COLUMNISTAS

Guillermo Valencia

Con el aislamiento llegó el ocaso de la globalización

La pandemia del covid-19 transformó para siempre las cadenas de valor del mundo, en un momento en el que la globalización retrocede frente a una nueva era, la del localismo.
24 de marzo de 2020 a las 12:01 a. m.

Es cierto que aún en tiempos de aislamiento disfrutamos de los frutos de la globalización. Hoy,  junto al comercio digital se erigen el transporte de mercancías, la migración, las transferencias de tecnologías y otros logros, que la apertura de mercados ha alimentado durante los últimos 30 años. En este tiempo Occidente creció, y también China, que logró sacar de la pobreza a más de 1.000 millones de personas.

Pero también es cierto que la globalización ha traído problemas. En la búsqueda de márgenes de ganancia e innovación a bajo costo hemos destruido ecosistemas únicos, reducido la biodiversidad, y contaminado -quizás para siempre- los océanos y el aire que respiramos. 

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La globalización puso a los ejes de producción mundiales, que reúnen la riqueza y la tecnología, en América del Norte, Europa y el sudeste asiático, lugares hoy afectados por el covid-19. Estas encrucijadas del desarrollo develan que con la reducción de las barreras en los mercados también mermó la capacidad inmune del mundo. ¡Qué paradoja! Se abrieron las puertas al comercio y con ello los canales para la propagación ideologías extremistas, ciberataques y pandemias.

Así lucen las cadenas de valor y sus conexiones mundiales. Fuente: phys.org.

Y justamente es una nueva pandemia la que hoy hace realidad lo que los localistas han anhelado: el desmonte de la globalización. En este afán por aislarnos hemos caído en un ‘sálvese quien pueda’ que ha significado cierres de fábricas, fronteras, espacios aéreos, y un largo etcétera de limitantes para la economía.

El virus, el ‘enemigo invisible’, como lo han llamado algunos líderes mundiales, llegó para quedarse. La solución que ha ofrecido China consiste en vigilar a su población a partir del uso masivo y agresivo del ‘Big data’. Se trata de una herramienta, que por ahora funciona para controlar la pandemia, y que podría convertirse en el próximo paradigma para líderes populistas y dictaduras, que como en todas las épocas buscan ‘defender la sociedad’.

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Mientras tanto, en Occidente nos hemos aislado en una vida virtual, que poco a poco será descentralizada tanto en lo laboral como en lo económico. Esta es sin duda una oportunidad para mirar hacia el interior, sin olvidar que este es un momento en el que nuestra sociedad deberá reinventarse. 

Es cierto, en 2020 cambió la humanidad para siempre: ha empezado la era del localismo. Si en el siglo XX vimos el nacimiento de internet, el XXI será el de las ciudades inteligentes menos pobladas y con la capacidad de asegurar el desarrollo humano.