siglo XX. Y también como uno de los más famosos: por eso, durante los dáas en que se tomó a París, a Botero se le vio rodeado de estrellas del cine, de afamados diseñadores y de los grandes del jet set, posando para fotógrafos de revistas y periódicos del mundo entero.
Seguramente este pintor, que comenzó su carrera haciendo dibujos para un diario de provincia, jamás imaginó que llegaría tan lejos. Pero hoy, cuando ha batido dos veces el record del cuadro más costoso de América Latina, y cuando se ha convertido en el mayor coleccionista de su propia obra, nadie duda de que Botero ha escrito ya una página destacada de la historia del arte. Y es que muchos críticos coinciden en afirmar que los tres grandes del presente siglo han sido Picasso, Bacon y Botero.

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