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Opinión

  • | 2003/03/03 00:00

    La disyuntiva

    Lo que hoy se juega en la ONU es escoger entre un superpoder que juzga y castiga por sí solo, o un cuerpo plural sujeto a reglas previas

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Una explosión atOmica en Manhattan o una pandemia de viruela en California son pesadillas que explican la dureza de Bush contra Hussein. Irak sin duda tiene armas prohibidas, sin duda quisiera usarlas contra USA y sin duda viola los mandatos de la ONU.

Es más. Estados Unidos no puede esperar al golpe para tomar medidas, ni puede hacer diferencia entre un Estado y una banda terrorista. Así se entienden los principios de "ataque preventivo" y de actuar con o sin consentimiento de otros países, que están alborotando la política mundial.

Lo que hoy se juega en el Consejo de la ONU no es pues sólo la suerte de Hussein. Es escoger, literalmente, entre dos mundos: el de un superpoder que juzga y castiga por sí solo, o el de un cuerpo plural sujeto a reglas previas. Y en manos de uno solo es mucho el riesgo de acciones ilegales, caprichosas, dañinas e innecesarias -comenzando por la cantada invasión de Irak-.

Es ilegal, porque la Carta de la ONU sólo admite dos guerras. La de legítima defensa ante un "ataque armado" (Artículo 51) -pero cualquier país que intente atacar a USA se estaría autoborrando del planeta-. Y la guerra declarada "expresamente" por el Consejo de Seguridad (Artículo 42) -así que ningún país o coalición de países puede atacar sin orden del Consejo-. Irak, más aún, no es el único Estado que incumple resoluciones del Consejo: a la mano están los casos de Rhodesia (por el apartheid), Suráfrica (ocupación de Namibia), Turquía (ocupación de Chipre), Ruanda (genocidio tutsi), Camboya (elecciones internas) o Israel (regreso a las fronteras del 67) donde ni Bush, ni Blair, ni Aznar han ofrecido mandar tropas.

Es caprichosa, porque hay Estados tanto o más peligrosos que Irak. Según el propio Pentágono, existen 17 países con armas atómicas o posibilidad inmediata de producirlas, 20 con armas químicas, 26 con armas biológicas y 70 con misiles de largo alcance. Entre los dueños de este arsenal figuran dictadores sanguinarios, Estados colapsados y pueblos que odian a los gringos. Por ejemplo Pakistán, un poder nuclear donde pululan los

Talibán. Irán, en el "eje del mal", que acaba de encender su reactor. Y ante todo Corea, que puede disparar sobre San Francisco y anda haciendo amenazas a voz en cuello.

Comparado con esos, Irak es un enano. Carece de armas nucleares y de misiles que valgan ese nombre. Y el mismo Pentágono estima que Hussein tiene hoy un tercio de la tropa que tenía en el 91 y que su gasto militar se halla reducido a una décima parte. En cambio Kuwait, Israel, Turquía y Arabia Saudita -sus víctimas potenciales- se armaron hasta los dientes.

Es dañina, porque el diluvio de bombas previsto mataría un millón de iraquíes, desplazaría otro millón y causaría epidemias dantescas. Pero además dañina para Estados Unidos -y por varios conceptos-. Uno, porque si hubiera que luchar en las calles de Bagdad, su desangre sería inmenso. Otro, por el desgaste de opinión mundial e interna. Uno peor, por los millones de mártires-terroristas que incubaría la masacre. Y otro más sutil, porque los países que siguen en la lista tienen que moverse rápidamente (por eso las movidas de Irán y de Corea).

Y lo peor de todo, es innecesaria porque las armas pueden destruirse sin invadir ni destruir a Irak. Hussein está quebrado y su milicia diezmada, como vimos, tras 11 años de bloqueo riguroso. Entre el 91 y el 98, los inspectores de Unscom dieron cuenta de casi todo su arsenal y su capacidad de producir armas nucleares, biológicas o químicas. En sólo unas semanas de visitas, el equipo de Blix viene logrando avances elocuentes. Ya en 1982, pilotos israelíes destruyeron limpiamente el reactor de Hussein, ¿pues qué no haría hoy un piloto norteamericano?

Así que en vez de jugar al llanero solitario, Mr. Bush bien podría iniciar una campaña para que India, Pakistán, Corea o Israel imiten a Suecia, Suráfrica o Brasil al renunciar a las armas nucleares. O una campaña para que la policía de muchos países se dedique a perseguir el terrorismo bajo supervisión de un tribunal internacional donde tomen asiento jueces árabes. Un mundo así sería más seguro para todos. Para Estados Unidos. Y para Mr. Bush.
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