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Una constituyente no es la solución

La propuesta asamblea no va a acabar con la polarización política que impulsa el jefe de gobierno, tampoco acabará con la corrupción generalizada que hoy nos corroe, ni pondrá fin a la inseguridad que nos agobia.

David René Moreno Moreno
2 de abril de 2024

Colombia no se puede dejar engañar nuevamente por el discurso populista ni por la campaña mediática que promueve la cabeza del poder ejecutivo, tratando de convencer a la población y al mundo sobre los beneficios y bondades inexistentes con una posible asamblea constituyente. Esta no va a acabar con los grandes males que afectan a nuestro país. Al contrario, ha sido planeada para que, con visos de legalidad, se legisle libremente para atornillar a la izquierda en el poder, que les fue tan esquivo por muchos años.

La propuesta asamblea no va a acabar con la polarización política que impulsa el jefe de gobierno, tampoco acabará con la corrupción generalizada que hoy nos corroe, ni pondrá fin a la inseguridad que nos agobia. Tampoco llevará el agua a La Guajira, ni solucionará la pérdida de empleo, ni frenará la migración galopante de colombianos presionados por la incertidumbre, ni evitará el cierre de empresas, ni acabará con el alto costo de la canasta familiar, ni con los bloqueos de las vías, ni hará cumplir las falsas e ilusas promesas de campaña, así como tampoco desarticulará la nefasta actividad del narcotráfico.

El país en general ya ‘no le come cuentos’ al Gobierno y los únicos que se ven en las calles de Bogotá o Cali para apoyar las funestas propuestas de la izquierda son las comunidades indígenas, personas que son utilizadas con fines políticos, pues no tienen ni idea de por qué marchan ni se enteran que los movilizan para tratar de intimidar y amedrentar a la población con el empleo de la violencia, cuando el jefe de Gobierno amenaza públicamente al país porque no lo secundan en sus caprichos, fruto de la ideología política y no de una decisión de estadista que busca beneficiar a la comunidad.

Escuchando el discurso del jefe de Gobierno, se confirma que este sigue en campaña política o ya le dio la largada a la campaña del 2026, pues sigue empleando la estrategia de estigmatizar a sus contrincantes, de crear una brecha infranqueable entre quienes tienen más o menos recursos, de lanzar falsas acusaciones contra sus oponentes políticos, buscando generar animadversión y desprestigio contra quienes no comulgan con sus ideas políticas, aplicando un engaño atribuido a Goebels, ministro de propaganda nazi, quien aseguraba que ‘una mentira repetida mil veces se convierte en realidad’.

Al calificativo de activista político que le han atribuido algunos analistas, se suma el posible abuso de sus atribuciones como cabeza del poder ejecutivo, tomando decisiones al mejor estilo totalitario, muchas de las cuales buscan afectar a los departamentos que no le fueron favorables a sus intereses políticos de izquierda. Con gran preocupación, debido a este tipo de actuaciones, se observa el impacto negativo sobre algunas regiones que ahora buscan la federalización, separación que en este momento político no aportará beneficios a la integración que debe imperar en el país.

En la búsqueda por afianzarse al poder, se están tomando decisiones en el Gobierno que aporten miles de votos a la izquierda en la próxima elección y es así como, además de los 100.000 subsidios de ‘Jóvenes en paz’, con los cuales se premia para que no maten, en lugar de gratificar a los buenos que buscan empleo, respetan la ley, no tienen prontuario y aportan en beneficio de la sociedad, ahora se va a recurrir a ‘comprometer’ los votos de 800 iglesias que podrán contratar con el Estado, ‘así no paguen impuestos’. Parece que en la política todo es válido.

La democracia implica libertades, derechos y deberes que comprometen a todos los ciudadanos. Inclusive, quien asuma el cargo de presidente está en la obligación de honrar lo que ha jurado el día de su posesión: “Cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia”, así como debe constituir el punto de apoyo que une estrechamente a los colombianos, en lugar de convertirse en el tema de discordia y polarización, que además de favorecer a quienes están fuera de la ley y buscar la implantación de reformas perjudiciales para la sociedad, promueva el bienestar y progreso del país.

Aunque la oposición está creciendo en forma acelerada debido a los permanentes desaciertos del Gobierno, no se observa la presencia en el escenario político de un indiscutible liderazgo que busque participar con éxito en la próxima campaña presidencial, dejándole plenas libertades a la actual ideología socialista para afianzarse al poder. Un centro o una derecha divididas son sinónimo de fracaso. Los políticos no aprenden de sus errores.