Koko es una gorila de 44 años que vive en la Fundación Gorila de Redwood City, California, con su entrenadora Francine Patterson, quien desde 1971 cuando era una estudiante de psicología Universidad de Stanford se hizo a cargo de sus cuidados durante 6 meses, a causa de una grave enfermedad que tenía el animal. Desde ahí se hicieron muy buenas amigas.
La historia de estas dos amigas se hizo tan famosa que incluso en enero de 1985 la revista National Geographic tuvo como portada a Koko junto con un diminuto gato que le había dado Francine para que lo adaptara.
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En la nota que publicó la revista también se destacaba que esta gorila es el único animal que se puede comunicar con los seres humanos a través de 1000 expresiones que aprendió del lenguaje de señas y que logra entender 2000 de estos signos.
Cuando pasó su edad madura y estaba en edad de procrear, se le despertó un instinto maternal intenso, pero debido a una enfermedad que sufrió cuando pequeña la dejó estéril. Al principio la intentaron consolar con juguetes de peluche, pero nunca fue suficiente.
Su criadora le había leído libros infantiles, con animalitos y personajes, y a partir de ahí Koko le indicó por señas que quería un gato.

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El primer gato que recibió, ‘All ball’, fue en 1984 y fue con el que posó para lo portada de la importante revista. Sin embargo, y en un descuido del personal de la fundación donde vive koko dejaron la puerta abierta y el minino se escapó y murió atropellado por un carro.
El dolor de Koko por la ausencia de si “hijo” fue tremendo, paso varios días sin realizar sus rutinas y con poco apetito. Ella necesitaba ser madre nuevamente.
Cuando koko llegó a su cumpleaños número 44 recibió la mejor sorpresa de su vida. Francine le llevó una caja de gatitos. Lo más bonito, es que además de tomarlos y mimarlos, Koko hizo espontáneamente a su entrenadora la señal de “gato”, seguida de la señal de “bebé”, comprendiendo que lo que tenía enfrente eran unos pequeños felinos.
Koko se tomó su tiempo y escogió a un pequeño de pelo gris oscuro. Pero a los pocos segundos se escapa de la caja otro gato para quedarse junto a ella. Aunque la entrenadora quería que solo fuera uno, se sintió incapaz de separar esta nueva familia.
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