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Javier Ordóñez: el contador de historias que la policía silenció

Un encuentro con amigos terminó en tragedia por la golpiza y las descargas eléctricas que le propinaron los agentes de policía. El hombre, de 43 años, deja dos hijos de 15 y 11 años. Su familia lo recuerda como un padre alcahuete y servicial, dispuesto a ayudar a todos.


"De esta no se me salva", fue la frase que le quedó marcada a Juan David Uribe después del dramático encuentro que tuvieron él y su grupo de amigos con dos agentes de la policía del CAI Villaluz, adscritos al cuadrante 47, en la localidad de Engativá, en Bogotá. Aunque las palabras fueron amenazantes, nunca imaginó que se convirtieran en una de las últimas cosas que escucharía su amigo Javier Humberto Ordóñez Bermúdez, quien falleció después de recibir cinco choques eléctricos en el cuerpo.

Oriundo de Girardot, Ordóñez vivía desde su infancia en un conjunto residencial en el barrio Santa Cecilia —sector de Villaluz, en el occidente de Bogotá— con su tía Elvia Bermúdez, desde que su madre se radicó en Barcelona, España, hace más de 30 años. La señora Elvia tiene su propio apartamento, pero su casa era el recinto preferido de varios de sus sobrinos, incluido Javier.

En la noche del martes, Javier disfrutaba de unos tragos con sus amigos sin saber que serían los últimos. Junto con dos de sus compañeros, entre ellos Juan David Uribe, salieron a comprar bebidas adicionales porque las que tenían ya se habían acabado. Era la medianoche. Pero todo estaba a punto de cambiar: "Faltando un cuarto para la una (de la madrugada) nos llamó el celador a decirnos que a Javier le estaban dando puño y pata los policías en la portería. Enseguida salimos corriendo mi sobrino Hernando, mi sobrino Sebastián, mi hermana y yo. Salimos corriendo en pijama", le contó Elvia Bermúdez a SEMANA.

Según dijo Uribe, no hubo ninguna riña con los policías que los rodearon. Los agentes llegaron directamente a pedir los documentos de identidad y fue ahí cuando le dijeron a Javier Ordóñez que de esta no se iba a salvar. "Póngame el comparendo si quiere", respondió Ordóñez. La multa podría verse justificada porque ellos estaban en estado de alicoramiento, aunque, según contó su familia, estaban tomando en el área de parqueaderos al frente del conjunto residencial.

En todo caso, fue tras esa respuesta que comenzó la agresión de los uniformados, únicamente contra Ordóñez, ya que Uribe no sufrió daños y tampoco se dejó quitar el celular con el que grabó las brutales imágenes que se convirtieron en noticia nacional. En el video se ve cómo este hombre de 43 años está en el piso reducido por los agentes mientras le hacen descargas eléctricas con una pistola táser. "No más, por favor, no más", suplica. Mientras algunos testigos del hecho presagian el desenlace fatal. "Lo va a matar", se escucha en la grabación.

"Nosotros tenemos un papá que sufre de diabetes y él en algunos momentos estuvo muy mal. Pero fue Javier el que estaba ahí: lo recogía, se lo llevaba para el hospital".

Javier Ordóñez vivió con su hermano —hoy residente en Argentina— y con su tía Elvia Bermudez hasta que en 2005 se casó con la madre de sus hijos. Javier Alexánder y Nicolás, de 15 y 11 años, permanecen en la casa de sus abuelos maternos desde que supieron la trágica noticia.

La pareja permaneció casada once años y hace cuatro se separaron. Lo sorprendente es que la relación de Ordóñez con su exesposa era tan buena, que justo el martes, 8 de septiembre, horas antes de la golpiza y la descarga eléctrica de los policías, ambos hablaron sobre el futuro: "Mi hermana me estaba contando que ayer habían hablado sobre el futuro, sobre los planes que tenían ellos como papás de mis sobrinos", le contó a SEMANA Eliana Marcela Garzón, la excuñada de Javier Ordóñez. "Hoy ellos se quedan sin papá".

Eliana recordó a Javier como una persona alegre y colaboradora: "Siempre que nos reuníamos, Javier era el que hablaba y contaba los chistes. Contaba historias de lo que sea. Él hablaba desde las cosas más tontas, hasta las más difíciles como la política y la economía. Ese es el recuerdo que tenemos".

Pese al dolor que la embarga, ella no olvida que Javier estuvo dispuesto a ayudar a su suegro cuando más lo necesitó. "Nosotros tenemos un papá que sufre de diabetes y él en algunos momento estuvo muy mal. Pero fue Javier el que estuvo ahí: lo recogía, se lo llevaba para el hospital. Fue una persona muy servicial y bondadosa", agregó.

Tanto la familia de Javier Ordóñez como Juan David Uribe coinciden en decir que lo ocurrido fue un asesinato. La escena que el testigo relató fue desgarradora. "Desafortunadamente se ensañaron con él hasta el punto en que lo asesinaron, creo que no hay más que decir (...) A mi otro amigo, al que esposaron, se lo llevaron porque también estaba grabando. Cuando llegué al CAI me dijo que ellos lo molieron a golpes", dijo a SEMANA Noticias.

Las descargas eléctricas hacían retorcer de dolor a Javier, pero, según contó Uribe, en los quince minutos que él tardó en llegar a pie al CAI de Villaluz, los agentes aprovecharon el estado de indefensión de su amigo para golpearlo brutalmente. Cuando lo vio, Javier estaba inconsciente y prácticamente tuvieron que suplicar que lo trasladaran a un centro médico. Los uniformados no ayudaron a cargarlo, fueron Juan David Uribe y su otro amigo —que también fue arrestado y dijo haber visto la golpiza— quienes se hicieron cargo de él.

Aunque fue llevado a la Clínica Santa María del Lago, la víctima llegó sin signos vitales, por lo que sus familiares claman justicia tras la actuación de los uniformados, que ahora están aislados de sus actividades en campo mientras se adelanta la investigación. "Ellos son unos asesinos. Queremos enviar un mensaje de no violencia, somos una familia pacífica, pero queremos justicia. No nos sirve que les pongan un proceso disciplinario, sino penal porque ellos asesinaron a mi cuñado", contó Eliana Garzón. Ella dice que el cuerpo de Javier Ordóñez aún no ha sido entregado a sus familiares. Por eso, y en gesto de protesta, este miércoles 9 de septiembre se realizará una velatón para pedir justicia en el lugar donde ocurrieron los hechos: la calle 55 # 77-21, en Bogotá.

Javier era ingeniero aeronáutico de profesión, pero jamás ejerció. La edad no fue impedimento para que comenzara una nueva carrera de abogado que ya estaba a punto de culminar. Vivía de los ingresos que recibía de un taxi que tenía, pero que no manejaba. Y quienes lo conocieron están seguros de que, de haberlo hecho, hubiera dejado la misma impresión que tenía su excuñada: "Era un contador de historias, hablaba duro, era una persona solidaria y, sobre todo, bondadoso. Era un papá alcahuete. Siempre dedicaba tiempo para jugar videojuegos con sus hijos y les daba la confianza para que tuvieran una buena relación".

Ahora su familia pide respuestas. Sebastián Bermúdez, el primo de Javier, lo sintetizó en una frase que dijo durante su entrevista con SEMANA: "No quisiera fomentar más odio porque esto es lo que tiene a Colombia así, lo único que pido como familiar es que se haga justicia".