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 A su corta edad ha participado en 70 torneos presenciales y desde los 5 años viene derrotando a rivales que llevan más de medio siglo en el deporte.
A su corta edad ha participado en 70 torneos presenciales y desde los 5 años viene derrotando a rivales que llevan más de medio siglo en el deporte. - Foto: Cortesía

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“Sueño con ser campeón mundial de ajedrez por Colombia”: la historia de Nicolás Ramírez, un niño prodigio de este deporte

Nicolás Ramírez es un niño de 9 años que ya conoce las mieles del triunfo. Ha ganado más de 20 campeonatos de ajedrez, enseña a otros niños a jugar y echa pullas a los gobiernos por no apoyar este deporte.

Con su pelo rojo, gafas, elegante forma de vestir y personalidad arrolladora, Nicolás Ramírez Villegas hace jaque mate de entrada en el corazón de cada persona que lo conoce. Tiene 9 años y, como cualquier niño, se divierte de la manera más inocente haciendo aviones, barcos de papel, corriendo detrás de sus carros o armando Legos. Sin embargo, parece todo un adulto al hablar y demostrar sus habilidades en el ajedrez.

Tiene un coeficiente intelectual de 160, le gusta estudiar, escuchar música clásica, es bueno para la informática, la matemática, entiende el inglés y es creyente. Cuando sea adulto quiere ser científico.

“Cuando yo tenía 4 años ya sabía multiplicar y dividir números decimales”, cuenta el niño.

A Dios le pide que lo acompañe cada que está sentado detrás de un tablero de ajedrez, y gracias a esas bendiciones y a su ardua preparación, es denominado el genio del deporte ciencia en Colombia.

Aunque nació en Miami, Nicolás llegó muy pequeño a Cali, creció entre peones, caballos, alfiles, torres, la dama y el rey. A los 4 años lo llevaban a la biblioteca departamental a divertirse con 16 piezas en un tablero de 64 casillas .Un año después ya era todo un profesional. Se medía a jugadores mayores y los derrotaba con facilidad.

“Jugué con señores de 45 o 50 años y uno de ellos me dijo que era muy bueno y recomendó que me llevaran a la Liga y ahí empecé a ganar todos los torneos, trofeos y medallas”.

De ahí en adelante, se movió en ortogonales, diagonales o en forma de L, como cada una de las piezas del ajedrez. Suma 70 torneos presenciales, ha ganado 25 y en su palmarés tiene ocho títulos en Colombia.

En Estados Unidos lo reclaman como un genio de ese país al punto de que el alcalde de Miami y la cúpula mayor del gobierno de La Florida le realizaron un reconocimiento. Pero él dice que su corazón es amarillo, azul y rojo, y que late por un país que poco lo apoya a él y a los niños ajedrecistas.

“La empresa privada es la que me apoya, pero el Gobierno no. Me gustaría que respalden a los niños de todos los deportes porque no es justo que haya actividades más importantes que otras”.

Pese a ello, ha superado obstáculos y quebrantos de salud. Con la ternura que refleja cuenta que para sus primeros nacionales se enfermó de una bronquitis aguda que por poco lo deja fuera del torneo, pero con picardía y risas asegura que aun con las maluqueras “ganó fácil”.

“Juego aquí porque siento amor y cariño. Aquí me he criado. Yo siempre he competido por Colombia y mi corazón me dice que este es mi país”.

Es bueno en las tres modalidades del ajedrez: clásico, activo y el blitz. Sin sonrojarse, dice que tiene un don especial para el deporte ciencia. Combina sus tareas de cuarto grado con los entrenamientos y dedica diez horas semanales a perfeccionar lo que desde ya considera una profesión.

“Hago táctica, que son ejercicios, juego en línea y veo muchos videos de aperturas”, confiesa.

Sebastián Herrera, su entrenador, y sus papás, Mónica Villegas y Octavio Ramírez, son su equipo de trabajo. Sabe que aunque lo que practica es individual, ha llegado lejos por jugar en conjunto.

“Es difícil jugar ajedrez porque hay que tener gran nivel, tener un don, entrenar duro y que crean en ti”.

Está convencido de que a su edad debe aprovechar el tiempo. Por eso en sus redes sociales enseña a otros niños lo que sabe del ajedrez.

“Me gusta enseñarles a otras personas, pero también doy consejos en los vídeos, que cuiden la naturaleza, que hagan deporte y que sean creativos para que los respeten”.

- Foto: Cortesía

Lo llaman genio y en su lámpara guarda además una habilidad muy especial: la comunicación. Incluso ha incursionado en emisoras como locutor.

“Me encantan los medios de comunicación. Lo llevo en mi corazón. Yo entrevisto a otra gente y enseño a dar jaque mate sencillos”.

Su aguda voz la levanta fuerte para responder el sueño que quiere cumplir.

“Ser campeón mundial de ajedrez por Colombia”, pero también para dejar un mensaje a los que llama “pequeños gigantes” de cualquier deporte.

“Luchen por sus sueños, no se rindan y pídanle a Dios por la felicidad, porque uno puede ser campeón o el mejor del mundo, pero si no eres feliz, no tienes nada”.