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Tasajera: un año de la tragedia en la que 45 personas murieron en medio del fuego y el hambre

Ha sido un año en el que el dolor de las familias sigue vivo. Hoy Pueblo (Magdalena) se viste de blanco a manera de luto.


Cristian Escorcia, quien vive en el corregimiento de Tasajera, se despertó este martes con la nostalgia y el recuerdo vivo de la tragedia que hace un año le arrebató a cuatro de sus primos. Ellos corrieron hacia el carro cisterna que estaba volcado a la orilla de la carretera el lunes 6 de julio del 2020. Faltaban 10 minutos para las siete de la mañana y veían en los 5.900 galones de gasolina que transportaba el vehículo la oportunidad de llevar algo de sustento para su casa, ya que completaban varios días en una difícil situación económica a causa de la pandemia y la falta de oportunidades que hay en su región.

Sin embargo, ese era el preludio de una tragedia.

En el kilometro 47 de la vía que comunica a Barranquilla con Ciénaga un gran mural hecho por los pobladores se rinde homenaje a 45 personas, entre ellos los primos de Escorcia, que murieron luego de que el carro cisterna del que estaban hurtando la gasolina se prendiera en llamas y abrasara con el fuego a una decena de jóvenes.

Hoy, en el mismo lugar en que se veían hace un año a hombres corriendo desnudos con su piel lastimada por las quemaduras, pidiendo ayuda y subiéndose a cualquier medio de transporte que pasaba por la zona, esperando ser atendidos en los centros médicos, caminan vestidos de blanco sus familiares, sobrevivientes y vecinos que se han solidarizado con la perdida.

En el polideportivo de Tasajera, se llevó a cabo este martes a las 9 de la mañana una eucaristía por el alma de quienes partieron y agradeciendo por la vida de los 29 sobrevivientes, según Fabian obispo Borja, alcalde de Pueblo Viejo, al finalizar la jornada se reunión en el punto exacto donde ocurrieron los hechos.

Escorcia, dijo a SEMANA, que estos 365 días han sido una tortura para su familia, ver crecer a los hijos de Keivin Samper su primo ha sido lo más difícil: “Los niños son bebes en brazos y nunca van a conocer a su papá, ni siquiera tendrán un recuerdo de él”. También manifestó que las reuniones familiares son dolorosas pues ya no están quienes le ponían la alegría a las festividades como la navidad. “Estaban en una edad prometedora, el más joven tenía 18 años y el más viejo, 20”.

Recuerda que hace un año estaban pendientes de los teléfonos, esperando saber cómo se encontraban sus seres queridos. Samper fue remitido a un hospital en Barranquilla donde murió días despues a causa de los daños causado por las quemaduras en más del 90 % de su cuerpo; en otras ciudades como Santa Marta, Valledupar, Bogotá, decenas de pacientes estaban en la misma situación.

“A nosotros nos trajeron el cuerpo de dos de los primos el mismo día, y días después los de los otros, pero lo cierto es que a diario estaban en una despedida diferente, porque empezaban a llegar los familiares de los vecinos”, relata Escorcia.

Sobrevivieron más de 20, hoy se adaptan a sus nuevas vidas, con las secuelas y las heridas de la diferencia social y los señalamientos “Muchos de los que se salvaron o los familiares de las víctimas mortales tienen que escuchar de la parte de la comunidad que lo que les pasó fue por su culpa, y eso es doloroso porque en realidad es consecuencia de una cadena de falencias y falta de oportunidades que hay en la región”, reconoce el alcalde de Pueblo Viejo.

En este año se crearon dos proyectos que esperan mitigar en algo el dolor y las necesidades económicas que atraviesan las familias víctimas. Dieron 50 becas completas para que mujeres viudas, madres e hijas de los fallecidos puedan capacitarse como auxiliar de farmacia. Los estudios iniciaron en mayo e irán hasta diciembre, no tendrán que pagar, ni matricula, ni uniformes, ni derechos de grado. Los profesores viajarán hasta el corregimiento para que ellas no tengan que gastar en transporte y, además, luego de que se gradúen, la misma administración municipal golpeará puertas en las empresas privadas para que sean contratadas.

Por otra parte, los sobrevivientes están a la espera de que inicie un plan piloto de proyectos productivos en los que 77 familias se verán beneficiadas con microempresas de producción de hielo y misceláneas, entre otras.

En realidad, hasta ahora esta iniciando lo que sería un cambio, pero lo que es vigente es que la pobreza es cada vez más notoria, pues muchos de los que estuvieron arropados con las llamas, eran cabeza de hogar de unas familias que por hambre acudían a la práctica que les cambió la vida. Ahora no están o quedaron incapacitados, por eso es que suplican una ayuda al Gobierno. “Si pudieran tener por lo menos una vivienda digna se lograría mucho, pero desde la alcaldía no tenemos recursos, sería bueno que el gobierno nacional nos volteara a mirar”, puntualizó Obispo, indicando que no se pueden fijar en la pobraza únicamente cuando hay hechos que lamentar.