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Opinión

  • | 2004/01/04 00:00

    ¿Por qué no se suicidó Hussein?

    Una autoridad explicó que Saddam no será torturado. Que tan sólo se le haría permanecer horas de pie y se le permitirían pocas horas de sueño

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Un día después de saber que Mussolini había sido colgado cabeza abajo, al lado de su amante Clara Petacci, en una plaza de Milán, y apedreado violentamente por la multitud, Adolfo Hitler tomó su propia decisión de quitarse la vida al lado de su amante, Eva Braun.

Sin embargo no tomó por sorpresa a ninguno de sus

colaboradores. Era el final obvio para este dictador que tanto sufrimiento le había ocasionado a la humanidad y tan largo rastro de dolor había dejado atrás.

Mientras los soviéticos rodeaban la guarida de Hitler, según la biografía de Ian Kershaw, "el estado de ánimo que imperaba en el búnker alcanzaba ya por entonces el nivel cero. Todos tenían escrita la cara de desesperación. Todos sabían que era sólo cuestión de horas el que Hitler se suicidase.".

Con su propio puño y letra lo había anunciado por escrito: "No deseo caer en manos de enemigos que necesitarán un espectáculo preparado por los judíos para divertir a sus masas excitadas".

Otras biografías sostienen que Hitler no estaba dispuesto, según sus propias palabras, "a ser llevado como un oso enjaulado para ser exhibido en Moscú".

En cualquier caso, repito, a nadie sorprendió encontrarlo en su habitación al lado de Eva Braun, sentados juntos en el pequeño sofá de un estudio angosto y agobiante. Ella estaba desplomada a su izquierda. "Su cuerpo despedía un olor intenso a almendras amargas, el olor característico del ácido prúsico. La cabeza de Hitler colgaba inerte. De un agujero de bala de la sien derecha goteaba sangre. A sus pies, estaba su pistola Walter de 7.65 mm.".

Todos esperábamos un final parecido de Saddam Hussein. Por eso ese hombre manso, medio desconcertado, dócil, que encontraron los soldados norteamericanos, prácticamente enterrado en una fosa, se ha convertido en un gran enigma para la historia.

''Defeated'' (derrotado), fue la palabra exacta utilizada por los periodistas para describir su estado. No podía ser otra, tratándose de un presidente que perdió sus palacios, su ejército, sus hijos, su país y por último su dignidad.

Mientras las autoridades gringas le escarbaban las amígdalas y le sacaban piojos de la cabeza, parecía muy cansado. Un par de AK-47. y una pistola, jamás fueros disparadas.

¿Acaso en el Islam no es preferible la muerte antes que el deshonor?

Preguntado por el periodista Dan Rather, unas semanas antes de su captura, si en esta eventualidad cometería suicidio, Saddam respondió crípticamente: ''Nada va a cambiar la voluntad de Dios''.

Fue tan incomprensible la actitud de Saddam, que a las pocas horas sus dos hijas salieron a decir que su padre estaba drogado. No de otra manera podían entender su docilidad ante la humillación plasmada por las cámaras de televisión. Y su dócil aceptación de un destino inevitable: su ejecución o una cadena perpetua.

Pero antes de eso, y Saddam lo sabe, tendrá que afrontar un juicio que será transmitido como un espectáculo de dominación de Estados Unidos frente al mundo. También sabe que las garantías que acompañarán su juicio por los tremendos crímenes que cometió son apenas aparentes: aunque se desechó la posibilidad de trasladarlo a Estados Unidos para ser juzgado allí, y se optó porque el juicio fuera adelantado en Irak y sus jueces fueran escogidos entre su propio pueblo, ese pueblo está actualmente invadido por una potencia extranjera. Y a nadie se le pasa por la mente que Estados Unidos no ejercerá un alto grado de injerencia en la escogencia de los jueces de Hussein. Mejor dicho: tendrá menos garantías que si Fidel Castro fuera a ser juzgado en la 'Ocho Calle' de Miami.

Todo esto lo tuvo que haber meditado varias veces en su larga lista de escondites. ¿No era el suicidio un camino menos largo para 'El león de Babilonia', o el 'Carnicero de Bagdad'?

Interrogada sobre el tratamiento que recibe el prisionero, me dio risa escuchar a alguna autoridad militar de Estados Unidos diciendo que se le trataría como a un prisionero de guerra. Y al preguntársele si sería torturado, explicó que no, que de ninguna manera. Que tan sólo se le haría permanecer varias horas de pie y se le permitirían pocas horas de sueño, siempre con la luz encendida, para poderlo interrogar.

En su lugar de cautiverio dos fotos de sus hijos, Uday y Qusay, han sido reemplazadas por una inmensa fotografía del presidente Bush que Hussein tendrá que mirar todos los días que le queden.

Es tal el enigma de la salida que escogió Hussein -su entrega pacífica- que el presidente del Consejo de Gobierno iraquí, cuando se le permitió hablar con él a las pocas horas de su captura, fue directo al grano: ''Usted no tuvo el valor de suicidarse, mientras al resto de su pueblo lo alienta para que cometa acciones suicidas. Usted es un cobarde''.

Una de dos: o como le dijo a Dan Rather, el comportamiento de Saddam fue producto de la voluntad de Dios. O la realidad es que Saddam Hussein sí resultó un cobarde.

ENTRETANTO. Este año ya comenzó, y ahora la moda es que en Colombia la Navidad empieza cada año un mes antes. O sea que.¡apúrense!
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