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Opinión

  • | 1985/10/14 00:00

    FINALMENTE... ¿QUE PASO?

    "Extorsión", una serie que puso la cámara en la llaga nacional de la violencia

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Cuenta la historia del teatro europeo que en la época del Renacimiento las farsas eran creadas sin la menor pretensión de reflejar situaciones ni caracteres de la vida, hasta que llegó Moliere con sus "Preciosas ridículas" y devolvió al divertimento su sentido crítico-reflexivo. De ese tiempo acá ha pasado mucha agua bajo los puentes, pero la función de la dramaturgia (sea en teatro, en cine o en televisión) sigue siendo la misma.
He aquí uno de los grandes aciertos de Extorsión,una serie que puso la cámara en la llaga nacional de la violencia, tocando un tema de actualidad que cuestiona valores y crea polémica entre los televidentes. Desafortunadamente, en su desarrollo no logró trascender ni aportar un nuevo punto de vista a la problemática de la paz. Y digo en su desarrollo porque las intenciones eran otras. Todavía recuerdo la imagen de Bernardo Romero Pereiro entrevistado por Amparo Peláez en Telesemana, apenas unos días antes de comenzar las transmisiones. No podría repetir en forma textual sus palabras, pero sí su idea central cuando dijo: es necesario mostrarle al país que la paz es un trabajo de equipo. Todos tenemos que poner nuestro grano de arena... Tal parece, sin embargo, que el objetivo final no se cumplió y todavía nos estamos preguntando, ¿por qué?
A juzgar por algunos comentarios escritos y otros que se oyen por la calle, los televidentes de Extorsión vieron la representación con una actitud fría, poco participativa. Sencillamente, no se metieron en el drama, en consecuencia, tampoco creyeron en él. Dice Gilberto Marenco Better en su columna "Videomanías": "No entiendo cómo se pretende mantener al aire una estación de T.V. que se ve en todo el país con seis hombres actuando en el asalto. Ni que fueran los superamigos" (Week-End AG-25-85), y Germán Yances en su "Pulso": "Extorsión no alcanzó a aclimatar el suspenso, la toma del estudio resultó fría y estuvo desprovista del drama humano..." (Telerevista N° 337).
Algo similar opina el cuerpo de redacción de esta revista: "La serie pasó sin pena ni gloria" (SEMANA N° 175). Una señora entrevistada por cierta emisora radial respondió sobre el punto: "A mí no me impresionó porque me dí cuenta que los rehenes eran de mentiras, hasta vi uno que se reía".
Quizás el problema vaya un poco más allá. Vamos por partes: es evidente que la culpa no fue del libreto, que desde el primer momento creó su propia lógica y se movió dentro de ella logrando plantear situaciones alternas en por lo menos cinco áreas dramáticas. Bernardo Romero, uno de los libretistas realmente importantes de este país, fue dueño de sus personajes y de sus situaciones desde la primera hasta la última escena. Tampoco puede culparse. La dirección técnica, que conservó un estilo y reveló impresionante trabajo de edición, sonorización y manejo espaciotemporal.
Sobre los actores, como siempre sucede, hay diferentes opiniones, quizás porque éste es el punto en que más cuenta el gusto personal de cada quien; así que, dejémoslos tranquilos. Lo que me parece interesante es tratar de averiguar cuál fue el nudo que no pudo desatar la audiencia.
Pensando por aquí y por allá, revisando una y otra vez los capítulos como si fuera una obra propia, se me ocurre pensar que la falla de Extorsión pudo estar en el enfoque, quizás faltó insistir en el punto de vista clave. Es evidente que el director quería concientizar a la comunidad. Tan evidente que le dio a la solidaridad un papel preponderante en el capítulo final. Recordemos si no, cómo ni el Ejército, con todos los operativos juntos, logró lo que consiguió un grupo de ciudadanos comunes al bloquear una carretera. El mensaje era, pues, muy claro, pero llegó demasiado tarde, quizás porque durante tres capítulos anteriores los puntos claves de atención estuvieron centrados en los secuestrados, los secuestradores y las fuerzas del poder. A Bernardo se le olvidó (?) el público (me refiero al público dentro de la serie, al mismo que gracias a una transmisión de radio decidió salir corriendo para bloquear la carretera). Probablemente si ese público hubiera sido el verdadero protagonista de la serie, nosotros (los televidentes reales) nos hubiéramos visto implicados en una forma emocional directa.
En pocas palabras y pará no enredar más la idea, creo que el éxito de la serie hubiera sido producir en el televidente real lo mismo que produjo en el televidente y radioescucha ficticio: solidaridad. Haber logrado eso le hubiera evitado también comentarios e interpretaciones suspicaces sobre la función del Ejército, los delincuentes comunes y la guerrilla.--
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