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Columnista José Daniel López
Columnista José Daniel López - Foto: SEMANA

La reforma tributaria que no será

Los partidos ya están mostrando sus cartas. En Cambio Radical, tomamos la decisión de oponernos a esta iniciativa.

Por: José Daniel López

A la reforma tributaria presentada por el gobierno nacional le llovieron críticas desde antes de ser radicada. Pero el texto radicado sobrepasó los peores temores. El proyecto parece escrito por Darth Vader, el legendario villano de Star Wars; y los rebeldes, sus antagonistas en la saga, vienen a ser los colombianos de clase media.

Veamos algunas perlas:

- Doble impuesto para los pensionados: primero, se eliminan los incentivos para el ahorro voluntario, inexplicable en un país donde solo el 36% de personas mayores logra jubilarse. Y luego, se fija un gravamen sobre las pensiones de quienes ganen más de $4.800.000 en su mesada pensional.

- Pago de impuesto de renta para quienes ganen más de $2.600.000 mensuales.

- Servicios públicos con IVA del estrato 4 para arriba. Esta propuesta olvida por lo menos dos cosas fundamentales: i) estos estratos ya pagan subsidios cruzados; ii) la estratificación no es la mejor herramienta de focalización. Así, podríamos terminar gravando servicios públicos de miles de familias que viven en pobreza oculta en estos estratos.

- IVA al servicio de Internet domiciliario del estrato 3, que afecta a 2.200.000 familias.

En síntesis, una persona natural que gane $4 millones mensuales verá aumentada su tributación anual en 300%. Y alguien que gane $5 millones mensuales, en 400%. ¡Increíble pero cierto!

Pero además, es carreta que la Reforma Tributaria sea una gran estrategia de superación de la pobreza. ¿Qué clase de lucha contra la pobreza es aquella que le pone IVA a los celulares que cuestan menos de $800.000, o a los computadores de menos de $1.800.000, cuando millones de niños y jóvenes colombianos necesitarán Internet para educarse, incluso superada la pandemia, pero a veces no cuentan con un dispositivo tecnológico para conectarse?

¿O tiene sentido desde la perspectiva de superación de la pobreza cambiar las reglas de juego para la construcción de vivienda de interés social y prioritario, causando la pérdida de 100.000 unidades anuales en oferta y la pérdida de alrededor de 400.000 empleos? Pocas estrategias más eficaces en la lucha contra la pobreza que la educación, la vivienda propia y el empleo formal.

Podría seguir con otras críticas a la reforma, pero no acabaría nunca: la pretensión de derogar media Ley del Cine; el IVA al deporte; el IVA a los servicios funerarios (¡en pandemia!); el encarecimiento de los bienes de la canasta familiar a través de la eliminación del régimen de exclusión de IVA, que en la práctica equivale a un arancel contra los productores locales y a favor de los bienes importados, como lo ha denunciado Germán Vargas. En fin.

Es cierto que la Nación necesita cuadrar caja. La pandemia disparó el endeudamiento y el gasto público. Pero es impresentable que esta reforma le tire a la yugular a los colombianos del común, ya suficientemente golpeados por la pandemia, en lugar de recurrir a opciones más “solidarias y sostenibles”. Alternativas hay. Entre ellas, la eliminación de exenciones tributarias que generan poco empleo; la reducción de la burocracia del Estado; mayores medidas para prevenir y sancionar la evasión de impuestos; y una mayor cuota de responsabilidad del sector bancario, que solo el año pasado generó dividendos por $6,1 billones.

Los partidos ya están mostrando sus cartas. En Cambio Radical, tomamos la decisión de oponernos a esta iniciativa. Es previsible que los liberales y la U tomen el mismo camino. Por cuenta de esa realidad política, es cada vez más evidente que el gobierno tendrá que tomar una decisión difícil pero necesaria: anticiparse, ganar tiempo y retirar el proyecto en el Congreso, para evitar un hundimiento que termine por afectar aún más su gobernabilidad.