El exministro Álvaro Leyva propuso la creación de un “gran movimiento nacional por la verdad” luego de que las Farc aseguraran que fueron ellos quienes asesinaron al dirigente Álvaro Gómez Hurtado en 1995.“La revelación hecha por las Farc-Ep a la Jurisdicción Especial para la Paz sobre los execrables crímenes señalados arriba me han llevado a cuestionar mi actividad buscando la paz nacional. Son ya treinta y ocho años cumplidos en esa poco agradecida tarea. Sin embargo, a pesar de la dificultades que se han cruzado en ese andar, de las incomprensiones de que he sido objeto, de las experiencias sufridas no siempre de grata recordación, las apabullantes verdades que comienzan a aflorar como resultado de haberse suscrito los Acuerdos de La Habana, tras largo proceso de negociación que en buena hora inició con entereza y culminó con tesón para bien de todos el entonces presidente Juan Manuel Santos Calderón, me llevan a concluir que hay que proseguir con la tarea. Las tristes verdades que van surgiendo y sacudiendo a la opinión pública del país invitan a insistir en que se conozcan más y más. Colombia jamás podrá avanzar si continúa navegando en el mar lúgubre del engaño, la desinformación y la ignorancia”, aseguró el exasesor de paz en los diálogos de La Habana (Cuba).El anuncio de la exguerrilla sobre el magnicidio de Gómez, el 2 de noviembre de 1995 en Bogotá, causó sorpresa en un país que por muchos años creyó que detrás del ataque contra uno de los principales dirigentes conservadores del siglo XX, estuvieron políticos rivales aliados con militares y narcotraficantes. En una declaración pública, la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, como pasó a llamarse las Farc, pidió perdón por lo que consideró un “error”.“A pocos días de cumplirse 25 años de este asesinato, (...) reconocemos ante la familia de Gómez Hurtado, el país y el mundo que somos responsables de este hecho”, dijeron los mandos de la otrora guerrilla, que se comprometieron a explicar el porqué consideraron a Álvaro Gómez un “objetivo militar” y también las razones para haber callado “este hecho todos estos años”.La exguerrilla se anticipó a la supuesta revelación de la senadora Piedad Córdoba en una carta que le envió a la JEP el 30 de septiembre y que fue suscrita por los excomandantes guerrilleros Pastor Alape, Julián Gallo y Pablo Catatumbo, estos dos últimos senadores por cuenta de los acuerdos de 2016 que terminaron con un conflicto de casi seis décadas.“Reconocemos que fue un error haber asesinado a un político de la talla de ÁlvaroGómez Hurtado. Hemos leído sus biografías y hoy sabemos que su contribución a la paz del país habría sido fundamental. Pero la guerra nubla la mirada del futuro y sólo permite ver la realidad en blanco y negro”, señaló en su declaración.Tras las dudas y el debate que la confesión ha suscitado, el exministro y exasesor de paz Álvaro Leyva lanzó su propuesta, contenida en este documento.Por un movimiento nacional por la verdadEl sábado 3 de octubre, mediante comunicado ampliamente difundido, la Jurisdicción Especial para la Paz informó al país sobre el recibo de una carta suscrita “después de una reunión celebrada el 25 de septiembre”, en la que el antiguo Secretariado de las Farc-Ep ofrecía “aportar verdad, esclarecer los hechos ocurridos y asumir tempranamente responsabilidad” de los crímenes perpetrados en las personas de Álvaro Gómez Hurtado, 2 de noviembre de 1995; Hernando Pizarro Leongómez, 25 de febrero de 1995; José Fedor Rey, 15 de septiembre de 1999; Jesús Antonio Bejarano, 15 de septiembre de 1999; Fernando Landazábal Reyes, 12 de mayo de 1998 y Pablo Emilio Guarín, 15 de noviembre de 1987. El país todo quedó sorprendido. Algunos quedamos turbados. Sobrecogidos. Así fue en mi caso personal.Álvaro Gómez Hurtado. Llevo su nombre por homenaje que mis padres quisieron rendirle. Mi historia personal vivida con Álvaro Gómez va más allá de lo que pueden conocer quienes fueron sus más cercanos o íntimos. Lo veo presente en mi niñez, y en el exterior en mi temprana edad, por razones del exilio. Ya, de adulto yo, sumo una serie de episodios concretos de imborrable recordación. El de resaltarle al público tuvo lugar a raíz de su puesta en libertad después de su secuestro. Se trata del reconocimiento de mi papel en el proceso de su liberación. Con el tiempo fuimos compañeros de Constituyente. Fue un placer reconocerle entonces el valor de su capacidad e inteligencia. En la puerta de la Universidad Sergio Arboleda, al lado del carro parcialmente destrozado por las balas que le cegaron la vida, viendo su sangre que manchaba el asiento trasero, lloré. Lloré a Álvaro. Lloré a mis mayores y episodios pasados de mi vida. Lloré a un hombre recto, a un histórico, a un talante. Para la fecha del trágico acontecimiento había ya cumplido yo once años trabajando en procesos de paz. Buscando la paz.A Jesús Antonio Bejarano lo conocí. Lo traté en la época de los diálogos de paz de Caracas con la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar. Hombre probo, profesional distinguido; economista con estudios en el exterior. Intelectual de valía, autor de importantes textos de significativo aporte al campo de su conocimiento. Con el general Fernando Landazábal coincidí en varios escenarios. Fue siempre recto conmigo. En algunos foros sobre la paz debatimos agradablemente. Discrepábamos en armonía. Leí sus libros con sumo interés.Qué poco sabemos sobre cómo han tenido lugar los hechos violentos de nuestra historia reciente. La violencia, la guerra, su degradación, terminó desbaratando las conciencias de hombres y mujeres. Solo salvaremos nuestra patria si reina la verdad. Ese es el alcance de la obligación de darla a conocer. Sin verdad no habría justicia restaurativa en los términos pactados en La Habana. O al contrario si se quiere: sin justicia restaurativa no habría verdad ni reconocimientos para las víctimas, mucho menos reparación y no repetición. Es por esto que la verdad y las víctimas son el corazón vivo de lo acordado en Cuba. No puede haber porvenir recto de no ser así.Y es que no quepa duda. Llegó la hora de la verdad. Llegó la hora de que la expongan todos los que participaron directa o indirectamente en el conflicto armado nacional durante lustros tras lustros: alzados en armas, fuerza pública, servidores del Estado, AUC’s, otros paramilitares y civiles. Fue, precisamente, lo que pretendí señalar en carta dirigida el pasado 19 de agosto a Rodrigo Londoño Echeverri (antes Timoleón Jiménez, Farc), a Salvatore Mancuso y a otros integrantes de las AUC.Colombianos: no más. El Estado y vastos sectores de la sociedad aún cabalgan cómodamente en el lomo de las mentiras que generaron la confrontación armada pero que son insostenibles en el escenario brindado al país por el Acuerdo de Paz de La Habana que muchos han pretendido soslayar o maltratar. El esclarecimiento de la verdad de los hechos del conflicto, por difíciles e incómodos que sean, son un elemento necesario para la construcción de la paz y la reconciliación. Es por esto que nuestra obligación ahora, igual que la obligación de todos, es construir un gran MOVIMIENTO NACIONAL POR LA VERDAD. El camino de la verdad puede ser tortuoso y triste pero hay que transitarlo. Además abre la trocha que nos habrá de conducir a la paz integral, definitiva, con la que tantos repetidamente hemos soñado.Álvaro Leyva DuránMadrid, octubre 5 de 2020