Si un Gobierno se planteara tener un grupo financiero estatal y alguien propusiera crear cuatro bancos de fomento de segundo piso, tres fiduciarias, dos bancos de primer piso, dos compañías de seguros, un fondo de garantías y una entidad que ni siquiera es financiera (ENTerritorio), ese alguien sería retirado de la mesa por disparatado. El problema es que ese disparate es una realidad en Colombia y se llama Grupo Bicentenario.
Es urgente, dentro de la política de austeridad y reducción del estado del nuevo Gobierno, reestructurar el Grupo Bicentenario. Empecemos por las entidades mas grandes, que son el Banco Agrario (BAC) y el fondo nacional el ahorro (FNA). El BAC es un banco de desarrollo rural y a la vez un banco comercial. Su existencia dentro del Estado es la mas justificada de todas las entidades del grupo por la falla de mercado que existe en el crédito agropecuario, especialmente el de pequeño productor. El FNA es también una especie de banco comercial porque coloca créditos directamente y tiene cuentas de ahorros, aunque en su caso es un crédito enfocado a la vivienda y sus cuentas de ahorro son en su mayoría cesantías de trabajadores. El FNA debería ser fusionado con el Banco Agrario y convertirse en una vicepresidencia dentro del mismo. Los ahorros de esa fusión serian enormes y el alcance de ambas entidades se multiplicaría así como se mejoraría la propuesta de valor para sus clientes: las más de 30 oficinas del FNA se cerrarían y sus servicios se ofrecerían en las más de 800 oficinas del Banco Agrario, los clientes de ambas entidades tendrían acceso a todos sus servicios y la operación se haría sobre una sola plataforma tecnológica y un solo backoffice: riesgos, crédito, recursos humanos, finanzas, compras, juridica, etc… Además de una tesorería unificada. Adicionalmente, habría una eficiencia en el capital requerido de la nueva entidad y un menor costo de fondeo total.
Con respecto a los bancos de desarrollo de segundo piso, dos de ellos, que son Finagro y Bancóldex, se deben fusionar también con el Banco Agrario. Finagro cumple la función de manejar el fondo de las inversiones forzosas de la banca privada, colocar los créditos de redescuento a los bancos (siendo el Banco Agrario su principal ‘cliente’ ya que coloca el 95 % del crédito al pequeño productor), diseñar líneas de crédito agropecuario y administrar el Fondo Agropecuario de Garantías (FAG). Para esto tiene unos gastos de funcionamiento que superan los cien mil millones anuales. El BAC puede asumir las funciones de manejo del fondo de inversiones forzosas y de colocación y monitoreo del crédito de redescuento a una fracción del costo. En cuanto al diseño de las líneas de crédito, eso ya lo hace el BAC y tiene un conocimiento mas robusto. Con respecto al FAG, este debe pasar al Fondo Nacional de Garantías.
En cuanto a Bancóldex, su función es la de proveer recursos a las entidades financieras para que estas coloquen créditos dirigidos a la productividad de las empresas y al comercio exterior, y para eso sus costos de funcionamiento superan los 200 mil millones anuales, algo exagerado para su operación. Las actividades de Bancoldex las puede asumir el Banco Agrario a una fracción del costo. Sin embargo, el gran ahorro vendría de los costos de fondeo, que en el caso de Bancoldex es en su mayoría de CDTs, que es un fondeo costoso, mientras que el Banco Agrario tiene el fondeo más barato del sistema que son los depósitos judiciales y las cuentas de ahorro, con un excedente grande de recursos que hoy termina en el portafolio de TES mas grande del sistema financiero (15 billones), relativo al tamaño de sus activos.
Un aspecto a tener en cuenta es que el nuevo BAC tendría acceso a los datos de los clientes de la banca privada en lo que respecta a los créditos con recursos de redescuento, lo cual podría ser un problema, aunque menor con el surgimiento del open banking y teniendo en cuenta que, en el caso de Bancoldex, el problema se reduce por el poco traslape de competencia en ese segmento del mercado con el Banco Agrario. Pero al final eso se resuelve desde la regulación, segregando la información con una ‘muralla china’, como ocurre en otros países. Hay varios ejemplos en la banca pública en el mundo donde un banco tiene el rol de banca de primer y segundo piso; uno de ellos es el Banco do Brasil.
En cuanto a los otros dos bancos de desarrollo de segundo piso, Findeter y la FDN, ambos tienen capacidades y misionalidad similares, consistentes en la financiación y estructuración de proyectos, solo que Findeter se concentra en proyectos de saneamiento básico, e infraestructura de salud y educación, entre otros, mientras la FDN se concentra en grandes obras de infraestructura como autopistas o puertos. Pero fusionarlos en un gran banco de desarrollo para la infraestructura reduciría significativamente sus costos operativos.
En cuanto a las tres fiduciarias, no existe ninguna falla de mercado o elemento de política industrial que justifique su existencia dentro del estado, pero si vemos a menudo sus ‘fallas de gobierno’, que consisten en la corrupción que las ronda por la injerencia indebida de políticos. Todos los servicios fiduciarios que necesite el Estado colombiano deben ser contratados con alguna de las fiduciarias privadas. Quizá el único argumento para mantener una sería que los clientes del Banco Agrario tuvieran servicios fiduciarios, como ocurre con todos los bancos grandes que tienen su fiduciaria, pero eso se podría resolver con el BAC haciendo una alianza estratégica con alguna de las fiduciarias independientes que no tienen un banco como dueño.
Tampoco hay un argumento válido para que el Estado tenga dos compañías de seguros; el mercado es suficientemente competitivo y la oferta es suficientemente abundante para que el Estado deba operar ahí.
Quedarían el Fondo Nacional de Garantías y ENTerritorio. Las funciones de ENTerrirorio deberían pasar a Planeación Nacional, y el FNG si debe permanecer como un instrumento valioso de política publica para el acceso al crédito, con su nueva responsabilidad de manejar el Fondo Agropecuario de Garantías. Y por último, la estructura burocrática del Grupo Bicentenario en si se debe desmantelar, pues no aporta nada de valor y sí mucho de costos y ralentización en los procesos como una capa jerárquica innecesaria.
El resultado de esta reestructuración sería pasar de 13 entidades a solo tres: un gran banco de desarrollo y comercial que estaría compuesto por el Banco Agrario, Finagro, el Fondo Nacional del Ahorro y Bancóldex; un gran banco de Infraestructura que estaría compuesto por Findeter y la FDN, y el Fondo Nacional de Garantías. Las fiduciarias y compañías de seguros se privatizan y ENTerritorio pasa a planeación nacional. Con esto el Gobierno no solo ahorraría ingentes recursos en costos de operación y mejoraría los alcances de la política pública, sino que liberaría más de dos billones de pesos en capital atrapado en el grupo que ya no sería necesario.
