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La reportería secreta de SEMANA en Caracas, tras la búsqueda de Iván Márquez: esto fue lo que encontramos

De manera secreta, SEMANA indagó en la capital venezolana por Márquez. Todo indica que se encontraría en uno de los dos hospitales militares. Versiones hablan de traición de sus segundos al mando.


Sigue siendo un misterio la suerte del máximo jefe de la Segunda Marquetalia, Iván Márquez, prófugo de la justicia y quien encontró refugio y apoyo en el régimen de Nicolás Maduro. Se cree que habría sido herido de gravedad tras un ataque con explosivos. Esto sucedió en medio de la guerra que libran a sangre y fuego las disidencias de las Farc por el control del negocio de las drogas en territorio venezolano.

Lo primero que se conoció por fuentes en ese país es que habría muerto allá. Sin embargo, transcurrieron las horas y la versión fue cambiando. La más reciente es que los atacantes habrían dado por muerto a Márquez y se retiraron del lugar, pero varios de sus hombres de confianza que resultaron ilesos se habrían percatado de que aún estaba con vida y pidieron ayuda. En poco tiempo, un helicóptero, al parecer con matrícula venezolana, llegó hasta la zona y lo habría llevado a un hospital en Caracas.

SEMANA ha indagado durante los últimos días en la capital venezolana, tratando de seguir los pasos de Márquez. Esto es lo que ha encontrado a través de un corresponsal en Caracas, que tuvo que hacer la reportería de forma secreta para evitar represalias del régimen de Maduro.

A las afueras del Hospital Militar de Caracas, centro neurálgico de la atención al alto gobierno, se impone el silencio. La avenida que circunda el recinto, donde supuestamente murió Hugo Chávez, se muestra tranquila, con movimiento habitual, pero el comentario corre como pólvora: allá dentro está Iván Márquez.

Comerciantes lo dicen entre dientes, y personal de salud se congela ante la búsqueda de confirmaciones. Los uniformados evitan siquiera hacer algún gesto. Las personas que habitualmente están cerca de este hospital también prefieren no hablar.

Lo que sí hay es una certeza: si al jefe guerrillero de la Segunda Marquetalia le quieren dar el mejor tratamiento posible para recuperar su salud, luego del ataque que lo dejó al borde de la muerte y en cuidados intensivos, el Hospital Militar es uno de los dos únicos sitios clave donde tal cosa puede ocurrir.

El otro es el “hospitalito”, una institución sanitaria de menor tamaño, pero completamente equipada, donde atienden a los altos jerarcas del estamento gubernamental y militar, como el segundo al mando en el Gobierno de Venezuela, Diosdado Cabello, o el ministro Tareck El Aissami.

Ese centro se ubica dentro del Fuerte Tiuna, un cuartel militar de enormes proporciones enclavado en la propia ciudad capital. Llegar a él es imposible para quien no porte una chapa castrense y sea reconocido.

No obstante, informantes del Ejército reiteran que en las afueras del “hospitalito” tampoco ha habido ningún movimiento inusual. “Eso podría significar la discreción alrededor del tema”, ratifica una fuente. En las instalaciones sanitarias del Ejército, además, están los que saben atender heridas como las generadas por el tipo de ataque que recibió Luciano Marín, alias Iván Márquez: médicos surgidos de los propios cuarteles, principalmente.

En ambos casos hay helipuerto, vía por la que habría llegado Márquez desde el sur del territorio nacional. En el estado Bolívar, una vasta región minera, habría ocurrido el atentado, que inicialmente se sospechó que ocurrió en Apure, fronterizo con Colombia y terreno habitual de operaciones de las disidencias.

No hay otra opción. Al menos así lo afirman médicos que se mueven en ese restringido medio militar. En las clínicas que no maneja el Estado sería imposible mantener el secretismo necesario con una figura como esa, y ningún hospital público de los que usa la gente normal tiene capacidad para brindar la atención requerida con la discreción que ameritan las alianzas políticas.

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- Foto: afp

Ley del silencio

Entretanto, las fuentes permanecen cerradas. Hasta ahora el único comentario público del régimen chavista es la escueta negativa del ministro de propaganda, Freddy Ñáñez, quien el jueves negó que su despacho manejara información sobre el paradero de alias Iván Márquez. “En algún momento se va a esclarecer”, afirmó sobre las “especulaciones interesadas en politizar y en estigmatizar a Venezuela”.

