ÁNGEL PÉREZ

La pandemia aumentará las diferencias de cuna

La covid-19 logró demostrar, de manera cruel, que los Estados y los gobiernos se devolvieron o fracasaron en el ideal político de lograr sociedades más equitativas.

Ángel Pérez
27 de abril de 2020

En las discusiones por los efectos de la covid-19, en la educación de los niños, impresiona cómo la sociedad, los medios de comunicación y los gobiernos de los países desarrollados tienen muy claro que cuentan con jardines infantiles e instituciones escolares, con el propósito de igualar las oportunidades de desarrollo de las personas, de manera especial en los primeros años de la vida humana, para ello destinan ingentes recursos a los niños y a las escuelas, de paso mejoran la distribución del ingreso, a través del gasto social.

La decisión de quebrar o atenuar las diferencias de cuna o de cualquier otro tipo con las que nacen los niños es un punto central en la discusión política y filosófica sobre cómo generar posibilidades de igualdad en los seres humanos. También, esta decisión se basa en lo contraproducente que resulta la desigualdad y la exclusión para la convivencia social, la economía y el fortalecimiento de valores como la libertad y la democracia. Así mismo, la lucha contra la desigualdad está respaldada por la necesidad que tiene el Estado de intervenir y participar en el desarrollo social y económico en favor de los pobres y de los excluidos. La covid-19 logró demostrar, de manera cruel, que los Estados y los gobiernos se devolvieron o fracasaron en el ideal político de lograr sociedades más equitativas.   

La búsqueda de una mayor equidad explica por qué, desde el siglo pasado, en la mayoría de los países desarrollados se tomaron decisiones políticas para crear y consolidar instituciones que se encargaran de cuidar y educar a los niños y a los adolescentes; jardines infantiles y escuelas dotadas con toda clase de facilidades para desarrollar el proceso educativo con calidad.  Por ello estos países en el siglo XXI, antes de la pandemia, ya tenían resueltos los problemas básicos para garantizar el derecho a la educación y ya habían dado el paso para determinar el uso de las tecnologías de la Información y comunicación -TIC- en los sistemas educativos, como una herramienta de apoyo a la labor del docente y como facilitadora de aprendizaje para los estudiantes. Por ejemplo, en el año 2015 la mayoría de países de Europa ya tenían más del 95% de las escuelas conectadas a internet (80 por ciento con banda ancha) y existía, para la secundaría, en cada institución un computador por cada cinco estudiantes. 

Cuando a comienzos de 2020 Europa, por la pandemia, cerró el sistema educativo las escuelas y los maestros ya habían avanzado en el uso de las TIC en educación y en el desarrollo de procesos virtuales para los estudiantes de primaria y secundaria. De acuerdo con los informes de Eurydice, entre 2010 y 2015 la mayoría de países europeos elaboraron planes y estrategias para apoyar el desarrollo de la educación virtual en cuatro temas: Enseñanza, aprendizaje y evaluación utilizando las TIC;  formación de los docentes en el uso y desarrollo de las TIC con los estudiantes; liderazgo, investigación y política en las TIC educativas; y, mejora de la infraestructura y la dotación de las TIC en las escuelas.

Este esfuerzo de llevar y consolidar el uso de las TIC en las escuelas está en la línea de apoyar a los maestros en los procesos educativos para mejorar la educación de los niños y adolescentes, además de lograr que por su calidad la escuela se mantenga como un instrumento para disminuir diferencias de cuna y otras brechas sociales. Sin embargo, como le ocurrió a todo el mundo nadie previó la necesidad de realizar el proceso educativo de manera virtual, o por otro medio, en la vivienda del estudiante y, menos tener que trabajar el proceso educativo con la intermediación de las familias, por lo menos con los niños (5 a 12 años). Solo entonces se hizo evidente lo que todos conocíamos, aún en los países desarrollados, la inequidad y la concentración de la riqueza mantienen marginadas del conocimiento y de potenciales desarrollos a cientos de familias y con ellos a los niños. 

La pandemia de la covid-19 mostró que no es suficiente tener escuelas bien dotadas y hasta maestros formados en el uso de las TIC, cuando se enfrenta al hecho que entre el 5% y el 10% de los niños de los países desarrollados (más del 50% en Colombia)  no tenía computadores o conexiones a internet, o quienes tenían internet no acceden a banda ancha, o los equipos son de mala calidad, y también, como sucede en América Latina, ellos encontraron que, en algunos casos, existe hacinamiento para lo virtual, un solo computador para tres niños, más uno o dos adultos. 

Mientras tanto, en países como Colombia, al empezar el año 2020 aún no se lograban resolver problemas básicos como conseguir que las escuelas tengan servicios de aguas tratadas y energía, además de aulas adecuadas a los procesos pedagógicos que realizan los maestros y a las necesidades de los estudiantes; o la construcción y dotación de los baños escolares de acuerdo con los estándares nacionales, que deberán ser redefinidos y ajustados de acuerdo con las nuevas necesidades que demanda la covid-19, en las escuelas colombianas no hay dispensadores de jabón. 

Tampoco los maestros tenían oportunidades de avanzar en el uso de las TIC o en programas virtuales, según el Dane, en el año 2018 en Colombia solo el 37,4% de las sedes educativas contaba con conexión a internet, en las sedes educativas rurales el 73% no tenía conexión a internet y ya sabemos que más del 60% de los bachilleres del año 2018 que contestaron los formularios del Icfes, en la prueba Saber 11, afirmó que en sus casas no tenían conexión a internet, ni computadores.

Antes de la pandemia millones de niños ya estaban marginados del desarrollo y de las posibilidades humanas de ser y hacer, ahora están aún más en riesgo, con los jardines infantiles y las escuelas cerradas, más las limitaciones que tienen los maestros al no tener posibilidad de desarrollar procesos educativos virtuales a una parte de los estudiantes, las brechas se ampliarán, se requiere tomar medidas audaces para salvar la brecha digital que excluye en Colombia a más de la mitad de los estudiantes de la educación pública, sin olvidar la formación de los docentes.