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La silla vacía que la minga indígena puso en la Plaza de Bolívar, en Bogotá, con el nombre del presidente Iván Duque
La silla vacía que la minga indígena puso en la Plaza de Bolívar, en Bogotá, con el nombre del presidente Iván Duque - Foto: SEMANA

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Silla vacía de Duque: se repite en la minga una figura ya usada contra él

Como sucedió en un acto con las víctimas de la fuerza pública, en esa oportunidad acompañado por la alcaldesa de Bogotá Claudia López, en esta ocasión los indígenas recurrieron a la misma figura, en la Plaza de Bolívar, en Bogotá.

Vuelve y juega la figura de la silla vacía para el presidente Iván Duque. En esta ocasión por parte de los indígenas concentrados en Bogotá. El 14 de septiembre pasado, gran controversia política se generó en el país luego de que el presidente Iván Duque no asistiera a una celebración para honrar a los fallecidos durante las protestas registradas en la ciudad por la muerte del abogado Javier Ordóñez en medio de un procedimiento policial.

Algo que llamó la atención durante la ceremonia de perdón realizada en Bogotá, donde estuvieron presentes familiares de las víctimas, líderes religiosos y funcionarios del Distrito, fue una silla vacía con el nombre del presidente de la República. Aunque el jefe de Estado no estuvo presente, en representación del Gobierno nacional acudieron la consejera presidencial para los Derechos Humanos y Asuntos Internacionales, Nancy Patricia Gutiérrez, y el comisionado para la Paz, Miguel Ceballos.

En esta oportunidad, los indígenas concentrados en la capital del país hicieron lo propio. Frente a la primera silla, el mandatario afirmó, en entrevista con Vicky en SEMANA, que él no suele “dejar sillas vacías en ningún lado” y que la persona que puso el letrero con su nombre lo hizo de manera “premeditada” para tratar de mostrar que él no tiene “sentimientos” con las víctimas.

Cuando yo programo las cosas siempre estoy en las actividades y con profundo respeto institucional. Creo que en este momento el país tiene temas mucho más complejos que simplemente ver la conducta premeditada del funcionario que a todas luces trata de implicar que el presidente de la República no tenía ningún sentimiento frente a las víctimas”, dijo.

En esta oportunidad, los indígenas la instalaron en la Plaza de Bolívar para señalar que el presidente Iván Duque les incumplió. Miles de indígenas que sufren el repunte de la violencia en Colombia se concentraron este lunes muy cerca de la sede presidencial, en el corazón de Bogotá, para exigir ser escuchados por el presidente Duque, que criticó la movilización en medio de la pandemia por coronavirus.

El grupo de protesta, que reúne a comunidades originarias del suroeste del país, una de las más castigadas por grupos armados que se financian del narcotráfico, se aglutinó en la Plaza de Bolívar, en el centro de la capital, tras nueve días de viaje a pie y en autobuses. Unos 7.000 manifestantes con mascarillas avanzaron sin contratiempos o choques con la fuerza pública, custodiados por la tradicional Guardia Indígena, provista de chalecos, radioteléfonos y bastones con cintas multicolores. “Se rompió el miedo”, proclamó Ferley Quintero, miembro del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC).

Según el dirigente, los pueblos originarios resolvieron cruzar parte del país para “sentar su voz de rechazo” contra las políticas oficiales y hacerse escuchar por el presidente, ante su negativa de reunirse cara a cara con ellos en Cali. Aunque son múltiples sus reclamos, los indígenas han hecho sentir con fuerza su denuncia contra la ola de violencia que los envuelve y que según sus líderes deja al menos 167 muertos en más de dos años de gobierno de Duque.

El grupo que llegó a Bogotá inició días antes de una agitación social en la que también se movilizarán sindicatos y estudiantes en un “paro nacional” convocado para el miércoles, en rechazo a la administración de Duque, casi un año después de las protestas masivas y antigubernamentales que marcaron un hito en el país.

Tras la concentración, prevén retornar a su sitio de descanso y sumarse a la próxima jornada de protesta. Los pueblos originarios representan alrededor del 4,4 por ciento de los 50 millones de habitantes de Colombia. Los participantes de la minga, como se conoce en quechua a la organización colectiva, durmieron el domingo en un centro deportivo que fue adecuado para recibirlos por orden de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, opositora del Gobierno.

Este lunes marcharon hasta la Plaza de Bolívar clamando por sus vidas. “Queremos paz, igualdad, respeto y que no nos sigan asesinando más”, señaló Carmen Pito, de 53 años de edad. “El Gobierno debe escucharnos y recibirnos; merecemos respeto como todos”, añadió la mujer que caminó con su bastón en medio de voces de apoyo que recibían los indígenas a su llegada al centro de la capital colombiana.

Enfrentado a la severa crisis económica que trajo la pandemia, Duque se expresó molesto por la “aglomeración” en Bogotá cuando el país está cerca de alcanzar el millón de contagios (28.000 muertos) en siete meses de emergencia, aunque evitó referirse al pedido de un encuentro cara a cara con los indígenas.

El Gobierno ha rechazado el diálogo directo por considerarlo una suerte de debate político que a su juicio solo puede darse en el Congreso. “Nada justifica que en estos momentos pongamos en riesgo la salud y la vida. Si tenemos discusiones, démoslas en el marco de la democracia, sin que tenga que haber emplazamientos ni ultimátums”, afirmó el mandatario.

En el poder desde 2018, Duque lidia simultáneamente con el repunte de la violencia en algunos puntos del país, tras el Acuerdo de Paz de 2016 que desarmó la que fuera la guerrilla marxista más poderosa de América. El Estado colombiano es señalado de no haber tomado el control de los territorios dejados por los rebeldes, lo que facilitó el fortalecimiento de nuevas organizaciones que se disputan las rentas del narcotráfico, entre ellas las disidencias que se marginaron del proceso de paz.

“Nos están matando, están acabando con la juventud. Los indígenas, los afros, somos la población más vulnerada”, dijo Javier Peña, de 46 años y activista de las comunidades negras que se adhirieron a la minga.

Con información de la AFP.