En las oficinas de gobierno, no obstante, se acumulan los rumores de la posible participación de venezolanos, incluyendo algunos uniformados que priorizaron beneficios económicos a órdenes superiores. Un informante del Ministerio de la Defensa se pregunta si el ataque ocurrido el 29 de junio pasado sería posible sin la participación de nacionales.

En el Partido Socialista Unido de Venezuela evitan fijar posición. Apenas se indica que habrá que esperar el lunes a que Diosdado Cabello, el vocero habitual, brinde alguna declaración, pues solo él está autorizado a referirse al tema. El también diputado no mencionó el asunto en su programa de televisión del miércoles, en el que usualmente comenta todo tipo de informaciones durante casi cuatro horas.

El mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro, por su parte, ha optado por el silencio total. Ni se refiere al comentario hecho por el presidente Iván Duque el 2 de julio en el que el Gobierno colombiano intentaba verificar la supuesta muerte del líder de la Segunda Marquetalia.

La guerra en Venezuela

La discreción oficial, sin embargo, no ha podido impedir las confirmaciones sobre la presencia de las disidencias de las Farc en Venezuela y complicidades estructurales con miembros de la Guardia Bolivariana, que han dejado hasta ahora la muerte de cuatro jefes de las disidencias de las Farc en el último año: Miguel Botache Santanilla, alias Gentil Duarte; Seuxis Pausías Hernández, alias Jesús Santrich; Henry Castellanos, alias Romaña; y Hernán Darío Velásquez, alias el Paisa, todos entre Apure y Zulia, estados fronterizos con Colombia, en medio de la guerra.

Fuentes del régimen de Maduro no dudan en considerar que el ataque a Iván Márquez ocurrió por acción de cuerpos irregulares. Quizá el frente 1 de las disidencias de las Farc, pues el Ejército venezolano tiene una activa prohibición de actuar contra él o sus compinches, quienes, además, han ampliado sus zonas de influencia territorial y de impunidad en Venezuela.

Un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington registró, desde 2020, que las disidencias de las Farc obtienen más de la mitad de su financiación por medio de la minería ilegal en Venezuela, como la que ocurre justamente en los espacios del Arco Minero del Orinoco, ubicado en el estado Bolívar, donde habría ocurrido el ataque contra Márquez, específicamente en la zona de Caicara del Orinoco. La Segunda Marquetalia controla al menos cuatro municipios de Bolívar y todo el estado Amazonas.

El Arco Minero, que equivale al 12 por ciento del territorio nacional y donde se estima yacen más de 7.000 toneladas de oro, cobre y diamante, es tan amplio y rico que se ha convertido en un botín de donde también se financia la guerrilla del ELN (logrando allí el 60 por ciento de sus recursos, según CSIS) y otros grupos interesados asociados al chavismo.

Vivo o muerto, lo cierto es que se ha agudizado la guerra entre las disidencias, tal como dijo el propio Márquez cuando, en medio de la paranoia por la muerte de sus hombres más cercanos, mandó a matar a varios de los miembros de su círculo de seguridad. Consideraba que “no podía confiar ni en su sombra”.

También se habla de los sucesores de Márquez, José ‘Zarco’ Aldinever y Walter Mendoza, de quienes se dice que lo habrían traicionado por quedarse con el control de los negocios criminales, y, entre ellos, también se habrían declarado la guerra.

Venezuela, que antes era el refugio de la Segunda Marquetalia, se ha convertido en su campo santo. De hecho, por medio de correos humanos e interceptaciones, hombres de esa organización disidente han llegado a Colombia para abrir espacios y buscar pactos de no agresión que les permitan volver al país sin dejar el negocio del narcotráfico al otro lado de la frontera.

Para eso cuentan con el apoyo de los carteles de la mafia de México y Brasil, que han tendido puentes para tratar de frenar la guerra, pues, como dicen ellos mismos, “se están tirando el negocio”. Buscan que los jefes de las disidencias que ya están migrando de Venezuela se refugien en Ecuador. También les habrían ofrecido protegerlos y ocultarlos en Brasil y Bolivia.