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La culpa NO es del coronavirus

Por: Alfredo Ceballos*

Un análisis sobre la situación económica y el impacto de la pandemia del coronavirus, por Alfredo Ceballos Ramírez*.

Según los expertos y analistas económicos, como consecuencia del COVID 19 los colombianos ahora tenemos que entregar más de $4.000 de nuestros devaluados y luchados ingresos para adquirir un dólar, cuando antes de su aparición, y posterior propagación, solo pagábamos alrededor de $3.500. Esta alza de la divisa, aunada a los temores de contagio del peligroso y contagioso virus, nos obliga a reprimir nuestros deseos de viajar al exterior.
Lo que no podemos reprimir es nuestra nueva obligación de pagar mayores precios por los bienes importados al igual que por los productos nacionales que utilizan materias primas o bienes de capital provenientes del extranjero. Sin que lo podamos entender con claridad, el coronavirus ha hecho que, sin que haya habido un incremento de nuestros modestos ingresos, debemos dedicar una mayor parte de ellos a adquirir los mismos bienes que veníamos consumiendo.

Las noticias de cada día nos dicen que, por culpa del covid-19, los precios del petróleo se han derrumbado y con ellos el precio de las acciones de nuestra empresa insigne Ecopetrol se han deprimido y sus finanzas se han debilitado, sus deudas en moneda extranjera ahora son mucho mayores cuando se denominan en pesos y el menor precio de sus acciones disminuyen su patrimonio. Su relación entre deuda y patrimonio es ahora mucho mayor: ha sufrido un considerable deterioro patrimonial. Además de las pérdidas en cambio de su endeudamiento externo, los gastos financieros de su deuda externa se han incrementado en la misma proporción en la que se ha devaluado nuestro débil peso, que ha sido una de las monedas más devaluadas del mundo. Todo ello cuando, al mismo tiempo, el precio del crudo llega a niveles de menos de la mitad de los esperados.

Por culpa del coronavirus, las finanzas del Gobierno también se han afectado. Su endeudamiento externo, de unos 21.000 millones de dólares se ha aumentado en unos  10 billones –unos $500 por cada dólar adeudado– y el costo de los intereses se ha incrementado en proporciones similares. Esto al mismo tiempo que el apoyo financiero que le provee Ecopetrol, en forma de impuestos y dividendos, se ha debilitado de manera significativa.

La necesidad de una nueva reforma tributaria parecería que adquiere el carácter de inminente y perentoria. Habrá que recordar el caso de una pasada reforma cuando un distinguido exministro de Hacienda señaló que, “si el Congreso no  aprobaba su reforma tributaria, el país no podría salir del subdesarrollo”. Lo más probable es que se repita esa especie de amenaza para urgir su aprobación. Según ese criterio, ya hemos debido salir del subdesarrollo muchas veces. Tantas como las recurrentes reformas tributarias.

¡No puede ser! Es la respuesta normal de un ciudadano común y corriente que mira desconcertado este panorama. El covid-19 parece que fuera una verdadera maldición que causa muchos más estragos en términos económicos que en términos de salud y muertes. ¡No puede ser! 

Esta pandemia es una amenaza a la salud que ha puesto al descubierto la fragilidad de nuestra economía. Ha evidenciado la dependencia de nuestra estructura exportadora de los bienes primarios y de la inestabilidad de sus precios, así como nuestra incapacidad para convertir en realidad la centenaria necesidad de diversificar nuestras exportaciones. Esta diversificación, que ha sido un clamor unánime desde cuando las autoridades coloniales enfrentaron la primera crisis de las exportaciones de oro hace más de 300 años, no se ha logrado materializar, a pesar de su urgencia y los múltiples intentos para lograrla.

Desde entonces, venimos escuchando que ese anhelo de diversificación es una prioridad nacional. Pero la crisis del oro, en la Colonia; las del café, en el siglo pasado; y la del petróleo, en este siglo; parecen ser las crónicas de unas crisis económicas anunciadas. Lo que sí se ha logrado es incrementar nuestro endeudamiento en el exterior hasta llegar a que sea casi la mitad de nuestro producto interno bruto.

Lo que vivimos no son solo los efectos del coronavirus sino las consecuencias de la mala manera como hemos conseguido nuestra permanencia en el mundo del subdesarrollo. ¡No puede ser!

* Presidente y Fundador de Iara Consulting Group. Doctor en Estrategia y Dirección General de Harvard University