OPINIÓN

Redacción Semana

Educación en construcción

Si ya se está pensando en un antes y un después de la educación en Colombia, resulta interesante proponer nuevos modelos de inversión pública.
4 de agosto de 2023 a las 12:10 p. m.

De cara a un nuevo año legislativo, el gobierno ha decidido, por fin, espabilarse con la educación y lo hace por su medio preferido: a punta de reformas. Con los fracasos en torno a los proyectos de salud, pensión y trabajo, la administración nacional le apuesta a contentarse con viejos socios o establecer nuevas alianzas entre la atmosfera de un tema que, hasta el momento, en este periodo presidencial, no se ha politizado.

Ya sea por estrategia política o por responsabilidad con los jóvenes votantes que habían olvidado en el primer año de poder; la discusión en torno al sistema educativo ya inicio y se espera, sea técnica y con vocación de concertación.

Hace unos días la ministra de Educación, Aurora Vergara, concedió una entrevista a W Radio con ocasión de la presentación del primer borrador de la reforma a la Ley 30 de 1992, mediante la cual se regula la educación superior. Señalo que, los cambios buscaban fortalecer las instituciones públicas, invertir en la cobertura y hacer énfasis en disposiciones especiales frente a los pueblos étnicos y las personas privadas de la libertad. Del mismo modo, apunto que se impulsaría una ley estatutaria con el fin de convertir la educación en un derecho fundamental.

La ministra recalcó el carácter imprescindible de la inversión exhaustiva en primera infancia para lograr resultados reales en la educación. Incluso, trajo a colación una particular interpretación de las ideas del economista James Heckman, quien es una figura de autoridad académica indiscutible. Lo curioso del asunto es que, el borrador de la reforma y, la postura inicial de la administración, parece ser una antítesis de los postulados del premio nobel.

El Dr. Heckman es famoso por sostener la postura de que, es más rentable tanto en lo social como en lo económico el invertir en la etapa de la niñez que en cualquier otra de la vida. Muy contrario a esta premisa, la posición del gobierno del cambio se enfoca de manera primordial en la etapa universitaria y en poblaciones adultas. Tal vez porque los niños no votan en las elecciones regionales.

No obstante, esa no es la única diferencia radical. En palabras de la ministra de Educación, buscan “modernizar la educación superior, garantizando los recursos necesarios para las Instituciones de Educación Superior públicas”. Ese pensamiento de que el tamaño de la chequera es directamente proporcional a los resultados positivos de una política pública es uno de los más cuestionados por el autor de Inequiality in America: ¿What role for human capital policies?

Al igual que Heckman, otro premio nobel ya habría señalado estas fallas décadas antes. Milton Friedman habría cuestionado los flujos de inversión a las universidades públicas debido a que, estas instituciones perderían el ánimo de innovar y sostener su calidad si el Estado les garantiza su sostenimiento sin mayor esfuerzo, no hay incentivos para mejorar. Por otra parte, se puede someter al sistema educativo a un círculo de corrupción de sus cargos y recursos avalado por el mismo abanico jurídico. Este ha sido el desenlace en distintos casos colombianos como el de la Universidad Distrital u otro tipo de entidades como Fecode. La reforma incluye una serie de derechos y concesiones sin percatarse de incluir deberes y sistemas de control eficaces para todos los actores.

Si ya se está pensando en un antes y un después de la educación en Colombia, resulta interesante proponer nuevos modelos de inversión pública. El antes mencionado Friedman fue uno de los teóricos más influyentes para el partido moderado de Suecia, que se basó en su tesis de bonos escolares para implementar una política pública educativa poco ortodoxa en los 90. Consistía en que, parte de la inversión pública, se otorgara en un váucher personal para cada estudiante y que, este, fuese canjeable en cualquier institución privada. A pesar de haber soportado fuertes críticas, hoy en día los indicadores señalan que los resultados han sido positivos.

La razón de ser radica en que el poder de la elección está en el usuario. Por ende, las instituciones educativas se esfuerzan por perfeccionar todos sus aspectos para atraer a los estudiantes. Esto permite que cada propuesta pedagógica sea distinta y se acople a las diferentes necesidades, entendiendo que, como lo dijo Heckman, “la naturaleza personalizada es la clave del éxito, ningún niño lleva el ritmo idéntico de adquisición del conocimiento”. En la diversidad está la fuerza.

Ojalá la reforma no padezca de fanatismos ni polarización. Esta y todas las propuestas deben ser escuchadas y tomadas en cuenta con humildad, es una oportunidad de reivindicación para el gobierno de turno.

La unanimidad en Colombia es tan solo un anhelo, pero si en algo estamos de acuerdo es en la necesidad ineludible de mejorar la educación del país para salir del abismo de pobreza, violencia y subdesarrollo en el que vivimos.