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El mercado al alza en bitcóin apenas comienza

Por: Guillermo Valencia

Los análisis sobre esta criptomoneda demuestran que existe un exceso de ‘expertos’ y un déficit de emprendedores. Bitcóin ha pasado la barrera de los US$23.000, pero la situación es muy diferente a 2017, cuando ocurrió el primer gran aumento de precio.


Las mismas personas que subestimaron por completo la pandemia inundaron de pánico los titulares de noticias y declararon al unísono que la economía mundial es una ‘gran burbuja’, pero olvidaron que el riesgo tiene dos aristas. La primera es que siempre es posible sufrir grandes pérdidas y la segunda, que que un ambiente extremo revela la resiliencia de modelos de negocio que antes parecían poco interesantes.

Este año, mientras las cuarentenas obligaron al cierre de nuestras economías, el mundo de los bits se convirtió en la salvación. Es una suerte que existían MercadoLibre, Rappi, Amazon y Microsoft, no solo porque suplieron la demanda de productos, sino porque gracias a sus servicios en la nube millones de personas pudieron trabajar desde casa.

Esa es la diferencia entre expertos que diagnostican un problema y emprendedores que lo resuelven. Esa también es la belleza que encierra el espíritu capitalista, así como su capacidad de enfrentar grandes desafíos y reclamar el premio mayor: una sociedad con una mejor calidad de vida.

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Otra revelación que trajo la pandemia fue el bitcóin, una idea entendida solo por ciberpunks y tildada de fraude por expertos financieros como Nouriel Roubini. Hoy, el bitcóin ha ganado mayor aceptación, ya sea en las calles de Estambul, capital de uno de los países que más transacciones realiza en esta criptomoneda; en Buenos Aires, o en algunas ciudades de Colombia.

Contrario a lo que muchos expertos y analistas pronosticaron, su capacidad de ser reserva de valor ha llamado la atención de inversionistas como Stanley Druckenmiller y Paul Tudor Jones. Este último lo equiparó a invertir temprano en Google o Apple.

Junto a ellos llegó una estampida de fondos institucionales y plataformas de pagos como Square y Paypal, los cuales no quisieron quedarse por fuera de la adopción tecnológica más importante del siglo XXI.

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A pesar de esta fuerte evidencia, y luego de cada columna que publicamos sobre el tema, recibo las mismas afirmaciones en mi cuenta de Twitter: “Guillermo, el bitcóin no tiene valor intrínseco”, “¡El bitcóin es una burbuja!”, “Es una pirámide, no sirve para nada…”.

Por ello, comparto las siguientes ideas:

  • Bitcóin no es una burbuja como lo fue en 2017, cuando inversionistas retail lo adquirieron. Una prueba es el bajo interés que ha despertado en el motor de búsquedas de Google.

Bitcoin

  • El volumen diario de bitcóin es el del orden de US$10.000.000.
  • El marco regulatorio ha mejorado radicalmente. La Comisión de Bolsa de Estados Unidos (SEC) aclaró el estatus de esta criptomoneda.
  • Los institucionales son quienes están comprándolo para incluirlo en sus servicios o sistemas contables. Estos son Paypal, Square, Microstrategy, familias de fondos y aseguradoras.
  • El momento posterior a las cuarentenas alimentó la adopción del bitcóin. Algo muy diferente a 2017, cuando solo su precio era atractivo.

¿Qué ha cambiado con respecto a 2017? Que ese año el entorno macro era relativamente tranquilo. Hoy, se ha creado el escenario para el cual el bitcóin fue concebido. Me refiero a las tasas de interés cercanas a cero, la impresión de trillones de dólares de estímulo fiscal y una deuda global que se espera alcance los US$277 trillones.

¿Cuál es el valor intrínseco del bitcóin?

El protocolo HTTP, creado durante la Guerra Fría para transmitir información entre los científicos del Cern, en Suiza, y los Álamos, en Estados Unidos, es la base de internet como hoy lo conocemos. 

En su momento, el protocolo y la incipiente red que soportaba tenían un valor intrínseco de cero. Esto cambió cuando millones de personas en el mundo comenzaron a utilizarlo y se convirtió en un nuevo estándar de comunicación. ¿Alguien dirá que internet carece de valor? Seguro que no.

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A diferencia del protocolo HTTP, bitcóin nos permite almacenar e intercambiar valor a través de una red monetaria a bajo costo y sin intermediarios. Lo más revolucionario es que se trata de una red pensada para evitar la inflación, pues no permite imprimir dinero, el deporte favorito de los bancos centrales. En este punto es donde radica su valor. 

Muchos subestiman al bitcóin porque depende de procesos complejos para su funcionamiento y por su uso en fraudes digitales, algo que también ocurre con monedas Fiat. No obstante, es una tecnología de ahorro que los millennials verán como una alternativa superior a los CDT o productos de inversión.

Sí, el bitcóin tiene una volatilidad enorme en el corto plazo, pero un retorno gigantesco en el largo. Por eso, aquel que prometa ganar fortunas en días o semanas con esta criptomoneda miente. Nadie se hará rico de esa forma.

Aquellos que ahorran en bitcóin sacrifican parte de su consumo de corto plazo, pero obtienen una herramienta valiosa para la creación de riqueza. Es todo lo contrario al sistema financiero actual de tasas de interés ultrabajas, que fomentan el exceso de consumo inmediato y destruyen el poder adquisitivo en el largo plazo.

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