CLAUDIA VARELA

Segunda oportunidad

Por alguna razón, existe en el imaginario de muchos la historia de que las segundas partes no son buenas. Funciona en relaciones, películas, incluso libros.

Claudia Varela, Claudia Varela
11 de diciembre de 2020

He escuchado más de una vez frases que más que opiniones parecen sentencias donde la segunda parte no debe ser, donde es más obvio cerrar el ciclo y hay una claridad absoluta en que las segundas partes no funcionan.

Samuel es un gran ejecutivo. Hace las cosas a tiempo entiende bien a su jefe y lidera bien al grupo que le correspondió por suerte tener a su cargo. Digamos que es un buen chico y en la Organización lo quieren porque no suele dar problemas.

En este año de cambios extremos se quedó sin jefe y empezaron a pedirle cosas diferentes, en un ambiente distinto ya Samuel no se volvió tan “bien portado” sino falto de interés, demasiado apacible y quizás desinteresado.

La fórmula que le venía funcionando colapsó de repente y Samuel no supo manejarlo. A sus bien vividos 30 años, Samuel se incomodó. Trató de adaptarse, pero no pudo con su nuevo jefe que quería traer a alguien de sus amigos “por que necesito una buena ficha en esa posición”.

Así que lo siguiente que Samuel vivió fue una reunión tensa de Zoom con Paula, la señora de Recursos Humanos, que le insistió en que quería ayudarlo y que recibiera su superpaquete de indemnización.

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A Samuel se le vino a la cabeza por qué Paula venía a ayudarlo a salir, en vez de ayudarlo a quedarse, darle un acompañamiento con su nuevo jefe o permitir una salida más reconfortante. Sin embargo, las empresas muchas veces no ven estas relaciones de doble vía.

Samuel estaba destrozado. Entre el ego golpeado, no haber previsto la situación, un desempleo creciente, la pandemia y las cuentas del banco esperando, aceptó la propuesta y se sentó a llorar largo, frustrado y un poco aterrado. 

Como bien sabemos, Samuel no murió por esto. Aprendió, se recuperó, puso a andar su idea de un emprendimiento de happy hours y parece que va por buen camino. No obstante, como las historias de la vida no funcionan literalmente como en Disney (y esto lo aprendimos más en 2020) y lo que se controla es realmente muy poco, a Paula la sacaron por reestructuración y el jefe innovador salió porque tenía una mejor propuesta en otra compañía más grande.

Así que esta compañía volvió a llamar a Samuel.

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Samuel escuchó varias opiniones, incluso me llamó para un consejo y tomó la decisión de aceptar. ¡Sí! A pesar de que la mayoría (por no decir que todos) a quienes preguntó, le recomendaron no volver porque las segundas oportunidades no existen. Samuel, el tranquilo, pero valiente personaje, aceptó.

Es una apuesta que a pocos meses de su decisión está funcionando bien. Samuel creció en poco tiempo, ya no es tan dependiente de su empleo y entendió que la empresa también está permeada por quienes la lideran.

Yo creo que esta segunda temporada va a ser muy exitosa para él. No solo porque mi optimismo es alto habitualmente, sino porque hubo cosas que no son iguales. Las nuevas oportunidades sirven cuando hay cambios en las variables del juego, cuando hay consciencia de los errores, cuando se evoluciona.

Cuando se crece porque es más importante la autogestión que el triunfo personal de saber que yo tenía razón.

Conozco varias sagas exitosas de libros, series, matrimonios, equipos deportivos. Y para mí, la fórmula está en que haya un cambio, si todo sigue exactamente igual las segundas partes son un completo desastre.

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A mi amiga María no le fue tan bien en su segunda oportunidad potencial. Después de una relación linda, pero bastante tóxica los últimos años, terminó su matrimonio. Trataron de arreglarlo con muchas metodologías fallidas. Cuando su exesposo le dijo: “Ya que no me pediste perdón, mejor dejemos así”. Ella sintió un gran alivio.

En realidad, el perdón era mutuo, pero se dio cuenta de que ahí no había cambios, así que decidió que no había segunda parte. ¡Bien, María!

Última reflexión. Si alguna vez tienes una segunda oportunidad o decides darla, métele tantas ganas que no exista siquiera la posibilidad de una tercera.