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Los niños perdidos de Armero

Al cumplir 35 años la tragedia del volcán, decenas de madres que perdieron a sus hijos tienen pruebas de que estos sobrevivieron a la avalancha. Esta es la historia de una búsqueda llena de frustración y esperanza. ¿Qué pasó con ellos?


El día en que ocurrió la peor catástrofe de la historia colombiana, miles de madres sostuvieron las manos de sus hijos por última vez. Alrededor de 8.000 niños, entre más de 23.000 muertos totales, quedaron sepultados por la avalancha que provocaron las 35 millones de toneladas de material volcánico que arrojó el Nevado del Ruíz, el 13 de noviembre de 1985. Hubo un puñado, tal vez cientos de pequeños que sobrevivieron, al igual que sus padres, pero nunca encontraron el camino de vuelta a casa. Son los hijos perdidos de Armero.

Era casi la medianoche cuando Hilda Pedroza vio que “una montaña negra e inmensa” se abalanzaba sobre su barrio. Junto a su hijo Ricardo, de cinco años, corrió por las calles hasta una casa que encontró abierta, en donde intentó trepar al niño al techo para ponerlo a salvo. Ella le agarró la mano al niño y trató de resistir. Una bola de lodo que se le atravesó en la garganta la asfixiaba y un objeto desconocido la golpeó y le partió la pierna. Entre el estremecimiento de su cuerpo y la violencia descomunal de la naturaleza, ella y Ricardo soltaron sus manos.