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Alejandro Cheyne

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El contador de historias de San Bernardo del Viento

Me contó que aún conservaba el hábito de madrugar, como solía hacerlo cuando acompañaba a los colombianos desde la radio con su programa matutino de entrevistas.

Alejandro Cheyne García
10 de febrero de 2024

En una tarde de abril de 2022, en su casa frente al mar, en Cartagena, tuve la oportunidad de conversar con el maestro Juan Gossaín y, sobre todo, aprender de él. Escucharlo fue un deleite y me produjo profunda admiración. Su voz, su sabiduría y su humor son extraordinarios.

Me contó que aún conservaba el hábito de madrugar, como solía hacerlo cuando acompañaba a los colombianos desde la radio con su programa matutino de entrevistas. Para el momento de mi visita, ya retirado de los medios de comunicación, aprovechaba las primeras horas del día en su casa para escribir, leer y contemplar las bandadas de pájaros que pasan por la bahía de Cartagena.

Para comprender el camino que lo llevó a convertirse en el referente que es hoy, hay que remontarse a su infancia. Creció en San Bernardo del Viento, un municipio costero de pescadores y agricultores, donde aprendió a leer y a escribir con un profesor que por la mañana era maestro y por la tarde era agricultor. A su padre, un inmigrante libanés, es a quien atribuye su amor por las letras. Me describió cómo lo recuerda, sentado en su pequeña tienda, en el pueblo, leyendo un diccionario página por página, como si fuera una novela, para aprender el idioma español. Ese diccionario es el primero de una colección de 125 ejemplares, que hoy Gossaín conserva en su biblioteca y que generosamente me invitó a conocer.

A muy corta edad tuvo que irse a un internado en la capital de Bolívar para continuar sus estudios y allí fue donde descubrió su vocación por la escritura. A los 10 años escribió su primer cuento, El ancón, inspirado en las leyendas de tesoros escondidos por piratas ingleses.

Fue escribiendo como llegó al periodismo, pues sus crónicas sobre hechos insólitos que ocurrían en su territorio, las que enviaba a El Espectador, llamaron la atención de Guillermo Cano, director del medio y destacado referente del periodismo. Cano lo invitó a trabajar con él y aunque al principio no estaba muy seguro, Gossaín aceptó el reto y se instaló en Bogotá.

De un proyecto de vida de cinco décadas dedicado a las letras, con múltiples reconocimientos y distinciones, entre ellos el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y el del Círculo de Periodistas de Bogotá, sin lugar a dudas, son muchas las lecciones que podemos aprender:

El valor de la amistad. El maestro Gossaín siempre ha cultivado la amistad como un tesoro, y ha sabido rodearse de personas que lo aprecian y lo respetan. Al recordar a Gabriel García Márquez, la forma en la que lo conoció, gracias a lo que él llama “la armonía del universo” y la amistad de décadas que sostuvieron, una gran sonrisa le iluminó el rostro. Los amigos son el mejor apoyo en las situaciones adversas y también son la mejor compañía en las alegrías, lo que los convierte en un soporte emocional muy importante.

De la misma manera, me habló con cariño y gratitud a sus dos maestros de vida y de profesión: “Me tocaron las dos maravillas del periodismo de aquel momento: el maestro de la ética, Guillermo Cano, y el maestro de la redacción periodística, el ‘Mono’ José Salgar, el mejor jefe de redacción que ha habido en el mundo”.

Los principios y la verdad por encima de todo. Los principios de imparcialidad, neutralidad e independencia han sido su brújula y su principal misión como periodista ha sido siempre buscar y difundir la verdad.

El talento sin disciplina es un desperdicio. “Parece una burla cruel de la naturaleza darle talento a quien no le da disciplina”, me dijo. Esta fue una de las frases que más me impactó de nuestra conversación. Sin duda, si a nuestros talentos sumamos esfuerzo y dedicación, aumentarán nuestras posibilidades de éxito, pero si, por el contrario, no trabajamos para potencializarlos, corremos el riesgo de desaprovecharlos.

Aprendizaje y mejora continua. “La mejor crónica, la mejor entrevista, el mejor reportaje es el de mañana”, expresó. Cada día es una oportunidad para aprender algo nuevo, potenciar nuestros talentos y actualizar nuestros conocimientos. Para lograrlo, es fundamental que adoptemos una actitud de escucha activa, apertura al diálogo constructivo y atenta observación de la realidad que nos rodea.

Educación humanística para reconstruir el tejido social. Me compartió su reflexión sobre la polarización y la violencia en nuestro país: “La virulencia político-electoral nos ha vuelto virulentos en la vida cotidiana”. Para superarla, la educación, que empieza en el hogar y continúa en la academia con la formación de proyectos de vida, es el factor clave.

Finalmente, no podía dejar pasar la oportunidad para pedirle un mensaje inspirador para los jóvenes: “No se dejen vencer, sigan luchando, traten de ayudar a construir un país mejor, un país nuevo. Hasta el último día de su vida luchen por sus sueños. Cuando uno se fuerza, tiene disciplina y lucha, logra todo lo que sueña. No abandonen sus sueños, sus ilusiones, sus esperanzas, nunca. La voluntad humana, cuando está decidida y resuelta, vence todas las adversidades”. Y dirigiéndose especialmente a quienes se forman como periodistas, enfatizó: “No se les olvide, muchachos, la verdad por encima de todo”.

Con ocasión del Día del Periodista, la Universidad del Rosario rindió un reconocimiento especial al maestro Gossaín por su ejemplo, su compromiso con la verdad y su contribución al país con su labor periodística de calidad y rigor. Fue un honor y un placer dialogar con él y escuchar sus anécdotas, sus reflexiones y sus recomendaciones. Gracias, maestro Juan Gossaín, por una conversación inolvidable.