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El escenario malo

Por: Eduardo Lora

A menos que se subsidie el empleo y se logre un acuerdo para elevar los ingresos fiscales, la recesión será brutal y la recuperación muy difícil.


En los primeros días de la cuarentena, podía hablarse de tres escenarios factibles: (1) que las medidas de aislamiento terminaran en mayo, como todavía pensaba mucha gente, (2) que se extendieran varios meses, pero que el gobierno no reconociera rápidamente la necesidad de proteger el empleo y  la sostenibilidad fiscal para apuntalar las posibilidades de recuperación futura,  y (3) que sí se reconociera a tiempo la gravedad de la situación y se tomaran esas medidas, de forma que los colombianos pudiéramos esperar el futuro con esperanza. Así lo expuse en el “Gran Conversatorio” del 2 de abril que organizaron Marble Headhunters, la revista Dinero y la Universidad Eafit.

El escenario (1) ya no existe. El (3) está a punto de desaparecer. Nos quedaríamos entonces con el escenario malo, al que inicialmente le asigné una probabilidad de 70%. Ocho días después de esa charla, Jorge Humberto Botero y yo difundimos una propuesta para defender el empleo y la estabilidad de la economía que, a pesar de haber recibido amplia difusión, ha sido ignorada por el Gobierno.  En lugar de dar subsidios a los 3,6 millones de empleos formales afectados directamente por la cuarentena, el Gobierno ha preferido ofrecer créditos con garantías del gobierno hasta por el 90%, a todas las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), a condición de que mantengan el empleo. Y en lugar de buscar un acuerdo para asegurar ingresos fiscales futuros (bien fuera con el mecanismo que nosotros propusimos o con cualquier otro), el Presidente considera que “no es el momento de pensar en reformas tributarias” como había empezado a plantearlo su Ministro de Hacienda. Según el Presidente “una vez salgamos de la crisis, todos unidos, como colombianos, definiremos el camino para fortalecer las finanzas públicas”. 

La estrategia de dar créditos en lugar de subsidios no ha sido bien recibida por quienes debían de ser sus beneficiarios. Acopi le ha pedido al Gobierno que “subsidie 70% de la nómina, ya que el 59% de las mipymes reducirá los puestos de trabajo por falta de liquidez”. En estas condiciones, “…los créditos anunciados no son una solución”. Fenalco ha propuesto que las nóminas sean cofinanciadas por partes iguales entre empresarios, Gobierno y trabajadores durante la emergencia sanitaria por el Covid-19. La Cámara Colombiana de la Confección le ha dicho al gobierno que “un crédito NO es una ayuda… Si el gobierno de verdad quiere proteger el empleo, debe SUBSIDIAR el pago de las NÓMINAS”.

Paradójicamente, ni el mismo Presidente parece conforme con sus decisiones. “No voy a permitir, como Presidente de la República, que aquí haya instituciones que quieran actuar como vampiros en momentos que necesitamos un sentido de responsabilidad”. La garantía del 90% es "no sólo supremamente alta sino que además quita cualquier argumento de ser conservadores frente a la concentración de riesgo porque estamos hablando es de atender una emergencia". 

En su afán de que fluyan estos recursos, el Presidente está incitando a los bancos a asignar créditos a la ligera, y por consiguiente a que el Fondo Nacional de Garantías haga mal uso de las limitadas municiones fiscales que tiene el gobierno. Además está predisponiendo a la opinión pública en contra del sistema financiero.

En vez de que los créditos se distribuyan con regadera, deberían asignarse prioritariamente a las actividades y empresas de todos los tamaños afectadas directamente por las medidas de aislamiento. Si esas mismas empresas reciben subsidios para pagar la nómina, ellas y los bancos tendrán menos incertidumbre sobre los flujos de caja futuros y se reducirá el riesgo de ejecutar las garantías. Así, en lugar de subsidiar con garantías a las empresas que quiebran, se podría subsidiar la nómina de empresas que van a sobrevivir. 

Y, precisamente, como los recursos fiscales son limitados, el Presidente debería escuchar al Ministro de Hacienda y buscar juntos la forma de fortalecer los ingresos tributarios sobre vigencias futuras, cuando la economía se haya recuperado. Idealmente, deberían gravarse los dividendos igual que otras rentas y deberían eliminarse las exenciones. También debería volver a gravarse el patrimonio, como lo ha propuesto Claudia López. Estas intenciones deberían quedar consignadas en una ley, o cuando menos en un compromiso explícito con las élites. Como lo ha dicho Paolo Giordano en Tiempos de Contagio: “Una vez superado el miedo desparecerá también la posibilidad de tomar conciencia”. 

No es el momento de empecinarse en fórmulas que no funcionan, hundiendo al país en el escenario malo. Todavía es tiempo de hacer realidad el tercer escenario.