Del lado del elector, la educación importa poco, según las encuestas preelectorales. Los principales problemas que les preocupan a los colombianos son: seguridad, empleo, corrupción, violencia y por allá en el quinto o sexto puesto aparece educación. Los estratos 4, 5 y 6, a quienes con seguridad les interesan las condiciones en las que estudian los niños y los jóvenes y, sobre todo, la calidad de la educación, resuelven el problema pagando por este servicio, para sus hijos, en colegios privados que, además, pueden seleccionar.
Los electores más pobres oyen las propuestas de política pública educativa de acuerdo con sus necesidades, sin grandes expectativas. En el entorno de los colegios oficiales se modificó la extraordinaria frase: “a mi hijo no le dejo riqueza, pero le dejo educación”, ahora se oye decir: “da igual ser bachiller o no”, o esta: el muchacho obtuvo su título, es profesional, pero su trabajo sigue igual: mensajero o rappitendero, por ejemplo.
En el caso de los padres de familia más jóvenes, las propuestas para incrementar la matrícula en educación preescolar se ajustan a sus penurias: ¿dónde conseguir jardín infantil privado? y, además, tener con qué pagarlo. De igual manera, la oferta electoral mejora cuando les ofrecen a las familias construcción de nuevos colegios, alimentación, transporte, bilingüismo y hasta uniformes para este nivel educativo. Dato: para universalizar los 3 grados de prescolar se requiere crear y financiar cerca de 1‘500.000 cupos; en el país los niños pobres no asisten al preescolar de dos o tres grados, como manda la Ley 115 de 1994.
Para los padres con hijos adolescentes, nada mejor que candidatos que ofrecen jornada única (la escuela como guardería). La jornada única parece servir para todo, para incrementar permanencia, disminuir la tasa de deserción escolar (alta entre los grados sexto a décimo), evitar que los estudiantes consuman drogas. O, para mejorar la calidad se proponen colegios oficiales bilingües, donde, además, se trabaje en artes y cultura. La jornada única se presenta como la panacea donde se incrementarán resultados en pruebas SABER 11, por fin sus hijos pasarán a la universidad, sostienen. De nuevo suena bien, pero ¿cuánto van a poner gobernadores y alcaldes? La jornada única incrementa el valor de la canasta educativa en un 20% o más; ¿cuántos maestros adicionales se necesitan y con qué recursos se van a financiar? ¿Cuántos colegios nuevos? y ¿la alimentación qué?, para solo mencionar unos de los sobrecostos de la jornada única.
A los padres con hijos en educación media o bachilleres sin educación superior, nada les suena mejor que la oferta de cupos, por montones, que se están ofreciendo en universidades, sí en universidades. Formación en centros técnicos o tecnológicos no se plantea, la tribuna no aplaude, esa es una educación de segunda, con baja valoración social. Varios grupos políticos llegan hasta a advertir: “peligro: la educación técnica o tecnológica es educación para formar obreros y hace parte de las demandas del mercado de trabajo”. Eso no es bueno; así que vamos con toda: todos universitarios y profesionales, el paraíso y el cielo a dos manos, diría mi abuela. Además, acá hay una ganancia electoral, cuando se ofrecen nuevos cupos en preescolar, los niños entre 3 y 5 años no votan (¿a ellos quién los defiende?), en cambio, sí el ¡buen candidato! propone universalizar la matrícula en la educación superior en universidades, los jóvenes entre 18 y 24 años, a lo mejor votan.
También existen candidatos que proponen educación a distancia o virtual, no en miles, en cientos de miles, claro se olvidan de que se requieren buenas conexiones a internet, computadores, programas, diseñadores y profesores expertos e idóneos, para que desde el otro lado del computador estén soportando al estudiante. Tampoco tienen en cuenta que los países que cuentan con educación a distancia o virtual, como en Europa, lo primero que hicieron fue garantizar una educación básica y media de calidad, con jóvenes lectores (más de 20 libros por año), con comprensión de lectura, sentido crítico frente a lo que leen y, sobre todo, con una pasión y cultura del esfuerzo por estudiar, que nuestros jóvenes lamentablemente no tienen, pero la educación virtual o a distancia es barata y se pueden entregar diplomas por montones.
En esta feria electoral, donde se ofrece de todo en educación y para todos los gustos, retomo a la experta y exministra de educación de Ecuador, Rosa María Torres, a quien le preguntaron a través de su cuenta de Twitter: ¿qué tan útil es la investigación educativa para la definición de políticas? Ella contestó: a) hay mucho conocimiento desaprovechado, sobre el cual no se actúa; b) hay cuestiones claves del cambio educativo que ya sabemos y no requieren investigación; c) hay un largo historial de desencuentro entre investigación y políticas.
Por brevedad solo me detengo en tres temas de política educativa que considero prioritarios, a partir de lo que sabemos:
- Por último, existe evidencia de que las condiciones en las que estudian los niños (infraestructura, dotaciones, áreas recreativas) y su bienestar (alimentación, transporte, acceso a útiles escolares), el clima escolar y la participación e involucramiento de los padres en el proceso educativo son inherentes y fundamentales para lograr la calidad de la educación.
