OPINIÓN

Diana Saray Giraldo

Que la arrogancia no se coma al tigre… y a la abeja

La división de la derecha es profunda y ninguno está dispuesto a ceder. Pero esta soberbia les puede pasar factura tanto al presidente De La Espriella como al Centro Democrático.
25 de julio de 2026 a las 7:58 a. m.

El 20 de julio, en la instalación del Congreso, el presidente electo, Abelardo De La Espriella, y el expresidente Álvaro Uribe se mostraron los dientes. De La Espriella decidió que la presidencia del Senado debería estar en manos de su muy cercano amigo Alfredo Deluque, senador del Partido de la U y uno de los caciques electorales de La Guajira. Pero este no era el querer de Álvaro Uribe. Siendo el Centro Democrático la segunda fuerza política en el Congreso y el primer partido que se declaró de gobierno, el partido esperaba que fuera alguien de su casa quien se quedara con esta dignidad, y eligió a Honorio Henríquez como su candidato.

Pero a pesar de la insistencia del expresidente, De La Espriella no quiso apoyar a Uribe, por lo que el expresidente le salió al paso: “Si el tigre va a rugir contra nosotros, nos toca proceder como las abejas: trabajar mucho”. Y en efecto, las abejas del Centro Democrático se impusieron sobre el querer del presidente electo y lograron que Honorio Henríquez se eligiera presidente del Senado. La votación además tuvo el insólito apoyo de sus acérrimos opositores: los congresistas del Pacto Histórico. Uribismo y petrismo salieron triunfantes en su afán de frenar a Abelardo De La Espriella.

Aunque esta elección muestra que en Colombia hay una clara división de poderes, lo cual es tremendamente sano para una democracia, dejó en evidencia que la derecha en Colombia libra una guerra a fondo por quién se proclama como su legítimo dueño. La derrota de Abelardo De La Espriella en el Senado evidenció que no basta con ganar en las urnas para ser el líder político de un país y que el Centro Democrático está dispuesto a hacer lo que tenga que hacer para mantener el liderazgo de la derecha.

El asunto no es de poca monta. Aunque durante la campaña Abelardo De La Espriella repitió que no haría acuerdos con ningún partido político, y que no necesitaba apoyo más allá que el de sus votantes, en la práctica necesita alianzas para sacar adelante sus iniciativas políticas.

De una manera tremendamente torpe, Germán Calderón, el designado director de la Agencia de Defensa, le salió al paso a la derrota de Abelardo en el Congreso y afirmó que el nuevo Gobierno no necesitaría del Legislativo: “… Serán pocas las leyes que tendrán que tramitarse en el Congreso, porque ya casi todas las que se necesitan están configuradas y lo que se deberá hacer es derogar los decretos del Gobierno saliente que no encuadren en las políticas públicas que el nuevo Gobierno implementará. Decreto se deroga con decreto”.

Es decir, según Calderón, el nuevo presidente no necesita tramitar leyes y podrá gobernar por decreto.

Preocupa profundamente que así esté pensando el nuevo Gobierno, porque no es real. Por supuesto que se necesita al Congreso para sacar adelante las reformas; si no, pasará lo mismo que vivimos estos cuatro años: se expedirán normas intentando saltarse el Congreso y luego se caerán en las altas cortes.

En el fondo, lo que hay es una pugna que se inició con la intención de Abelardo De La Espriella de crear su propio partido político: los Defensores de la Patria. Aunque en un principio desde la campaña de Abelardo se dijo que no lo harían, el pasado 2 de julio se solicitó formalmente ante el Consejo Nacional Electoral la conformación de este nuevo partido político. Es más, el magistrado Alfonso Ocampo (Partido Conservador) ya tiene lista la ponencia positiva, que deberá ser votada en las próximas semanas. Esto significa el debilitamiento absoluto del Centro Democrático; recordemos que figuras clave de esta colectividad como María Fernanda Cabal o José Félix Lafaurie renunciaron al partido durante la campaña, y es seguro que aterrizarán en el partido de Abelardo. Lo mismo pasará con muchos que apoyaron a De La Espriella y que no se sienten a gusto en el partido de Uribe.

Mientras Abelardo De La Espriella publicó un video en el que aseguró que sabría que encontraría puntos de encuentro con el Centro Democrático para impulsar las iniciativas que necesita Colombia y se creía que las aguas se habían calmado, el Centro Democrático no baja el tono de la confrontación. Su director, Gabriel Vallejo, ha publicado en los últimos días mensajes en la red X que dejan claro que no piensan ceder frente al nuevo presidente: “A la colmena le digo que acá lo que está en juego es la supervivencia del Centro Democrático. Recuerden que hay una estrategia diseñada para aniquilar, arrasar y desaparecer a nuestro partido”. Y desde la cuenta oficial del partido se publicó: “Este es un partido de gobierno diferente, alternativo, que no se deja presionar”.

La división de la derecha es profunda y ninguno está dispuesto a ceder. Pero esta soberbia les puede pasar factura tanto al presidente De La Espriella como al Centro Democrático. El presidente no puede graduar de enemigo a sus aliados naturales; los necesita para poder sacar adelante sus iniciativas de gobierno. A su vez, si el CD insiste en lucir como un opositor del Gobierno, hará que muchos migren al abelardismo y que la opinión los vea como traidores.

En el fondo, los únicos ganadores de esta disputa son los seguidores del Pacto Histórico y del actual Gobierno. Mientras la derecha se divide, ellos se consolidan. Este error de la derecha de dividirse sin ni siquiera haber iniciado el Gobierno puede terminar matando al tigre y a las abejas. De persistir esta ruptura, lo único que lograrán es que en cuatro años regrese al poder el progresismo y con mucha más fuerza.